«Vida bajo la luz cenicienta» en el Cuaderno de Cultura Científica

Auguste Comte, filósofo augusto no solo de nombre y padre del positivismo, figura inscrito con letras de oro en el panteón de Patinazos Épicos de la Historia gracias a esta lapidaria sentencia con la que —prácticamente— abrió en 1835 el segundo tomo de su Curso de Filosofía Positiva: […]

Mientras escribía el pasado mes de octubre el pequeño relato con el que participo de vez en cuando en la iniciativa de @divagacionistas —y me daba cuenta de que estaba saliendo menos un cuento que un articulito de divulgación sobre ese fenómeno fascinante que es la luz cenicienta (que podéis leer sin alejaros demasiado de este blog siguiendo este enlace: Cenicienta), iba montándose en mi cabeza lo que acabaría como este artículo en el Cuaderno de Cultura Científica. Espero que lo disfrutéis: «Vida bajo la luz cenicienta».

Regolito

—Bitácora, anota: estoy a un kilómetro de Dieciséis. Me acerco desde el este siguiendo la ruta autorizada. Acabo de dejar el rover en el punto C. Veo la pequeña cadena de las Smoky al norte y la montaña Stone al sur. Me guiaré por ellas.

—Bitácora, anota: he andado unos seiscientos metros. Debo estar cerca, muy cerca. Pero no veo… No, ahí está Dieciséis. El viejo LRV está delante, un poco a la izquierda de la etapa de descenso del Orión. A la derecha veo…

(¿Qué esperabas? Me siento un poco mareada…)

… Veo la bandera. Es… blanca.

(Congelada en el vacío sobre su mástil articulado. ¡Pero blanca! Parece que vinimos a rendirnos. Quizá los responsables decidan cambiarla por una más similar a la original, aunque sería difícil sin tocar nada. ¿Unos drones de aire comprimido?)

(Y ¿quién necesita barras y estrellas anticuadas? Estrellas, precisamente aquí, no faltan.)

(Estás divagando. Hasta a ti misma te das la murga. ¿Cuánto más has caminado?)

—Bitácora, anota: debo avanzar con más cuidado. La etapa de descenso está a unos metros al oeste. El revestimiento de kaptón dorado aún brilla. Señalizo el perímetro del sitio histórico. Extraigo un emisor láser de la mochila: E343. Lo activo, lo clavo en el suelo de regolito. El piloto rojo parpadea. El navegador de muñeca reconoce el hito. E343 confirmado. Giro hacia el norte. Azimut…

(La Tierra está casi llena. No me canso de mirarla. Un momento… Esa huella no debería estar ahí. ¿Me habré equivocado con el azimut del último giro?)

—Bitácora, anota: hay huellas no previstas. Puede que los croquis de las EVAs tengan algún error. Duke era un taram…

(Era un tarambana. Casi logra matarse varias veces tropezando. Pero no debía haberlo dicho.)

… Perdón, podría haber un error en los mapas. Daré unos pasos atrás para… Espera, hay algo en el suelo.

(¿La foto está… está aquí? Debía haberse borrado igual que la bandera, pero no… Y esas caras… No puede ser… no pueden…)

La historiadora Fernández fue rescatada con vida, pero inconsciente, del Sitio Histórico Dieciséis a las 0440Z por su rover. Tras recuperarse satisfactoriamente en Base Descartes, su informe no reveló indicios adicionales —más allá de una referencia que indicaría un posible síndrome alucinatorio del astronauta— que permitieran determinar la causa de su desvanecimiento. La investigación sigue abierta.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosHuellas de noviembre de 2017. La imagen que lo ilustra está basada en la fotografía con número de catálogo AS16-117-18841 correspondiente al diario de superficie del Apolo 16 (Fuente: NASA).

Beethoven para flautas

Tenéis suerte de que ya nadie me grabe, pero yo sigo haciendo audiciones con mi flauta travesera algo regularmente. La sufrida partitura, en esta ocasión, es un casi desconocido dúo para flautas de Beethoven en Sol mayor y dos movimientos de los que interpreto como mejor puedo el primero, Allegro con brío, con mi profesor haciendo de segunda voz. Podría haber tocado también el segundo (un minueto), pero ya habría sido demasiado sufrimiento para el respetable.