Utopías marcianas para realidades terrestres
La Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, compuesta entre 1992 y 1996, es una absorbente y detallista fantasía acerca de una colonización marciana que nunca realizaremos. Veinte años de progreso tecnológico y retroceso social, sin embargo, no han bastado para marchitar la fuerza del componente más importante de esta magna obra —en todos los sentidos, incluido el más físico. La faceta a la que me refiero no es, por supuesto, la predicción del desarrollo tecnológico de la humanidad de mediados y finales del siglo XXI; ni siquiera lo es la historia, creíble y detallada, de un posible proceso de terraformación marciano que aparece cada vez más lejos en el horizonte de la humanidad. No, amigos: se trata de la política. La Trilogía se puede leer, más que como una obra de ciencia-ficción al uso, como la historia coral del nacimiento de un nuevo sistema de económico y de gobierno apoyado en los puntales de la razón, el bienestar humano y la justicia social. ¿Utopía revolucionaria, socialismo trasnochado? Marx está levantando la cabeza. Os dejo con un diálogo socrático, ligeramente extractado porque KSR es un rollista de cuidado, de los personajes de Marte Azul en el congreso constitucional de Pavonis de 2128:
La regresión del PSOE
Matemáticas y política son improbables compañeros de cama… solo si “eres de letras”, en el sentido más peyorativo de la expresión. Observad qué gráfica tan interesante se ha currado @eulez en su blog Las Historias Eulerianas:
Salvando las legislaturas de Rodríguez Zapatero, el ajuste de la recta de regresión parece lo suficientemente bueno como para conferir a la evolución del voto socialista un aire de inevitabilidad que los mismos cuadros del partido comparten (al menos, según afirma un amiguete “de dentro” que no nombraré a menos que él me dé permiso). Según su hipótesis, la evolución sociológica a nivel local de España —es decir: chalets-VPO, polideportivos en cada barrio y autopistas a cada pueblo— hace inevitable un viraje progresivo hacia lo conservador en lo económico, y por contagio en lo social. Es un punto de vista cómodo: hagan lo que hagan, terminarán perdiendo todas las elecciones. Por tanto, la estrategia del partido debe consistir en defender un “núcleo duro” de votantes emocionales (de dos clases principales: “felipistas nostálgicos” y “gentes de bien alérgicos al PP”) y asegurar así puestos de trabajo en la Administración para una élite reducida. Preguntad por la FSM si tenéis alguna duda de que es así como funciona.
El diputado frente a su iPhone
Cuentan las crónicas que en 1910 un diario conservador, El Debate, afeó a Pablo Iglesias —fundador del PSOE y primer diputado socialista— acudir a las sesiones del Congreso enfundado en un caro abrigo de pieles, en contra de su postura ideológica para con los desharrapados.El ciudadano Iglesias, se dice, era notablemente parco en lujos: la conseja era más falsa que una moneda de tres pesetas. Ello no impidió al sufrido socialista desprenderse de su protección real, un abrigo de paño muy middle class, y así acudir a su trabajo con la sola cobertura de uno de sus dos trajes. El de invierno. Ignoro si hubo o no seguimiento en las Norias de la época de la candente cuestión, pero no me cuesta conjurar la imagen de algún presunto simpatizante, perjurando en la barra del bar: “¡Dónde se ha visto un socialista con traje!” No se completó la carambola posiblemente deseada por los gacetilleros conservadores: que el Altísimo, con la colaboración del matutino frío invernal madrileño y del mismo interesado, se lo llevara a los infiernos de mala pulmonía.
Dos décadas de datos de educación pública en Madrid
Todo empezó con una conversación. Un profesor de instituto me comentaba que la enseñanza secundaria obligatoria en la comunidad de Madrid se encontraba peligrosamente cerca de superar un límite clave —el de la mitad de los alumnos cursando sus enseñanzas en instalaciones públicas. A partir de ahí, especulamos, los esfuerzos de la consejería de Educación del gobierno de Esperanza Aguirre en favor de la educación privada y concertada cobrarían todo su sentido.
Durante los últimos dos cursos escolares se ha venido notando una intensificación en la batalla de lo privado frente a lo público desde instancias gubernamentales. Para ayudar a entender los motivos subyacentes, nada como una fuente de datos con una serie histórica lo suficientemente antigua. Podemos encontrarla en el ministerio de Educación, con datos de alumnos matriculados por comunidad y titularidad del centro de estudios que se remontan hacia atrás en el tiempo hasta el remoto 1990. Examinándolos para la comunidad de Madrid se observa una tendencia a favor del crecimiento de la educación privada —la “concertada” es privada también, solo que con subvención pública— que se concentra casi por completo en el segmento de secundaria:
La “democracia 4.0″ frente a la realidad
Esta semana se ha dado publicidad a una iniciativa provocadora: la llamada Democracia 4.0. En breve: se trata de que todo ciudadano tenga acceso, por voto directo, electrónico y remoto, a una cuota uniforme y proporcional de decisión que pueda, potencialmente, alterar el resultado de cualquier votación realizada en sede parlamentaria. El punto de partida, el aumento de la capacidad del ciudadano para influir en política, es incuestionable. La idea, en su conjunto, está infestada de problemas que quienes compartimos inclinaciones tecnofílicas (dicho así parece una desviación sexual) tendemos a soslayar con tecnicismos y acentuados gestos manuales. Pero una crítica de esta idea y de otras que surgirán no solo es deseable, sino imprescindible. Precisamente porque la democracia no debe ser un juguete en manos de tecnócratas, aunque esos tecnócratas sean “de los míos”.
Reconozco que la primera impresión que tuve al visitar la web de Democracia 4.0 fue de pánico. ¿Voto electrónico “ya”? Me recordó al típico requisito de cliente con el que todos los que trabajamos en el sector de la informática nos hemos encontrado alguna vez —y también alguna vez a la semana. Algo fácil de decir, dificilísimo de hacer y con implicaciones profundas y poco exploradas para el conjunto del proyecto. Aquí el proyecto es nada menos que la expresión del poder ciudadano: es difícil tomarse a la ligera algo así, y sin embargo… La página de fundamentos legales de Democracia 4.0 es interesante, pero refuerza mi convicción de que la petición no surge de alguien con gran capacidad de análisis técnico. Las bases de derecho pueden ser incuestionables, pero aquí el diablo está en los detalles de implementación. ¿Cuáles? “Sin duda el voto electrónico tiene que ser más eficiente, más inclusivo y más barato que la alternativa, el referéndum constante”, pensarán, pensaréis, he pensado. Vamos a cuestionarlo someramente, suponiendo que estamos hablando de un voto electrónico muy particular, el voto electrónico remoto, que llamaré por sus siglas (VER). Su oponente será el voto tradicional (VT).




