brucknerite – Un blog de Iván Rivera
La ciencia envenena mis sueños
28oct/11Off

La “democracia 4.0″ frente a la realidad

Esta semana se ha dado publicidad a una iniciativa provocadora: la llamada Democracia 4.0. En breve: se trata de que todo ciudadano tenga acceso, por voto directo, electrónico y remoto, a una cuota uniforme y proporcional de decisión que pueda, potencialmente, alterar el resultado de cualquier votación realizada en sede parlamentaria. El punto de partida, el aumento de la capacidad del ciudadano para influir en política, es incuestionable. La idea, en su conjunto, está infestada de problemas que quienes compartimos inclinaciones tecnofílicas (dicho así parece una desviación sexual) tendemos a soslayar con tecnicismos y acentuados gestos manuales. Pero una crítica de esta idea y de otras que surgirán no solo es deseable, sino imprescindible. Precisamente porque la democracia no debe ser un juguete en manos de tecnócratas, aunque esos tecnócratas sean “de los míos”.

Reconozco que la primera impresión que tuve al visitar la web de Democracia 4.0 fue de pánico. ¿Voto electrónico “ya”? Me recordó al típico requisito de cliente con el que todos los que trabajamos en el sector de la informática nos hemos encontrado alguna vez —y también alguna vez a la semana. Algo fácil de decir, dificilísimo de hacer y con implicaciones profundas y poco exploradas para el conjunto del proyecto. Aquí el proyecto es nada menos que la expresión del poder ciudadano: es difícil tomarse a la ligera algo así, y sin embargo… La página de fundamentos legales de Democracia 4.0 es interesante, pero refuerza mi convicción de que la petición no surge de alguien con gran capacidad de análisis técnico. Las bases de derecho pueden ser incuestionables, pero aquí el diablo está en los detalles de implementación. ¿Cuáles? “Sin duda el voto electrónico tiene que ser más eficiente, más inclusivo y más barato que la alternativa, el referéndum constante”, pensarán, pensaréis, he pensado. Vamos a cuestionarlo someramente, suponiendo que estamos hablando de un voto electrónico muy particular, el voto electrónico remoto, que llamaré por sus siglas (VER). Su oponente será el voto tradicional (VT).

10ago/11Off

Si tuviera mil millones

Karl Schroeder es un autor de ciencia ficción canadiense que no conocía. Publicando temporalmente desde el blog de Charles Stross, alejado de los teclados hasta mediados de mes debido a una gira promocional, está dejando caer algunas perlas como Wicked (en dos entregas), Our Eucatastrophe o la entrada que va a ocuparnos aquí, If I had a Billion Dollars. Quién no se ha preguntado nunca qué haría con mil millones en el bolsillo. (Correr. Mucho.) O como preferimos decirlo por aquí: ¿y si te tocara una primitiva? Me dicen que hay un juego que, con menor probabilidad aún que la lotería primitiva, ofrece mayores premios: los euromillones. De acuerdo. ¿Y si te tocaran los euromillones?

Euro de aranjuez1404 (Flickr)

29abr/11Off

Reconocimiento automático de… ¿maría?

CANNABIS
CANNABIS
Cargado originalmente por GUS314159

Seguro que conocéis los esfuerzos de
unos y otros por crear una aplicación de reconocimiento facial
fiable y desatar sobre nosotros la era de la vigilancia global
automatizada. De hecho, se trata de uno de los “santos griales”
de la inteligencia artificial, tal y como está concebida hoy. Sin
embargo, una empresa americana llamada Medical Cannabis Network (MCN)
ha publicado una aplicación que sólo intenta reconocer una cara: la
de maría.

StrainBrain.com
permite reconocer, a partir de unas fotos de tus propias plantas
—supuestamente— de marihuana, la variedad a la que pertenecen,
qué usos médicos tiene, dónde puede comprarse legalmente y qué otras variedades similares
podemos probar. Todo un Amazon del cannabis a partir de un
reconocedor automático de plantas construido con los algoritmos
propietarios de reconocimiento de patrones más punteros. Además,
StrainBrain.com se integra con el servicio de PotLocator.com, un
directorio de dispensarios de marihuana legales recientemente
adquirido por MCN.

Según
Jason Draizin, CEO de MCN, esta nueva aplicación será de gran ayuda
para todos aquellos usuarios de cannabis por razones médicas —por supuesto— que no
dispongan de información precisa acerca de las variedades que sus
dispensarios habituales o sus cuidadores les facilitan —muy
especialmente si consiguen sus dosis en el mercado negro, ya que los
camellos no se
caracterizan precisamente por su cuidado a la hora de confeccionar
prospectos para sus medicinas.

¿Qué
os parece esta nueva aplicación de la inteligencia artificial?
¿Pensáis probarla con las cosechas de vuestros amigos? Más información en el artículo de SFGate Tech Company Identifies Marijuana Strains With Artificial Intelligence.

22abr/11Off

El extraño caso de los teléfonos fisgones

Interrumpimos la programación de procesiones interrumpidas por la impía lluvia para comentar brevemente el artículo de portada del The Wall Street Journal de ayer, Apple, Google collect user data, obedientemente vertido en El País, aunque truncado en su extensión (Los teléfonos Android de Google también tienen sistema de rastreo, según Wall Street Journal). Por ganar un poco de contexto, solo han pasado tres días desde que saltó a los medios generalistas el iPhonegate: The Guardian reveló al público que los dispositivos equipados con el sistema operativo 4 de Apple guardan un fichero sin encriptar con información precisa de la localización del dispositivo (iPhone keeps record of everywhere you go, y con menos pompa y directamente del teclado de los descubridores, en O’Reilly Radar: Got an iPhone or 3G iPad? Apple is recording your moves). Como dice mi magufo favorito —y mis razones tengo para imitarle: “¿Casualidad? Lo dudo.”

Fuente: Google: Android location
tracking is opt-in
(BGR)

Me encantará equivocarme, pero hasta donde sé, los teléfonos Android piden permiso, durante la configuración del sistema, para registrar ubicaciones. También afirman que los datos recogidos son anonimizados, ambos extremos confirmados por el artículo del WSJ, aun aprestándose a señalar, ominosamente, que “Google declinó hacer comentarios”. Lo mismo hacen los , y con total seguridad los teléfonos con sistema operativo Windows, como afirma Gizmodo en Do Apple, Google and Microsoft Know Your Every Step? A Handy Chart. La única noticia aquí es que los iPhone guardan toda la información histórica de ubicación en un fichero interno que se sincroniza mediante al ordenador del usuario del teléfono, haciendo posible que cualquier persona con acceso físico a uno u otro averigüe detalles potencialmente comprometedores. Pensad en detectives privados, parejas celosas o jefes con acentuada curiosidad acerca de las vidas laborales (o no tanto) de sus empleados. Pero estas fueron las nuevas del pasado día 20. ¿Cuál es, entonces, la noticia de hoy? Entendiendo como “noticia” algo que no supiéramos ya.

Simple y llanamente: que el WSJ (y su émulo hispano, El País) tienen un departamento de tecnología lleno de fanboys de , ávidos de ytumasismo (también llamado “técnica de la mierda y el ventilador”). Cómo explicar si no que el WSJ haya captado a un analista, , famoso por programar un gusano aprovechando una en que le costó una orden de alejamiento de los teclados de tres años, para que declarara algo que es de público conocimiento y por lo que el sistema operativo Android pide permiso explícito durante su primera ejecución. La alternativa, que el gabinete de prensa de implanta artículos a voluntad en el WSJ, en El País o en donde quiera que se lo proponga no podría nunca ser noticia, porque nadie creería semejante conspiranoia.

16mar/11Off

A favor de la seguridad

P9250397
P9250397
Cargado originalmente por
Ingy The Wingy

La ingeniería: esa disciplina propia de tarados sin vida sexual que perdieron el pelo estudiando una carrera diseñada para hacer llorar de desesperación a una cabra. El típico rollo que no importa una higa a ningún ser humano normal, guay y productivo. Hasta que hay vidas en juego: en ese momento los bares se llenan de expertos clamando por la imbecilidad manifiesta de los ingenieros. Los periódicos, las radios y los televisores rebosan de sesudos comentaristas, todólogos que pontifican en un sentido u otro sobre lo obvio del desastre y sus causas, sobre cómo lo veían venir y —por encima de todo— lo bien merecido que lo tenemos por jugar a ser dioses. ¡Cuánto mejor estaríamos en cuevas! Dieta sana y natural, mucho ejercicio y aire libre.

Sin embargo, mientras esperamos ese desastre planetario que nos arrastre a patadas al neo-Neolítico (bueno, que arrastre al que quede vivo, porque por mi cuerpo serrano no me hago ilusiones), los ingenieros están aquí para quedarse. Más valdrá dedicar un infinitésimo de nuestra atención, entre Marcas y Norias, a que sus ingenios estén correctamente diseñados. Hoy os voy a revelar una pregunta que, planteada a un ingeniero y respondida con sinceridad puede ayudar mucho a la hora de determinar si un sistema es fundamentalmente seguro o no. Notad la apostilla “planteada a un ingeniero”: no es obligatorio que lo seáis vosotros mismos, porque la respuesta es fácil de interpretar. “Sí” —tranquilidad— o “no” —masticación de uñas. Pero cuidad de preguntarle a un ingeniero de verdad, no a una comadreja (los que conozcáis las tiras de Dilbert sabréis a qué me refiero). Sobre todo, nada de abogados. Ahí va la pregunta:

¿El sistema falla a favor de la seguridad?

Os pondré un ejemplo para ilustrar lo que significa tan simple pero hermético conjuro. Los ingenieros que diseñan sistemas ferroviarios saben una o dos cosas acerca de la seguridad. A fin de cuentas un tren lanzado con unos centenares de personas a bordo no es algo que quisiéramos ver convertido en (atención, topicazo) un amasijo de hierros. Por si no sois conscientes, un tren es algo que pesa mucho y la energía asociada a su movimiento no desaparece por las buenas en caso de emergencia: hay que frenar. Dependiendo de la velocidad de partida, el convoy necesitará cierta distancia para poder detenerse. Esto es así ahora y también en el siglo XIX, cuando sesudos ingenieros con patillas y chistera se planteaban la misma cuestión. ¿Cómo avisar a tiempo al maquinista? Así nacieron las señales.

El concepto es muy sencillo. En ciertos lugares críticos de un trayecto (por ejemplo, cerca de la entrada de una estación) se colocarían postes con un dispositivo que permitiera alterar el aspecto de la señal según si el camino estaba libre más adelante o no. Las primeras soluciones a este problema fueron mecánicas:

Ligeramente más complejas que la rueda, estas señales primitivas constaban de un poste, dos poleas, una placa basculante con un contrapeso en el brazo corto y un cable de control. La placa, de un color vivo, indica al maquinista con su posición si tiene la vía libre (vertical) o debe detenerse inmediatamente (horizontal). El sistema fue rápidamente mejorado con unos focos —primero de gas, después eléctricos— y dos filtros de colores fijos sobre la placa que permitían ver la señal de noche o con niebla (la ilustración del principio muestra un ejemplo, todavía en uso). Sin embargo, esa mejora se escapa del ámbito de lo que estamos discutiendo. Porque la señal funciona, está claro, pero ¿cómo reaccionará ante un fallo?

Cualquier fallo en ingeniería implica una pérdida de control, y en este caso esa pérdida puede representarse por la rotura del cable que hace bascular la placa. Los ingenieros llaman a esto modo de fallo, y a la situación resultante situación degradada. El cable discurre en una canalización paralela a la vía hasta una caseta de control. ¿Qué ocurre si se rompe? La falta de tensión hará bascular la señal, gracias a su contrapeso, hasta la posición horizontal, indicando “parada”. El ingenioso diseño con dos poleas y un contrapeso ha hecho imposible que se indique vía libre cuando, en realidad, la señal está estropeada: la ley de la gravedad funciona a nuestro favor.

En este caso, se dice que el sistema falla a favor de la seguridad. Un problema en la señal puede dar como resultado que un tren se pare donde no debería, pero siempre es preferible un retraso a una colisión. Un buen diseño es aquél en el que las leyes físicas que actúan en caso de pérdida de control provocan siempre situaciones en las que se protege primero la vida de las personas, y después el propio sistema. Ahora bien, nunca es tan sencillo. En la vida real, los sistemas tienen muchos más componentes y por tanto muchos más modos de fallo. Cuanto más complejo es un sistema, más difícil y costoso es cubrirlos todos. Buenas noticias: hay profesionales extremadamente competentes en el análisis de situaciones degradadas en todos los campos de la ingeniería. Por eso no es habitual que los trenes choquen, que las instalaciones eléctricas ardan o que los aviones caigan sobre nuestras cabezas. Malas noticias: existen sistemas intrínsecamente problemáticos, en los que las situaciones degradadas requieren mantener cierto grado de control que, aunque sea muy improbable, podría perderse.

En ha ocurrido exactamente eso. Otro día hablamos de energía atómica para cubrir mi cuota mensual de todólogo con blog.

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