Bárbaro dinero

Como buenos occidentales, miramos con condescendencia el trueque como algo del pasado. Cualquier civilización que haya persistido en estos modos se nos antoja primitiva, y por tanto inferior. Olvidamos, sin embargo, que todos los años que median entre el cambalache artesanal y las transacciones electrónicas no han movido nada en el paradigma base: el intercambio de valor. Cambiar una arroba de trigo por dos pollos puede ser buen o mal negocio dependiendo de las circunstancias personales de las partes, pero está claro que tanto el cereal como la carne tienen utilidad por sí mismos. La introducción de la moneda permitió normalizar los intercambios respecto de un patrón, normalmente uno o dos metales preciosos (léase escasos), y permitió mejorar la reproducibilidad de las transacciones. La a manos de dio carta de naturaleza a la moneda fiduciaria. Fiduciaria significa, literalmente, basada en la fe. Es dinero lo que dice alguien, por argumento de autoridad, que es dinero.

Gran adelanto éste. Pero, ironías aparte, el sistema actual permite superar una limitación intrínseca del : representar el valor de la economía mundial mediante un recurso finito no parece el modo más inteligente de plasmar un sistema en el que no sólo hay que evaluar objetos, sino también servicios y relaciones. La moneda fiduciaria tenía que resolver cuestiones como los ciclos de bonanza y crisis, aunque está por ver que lo haya conseguido —de momento, sólo parece que los ciclos se han hecho algo más largos e irregulares. Además, se trata de un sistema abierto a abusos de política económica como la hiperinflación; Alan Greenspan (en una encarnación anterior a su paso por ) ya avisó* en 1966, y nos está ofreciendo estos días la última lección práctica. Desde 1971, la prudencia está escrita en cada frase de cada discurso de los directores de los bancos centrales y los ministros de Economía.

Es demasiado fácil, empero, confundir prudencia con razón. La crisis crediticia que estamos experimentando ha sido posible entre otros motivos porque, muy prudentemente, los reguladores del sistema se abstuvieron de realizar sus funciones so pena de malograr un pelo la expansión económica, o los bolsillos de CEOs y consejeros delegados varios, que a saber a qué se referían con el laissez faire. Los instrumentos financieros derivados (en su base, apuestas sobre el valor de venta de otra cosa, tal vez otro derivado) eran simple cuestión de tiempo; y si el papel ya es volátil, no hay que ser Nobel de Economía para darse cuenta de que un mercado regido por la psicología de masas que comercia con billetes del Monopoly y sus derivadas enésimas se comportará como una horda de babuinos en celo con armas nucleares atadas a la espalda.

Propongamos una conclusión radical: la obsolescencia del dinero como portador de valor. Necesitaremos un medio de intercambio normalizable, almacenable, intercambiable, representable y realista respecto del comportamiento de la economía. Ésta no puede crecer de forma exponencial por definición, según las tesis liberales tan en boga durante el último cuarto del siglo pasado; tampoco puede modelarse como algo esencialmente constante, que es a lo que aboca el patrón oro y sirvió durante los largos años de evolución lenta anteriores a la Revolución Informática. ¿Qué tal la energía?


*: Alan Greenspan en Gold and Economic Freedom, 1966. La frase:

In the absence of the gold standard, there is no way to protect savings from confiscation through inflation.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

9 comentarios en “Bárbaro dinero”

  1. Como siempre, muy de acuerdo en la visión que aportas de la economía, que algunos escribirían con mayúsculas. Al final seguimos cambiando pollos por trigo, pero ahora el trigo es un servicio y el pollo es el que nos han montado esta gente. Está claro que no se puede dejar la economía en manos de la codicia, que es el resumen del “laissez faire”, o si no que le pregunten a Madoff si le han dejado hacer o no.

  2. @Sergio: la apostilla de los pollos y el trigo me ha causado una sensación rara. Risa floja, pero rara.

    @ÓsQar: gracias muchas por la corrección, no sabía que Zimbabue tenía nombre en castellano.

  3. Lo más triste no es que el dinero sea o no portador de valor. Lo triste es que nada lo es.

    En la sociedad actual nada vale lo que cuesta.

    Pagamos más por un café con leche que por un litro de leche. Compramos casas de papel, incómodas pequeñas y oscuras al precio en que otros, años ha, se compraban chalets con piscina.

    La vida y la libertad no tienen tampoco ningún valor en una sociedad con Guantánamos e invasiones “petrofílicas”. Donde lo estafadores y los terroristas se pasean inmpunes por las calles. Donde los políticos reparten el dinero público a los ricos y poderosos. Donde los concursos-estafa inundan impunes también los canales de televisión. Donde los usuarios escriben comentarios en los blogs en unas ventanucas de 80×10, a pesar de tener pantallas de 1280×800.

    Tampoco el esfuerzo y la educación valen ya, en una sociedad publicitaria y sensacionalista, donde es más importante un cuerpo diez y que se te vean las tetas que el talento artístico.

    Ya nada vale, y todo vale a la vez.

    Qué crisis de valores. Materiales y morales. Y qué revolución se avecina… hasta que, de nuevo, todo vuelva a valer lo que cueste.

  4. @Antonio: qué pesimista te veo. No estaba hablando de filosofía, sino de economía. Pero date cuenta que sólo el hecho de que podamos dejar constancia pública de lo que pensamos “vale” mucho. No hace tanto que nuestras propias vidas podían peligrar por menos, así que en cierto modo tu mensaje tiene un valor inmenso.

    En una nota menos seria, lo de la ventanuca de 80×10 me ha llegado al alma, y me ha hecho pensar en si debería cambiar el sistema de gestión de comentarios. Admito propuestas.

  5. @ana: Muy buena. Lo grande de la moneda fiduciaria es que, cumplidas determinadas limitaciones sin importancia como su irreproducibilidad (vaya, las “fotos graciosas” de la tira no valdrían… qué pena), sirve cualquier cosa. Podría imaginarme un sistema basado en una fórmula (secreta) que diera nonces. Cada transacción consistiría en una transformación matemática para convertir uno o más nonce en otro (u otros, n a m). ¡El dinero “sólo” sería números!

  6. Lo de “la ventanuca” era una broma hombre, la verdad es que a veces pienso que esto de la informática complica las cosas innecesariamente (y cada vez hace más difícil lo fácil).

    80×10 es suficiente para escribir las barbaridades que a veces escribo. Como deseo para 2009: no escribir barbaridades en blogs ajenos.

    Feliz Año (y mil perdones),
    Antonio

  7. No te preocupes. Estoy de acuerdo contigo en eso, pero con un matiz: los informáticos, no la informática, somos los que complicamos las cosas innecesariamente. Y no se te ocurra dejar de escribir. Lo digo desde una perspectiva egoísta: el 90% del valor de una bitácora está en sus comentarios.

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