Aquí hay trampa

Hacedme el favor, amigos lectores, de cambiar de marcha cerebral y leer —o repasar, si ya lo conocíais— este delicioso párrafo del anónimo e imperecedero Lazarillo de Tormes:

Acaeció que llegando a un lugar que llaman Almorox, al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo dellas en limosna, y como suelen ir los cestos maltratados y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano; para echarlo en el fardel tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, ansí por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

—Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas dél tanta parte como yo. Partillo hemos desta manera: tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mesmo hasta que lo acabemos, y desta suerte no habrá engaño.

Hecho ansí el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance; el traidor mudó de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos, y tres a tres, y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo:

—Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

—No comí —dije yo— mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

—¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

Ahora estáis equipados mentalmente para afrontar otra lectura —tened paciencia. Esta, de más actualidad: “Una casta a prueba de crisis”, en El País.

¿Ya? Bueno, por si acaso la rapidez de la lectura os ha hecho perder matices, lo resumiré. La “brecha salarial”, la diferencia entre la remuneración media de un empleado y la de los miembros de la alta dirección de sus empresas no hace más que crecer. Un 4,8% para el periodo 2007-2011 para las empresas del Ibex 35. En ese periodo, muchas de las empresas incluidas en el índice bursátil no resultaron exactamente una buena apuesta —solo 11 de ellas fueron rentables. ¿Por qué las remuneraciones de los directivos y consejeros aumentan sin parar en un contexto de crisis? ¿Por qué los accionistas, con control sobre estos menesteres, no echan a patadas de los consejos de administración a tanto parásito? Si yo tuviera un buen porcentaje de cualquiera de estas modélicas empresas, haría falta mucha seguridad privada para detener mis ansias pirómanas.

Y no solo durante la crisis. La siguiente serie de datos termina en 2007, y aunque viene de la mano de Paul Bolchevique Krugman —y corresponde por tanto a los Estados Unidos, apostaría por su aplicabilidad en España y alrededores:

P. Krugman, "A Mind Is A Terrible Thing To Lose", New York Times, 02/11/2011

Es decir, las pagas de los directivos y consejeros llevan desde principios de los 80 aumentando, truene o nieve, haya crisis, guerra o desastres naturales. Observad, además, este curioso resultado:

B. Upbin, "The 147 Companies That Control Everything", Forbes, 22/10/2011

Tres científicos del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich, analizando datos de la propiedad de acciones de 37 millones de compañías e inversores de todo el mundo, llegaron a la conclusión de que el 40% de la riqueza bursátil está en manos de un 1% del total de empresas investigadas, exactamente 147. Si se amplía el corte hasta el 80%, la red contiene un total de 737 firmas. De forma natural (hacen falta muchas más pruebas para fundamentar teorías conspirativas) el capitalismo global está organizado en un gigantesco esquema de propiedad cruzada.

“Lázaro, sé que coges las uvas de tres en tres porque yo empecé a cogerlas de dos en dos y tú te quedaste callado”. Los accionistas que importan, los que tienen en sus carteras porcentajes de las empresas que podrían influir en su funcionamiento a través de las juntas generales, representan a otras sociedades igualmente corruptas. Los que están en el atril, desgranando gloriosos informes de gestión en los que cuentan cómo producir más con menos empleados, se encuentran entre el público de otras reuniones. Nadie tiene nada que decir de las compensaciones de los directivos, porque también son las suyas propias.

Vivimos en un mundo donde los encargados de vigilar el cubo lleno de diamantes cogen puñados cada vez más grandes porque lo hacen sus compañeros. Los diamantes no eran de nadie, que es lo mismo que decir que eran de todos; nos han convencido de que su gestión “privada” evita que se enmohezcan. Quien se da cuenta del robo solo espera sobrevivir de los que se escurran entre saca y saca. ¿Hasta cuándo?

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

4 comentarios en “Aquí hay trampa”

  1. Este estupendo artículo es el capítulo que le sigue al libro de 2005 El año en que tampoco hicimos la Revolución.

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