Golpe judicial contra la wififobia

¡Que alguien llame a la brigada antiwifi, a la Fundación Vivo Sano —o a cualquiera de sus múltiples marionetas empresariales, que dará lo mismo! La juez encargada de uno de los casos clave en la historia de la wififobia falló el pasado martes 18 en contra del demandante, Arthur Firstenberg. El juicio, que ya contaba con tres años de procedimientos, venía enfrentando a Firstenberg contra su exvecina y examiga Raphaela Monribot. La causa: provocarle, mediante el uso continuado de su teléfono móvil, ordenador y demás artilugios electrónicos del demonio

[…] sensación de ahogo y palpitaciones, […] nauseas, vértigo, diarrea, acúfenos (ruidos en el oído), dolores de cabeza y musculares severos, dolor articular incapacitante, insomnio, problemas de visión [y] de control muscular.

Por todo ello, solicitaba de Monribot el pago de un millón de dólares¹.Un millón de dólares. Debo… contenerme…

Lo siento, no he podido evitarlo. A lo que estábamos: en su demanda, Firstenberg precisaba el origen exacto de todos sus males: los campos electromagnéticos emitidos por el teléfono de su vecina, su red wifi doméstica y el cargador de su portátil. Firstenberg comunicó a Monribot el daño que estaba provocando. Pero la cruel señora hizo lo que cualquiera en sus cabales: rehusar un aburrido futuro de eremita digital. ¡Sin rencores! Monribot ofreció a Firstenberg nada menos que su casa de la campiña francesa, donde estaría aislado de toda tecnología radiante. Firstenberg rehusó arguyendo que en los aviones se usan potentes insecticidas que podrían causarle más daño aún. Comprensiblemente harto de tanta canallada, Firstenberg llevó el asunto ante los tribunales de su ciudad, Santa Fe (capital de Nuevo México).

¿Por qué deberíamos prestar atención a este caso, aparentemente oscuro? Firstenberg no es un ciudadano cualquiera: es uno de los activistas antiantenas paradigmáticos. Lucha desde 1996 contra los campos electromagnéticos de todo tipo, con especial ahínco en la telefonía móvil, las redes wifi, las corrientes telúricas (!), los generadores eólicos y la televisión digital —la analógica, en las mismas frecuencias de la banda de UHF, debe ser inocua. Según su propio y desgarrador testimonio fue incapaz de concluir la licenciatura en medicina debido a 40 radiografías dentales. Su razonamiento, impecable, debió ir en esta línea:

Ni los rayos X ni las ondas de radio pueden verse. Los rayos X hacen daño, luego las ondas de radio también.

Inerme ante tanta maldad invisible fundó la Cellular Phone Task Force con la misión de oponerse a todo lo relacionado con las tecnologías inalámbricas. Escribió panfletos. Reclutó adeptos. Convocó ruedas de prensa. Lanzó campañas. Coordinó grupos a lo largo y ancho de los EE.UU. Y recaudó dinero que le permite dedicarse a tiempo completo a su cruzada.

Lamentablemente, y pese a contar con el testimonio de varios médicos especializados en diagnosticar hipersensibilidad electromagnética² a sus pacientes —y en acudir como testigos a juicios promovidos por los antiantenas, la juez de distrito Sarah Singleton ha fallado en su contra. El argumento central de la sentencia: no existen estudios creíbles y concluyentes que asocien la citada condición con la exposición a campos electromagnéticos de uso común.

Pero la auténtica clave del desenlace ha sido otra. Firstenberg se negó a someterse a pruebas de doble ciego para demostrar su supuesta sensibilidad. La idea es sencilla: solo se requiere una habitación apantallada y dispositivos encendidos o apagados al azar. El test debería haberse realizado a lo largo de varios días, a diferentes horas, asegurando que ni Firstenberg ni quien tomara los datos (de ahí el doble ciego) supieran en qué ocasiones los equipos estaban funcionando. Los abogados de la defensa intentaron acordar con Firstenberg un protocolo. Misión imposible: Firstenberg alegó que “tenía una vida” y que “no iba a someterse voluntariamente a un procedimiento que le causara daño”.

Firstenberg sí se sometió a pruebas, sin embargo: las que le administraron sus propios testigos y expertos. Incluyendo un tal Raymond Singer, “toxicólogo neuroconductual” (y psicólogo en la vida real). También continuó viviendo en su casa, pese al daño que le producía: fuentes asociadas al caso relatan que obligaba a algunos de sus visitantes a pasar por un proceso de “descontaminación” de varios días —por si llevaban algo de wifi pegado bajo las uñas, seguramente— y que dormía directamente sobre el suelo, sin colchón ni almohada —esto ya por motivos desconocidos.

El conocido escéptico James Randi ofrece, a través de la James Randi Educational Foundation, un premio de un millón de dólares —mira qué casualidad— para quien demuestre poseer poderes paranormales. Desde 2008 esta oferta se hizo extensible a cualquiera que pueda detectar, en una prueba de doble ciego, si un equipo emisor de radio como un teléfono móvil o un punto de acceso wifi están encendidos. ¡Sin mirar las lucecitas! Firstenberg lo habría tenido fácil para conseguir su premio sin litigar siquiera. Por otra parte, en España también tenemos nuestra dosis de mercaderes del miedo antiantenas. El estado de la cuestión quedó bien reflejado en mi artículo de hace casi un año “¿Escuelas sin wifi?”. Entre el texto y los comentarios hay más enlaces de los que nadie en su sano juicio querría repasar.


¹ Distintas fuentes citan diferentes cantidades para la demanda: las más antiguas citan 430000 $ más 100000 $ por daños. Las más recientes hablan de un millón. Cabe la posibilidad de que la cantidad exigida por los abogados de Firstenberg haya aumentado a lo largo del juicio, pero no he encontrado enlaces que lo corroboren.

² La hipersensibilidad electromagnética existe. Ha sido reconocida como tal por la OMS (ver el enlace arriba). Sin embargo, el reconocimiento concierne al conjunto de síntomas —bastante inespecíficos—, no a su pretendida causa.

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Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

4 comentarios en “Golpe judicial contra la wififobia”

  1. … un tal Raymond Singer, “toxicólogo neuroconductual”…

    Singer debe ser diminutivo de Singermorning, seguro. Menuda profesión que se ha inventado el tío, así seguro que no tiene competencia. Yo me voy a hacer “reumatólogo electroconductista” y si cuela, cuela.

  2. Me parece que con la situacion actual se destinen 100.000€ para alertar a los colegios de que quiten el wifi…es indignante.Los receptores de esta subvencion estaran contentos.
    http://antenas-peligro-movil.espacioblog.com/post/2011/09/30/arranca-campa-a-escuela-sin-wifi

  3. En una revista de estas de magufos de la salud lei hace unos años un artículo sobre una terapia cuyo nombre no recuerdo.
    El caso es que el descubridor trataba a sus pacientes con una máquina eléctrica y un dia cuando el paciente se marchó, muy satisfecho y muy curado, se dió cuenta que la máquina había estado desenchufada toda la sesión terapeutica sin afectar al resultado.

    Sacó las conclusiones que podian esperarse (de alquien así) y siguió tratando a sus pacientes pero ahorrando electricidad. La idea es que la curación venia de la disposición geométrica de los circuitos, no de que circulase energia por ellos.

    Con el tiempo lo perfeccionó y acabó colocando dibujos de esquemas eléctricos sobre ciertas partes del cuerpo, y curaba igual

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