¡Un tren ha salido por la ventana! (París, 1895)

Mensaje para ingenieros y otros curiosos con debilidad por la historia, por los trenes, por la fiabilidad de sistemas o cualquier combinación de estos tres asuntos: hoy se cumplen 117 años de este increíble accidente:

La locomotora 120-721, estampada contra el suelo de la calle de Rennes. Foto: Studio Lévy & fils

Ocurrió en la estación Montparnasse de París, llamada entonces Estación del Oeste. La locomotora 120-721, arrastrando una composición de dos vagones de maletas, uno postal, ocho coches de viajeros y un vagón de carga adicional había salido de Granville a las 8:45 de la mañana. A lo largo del trayecto hacia París acumuló unos diez minutos de retraso. Nada extraño: Pellerin, maquinista con 19 años de servicio, estaba acostumbrado a esas eventualidades. Bastaba con correr un poco más y frenar más tarde y con más fuerza.

El tren franqueó la señal de entrada de la estación a una velocidad excesiva, de entre 40 y 60 km/h. Pellerin activó entonces el freno de emergencia de la composición. Más valdría que no hubiera pasajeros de pie; la frenada iba a ser de infarto.

Faltaban cinco minutos para el mediodía. El tren estaba a unos centenares de metros de las toperas del final de vía cuando Mariette, el jefe de tren —por entonces las locomotoras llevaban siempre dos empleados— levantó la vista del papeleo que estaba revisando y se dio cuenta de que el freno de aire marca WABCO no estaba funcionando como debía. Pellerin ya estaba aplicando a fondo las zapatas de freno de la locomotora, pero la inercia de los vagones cargados hacía imposible detenerse a tiempo. Había que vaciar manualmente el circuito de aire del freno de los vagones. Mariette se abalanzó sobre el volante de la válvula.

En ese instante el tren se estrelló contra la topera. Su energía de movimiento le llevó a atravesar diez metros del vestíbulo, a perforar una pared de 60 centímetros de espesor y a caer nueve metros más hasta el nivel de la calle, donde la locomotora terminó clavada en un ángulo de 50 grados junto a una estación del tranvía.

Se registraron cinco heridos graves: Pellerin, Mariette, un bombero y dos pasajeros —que aprendieron a controlar su impaciencia y permanecer sentados hasta la detención completa del tren en otras ocasiones, sin duda. Los coches de pasajeros no llegaron a descarrilar siquiera, lo que evitó males mayores. Por una rara coincidencia la locomotora no arrastró a nadie en su choque y posterior caída. Lamentablemente, la mujer del quiosquero que tenía su puesto justo debajo del punto por el que salió lanzada la locomotora murió aplastada por un fragmento del muro de la estación. Aquel día sustituía a su marido en el trabajo.

Retirada de la locomotora 120-721 el 25 de octubre de 1895. Observad la situación de la estación del tranvía. Foto: Gaillard (tomada de La Gare Montparnasse)

El accidente de la estación Montparnasse ha quedado como uno de los primeros casos de estudio modernos de la ciencia de la fiabilidad. De esta y otras historias aprendemos que los accidentes ocurren cuando coinciden una serie de incidentes en el tiempo. Circunstancias que por sí solas no provocan la catástrofe, pero que se confabulan para que cuando menos se espera, pero siempre de acuerdo a las leyes inexorables de la probabilidad, suceda lo impensable.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

3 comentarios sobre “¡Un tren ha salido por la ventana! (París, 1895)”

Los comentarios están cerrados.