Mentiras, malditas mentiras y ¿cómo seguía?

Dice José Luis Feito, presidente de la Comisión de Economía de la CEOE que los costes laborales en España son “mucho mayores” que en el resto de países europeos (El País, en La CEOE achaca el auge del paro a que los salarios en España son “mucho mayores” que en Europa). Y dice muchas cosas más, según este mismo periódico, que al no citar otras fuentes se responsabiliza de la fidelidad última de sus paráfrasis. Es decir: lo único realmente dicho por el señor Feito al respecto de los costes laborales son las dos palabras mucho y mayores. El resto del fragmento noticiable está parafraseado de sus declaraciones originales, fueran éstas cuales fueran. Pero, ¿por qué toda esta complicación por una noticia de lo más vulgar?

Porque, con toda probabilidad, es mentira. Basta con acercarse por Eurostat y consultar las tablas de costes laborales, en particular la tps00174, que recoge los costes mensuales. No dudéis en hacerlo; siempre es esclarecedor acudir a las fuentes originales de los datos. Os avanzo lo que váis a encontrar con un mapa, que siempre queda muy serio en un blog:

Los números (costes laborales en euros mensuales por empleado a jornada completa): España, 2279,8 €. Media de los 27, 3027,7 €. Máximo de países grandes (Reino Unido), 4512,4 €. Mínimo de países grandes (Polonia), 996,9 €. ¿Qué conclusiones podemos sacar de este baño de realidad?

  1. El señor Feito miente. Como cualquier consumidor —el recurso que consume son horas de persona, aunque suene crudo— el precio de su insumo le parece caro y quiere bajarlo. Tiene la misma legitimidad que yo cuando me quejo del precio de las piñas en la frutería. Es decir, respetable, pero ignorado. Quizá un poco más ya que representa a una organización: en este caso, el equivalente estaría en una organización de consumidores, pongamos FACUA, quejándose de ese mismo precio. También respetable, pero “esto es lo que hay, si lo quieres lo tomas y si no lo dejas”.
  2. El País parafrasea mal, sin querer. En fin, la calidad de los medios ya no es la que era desde que llegó la señora cadavérica vestida de webs y con guadaña de bytes a llevárselos.
  3. El País parafrasea mal, sin querer evitarlo. ¿Qué pretende conseguir? Una advertencia: el agit-prop mezclado con la psicología inversa es un combinado peligroso: deja mucha resaca.
  4. Todos dicen la verdad, y Eurostat está controlado por Zapatero. Naturalmente, esta es la opción más probable: ¿acaso se puede demostrar que Eurostat no esté controlado por Zapatero? (Minipunto extra si en la explicación se incluye una referencia al 11-M, HAARP o los templarios).

Como dicen por los bares de la pérfida Albión, pick your poison.

¿Qué le pasa a Europa?

Se pregunta , con típica mentalidad estadounidense, “¿Qué le pasa a Europa?” (El País). Con la certidumbre que confiere ser portador de la razón, Krugman compara la magnitud de las respuestas de los EE.UU. y de los países europeos frente a la crisis, para encontrar que los europeos somos tibios, descoordinados y casi republicanizantes. Así es, también en mi opinión: tibios y descoordinados. Lo de republicanizantes lo dejo para los alemanes de la cuerda de , aunque en ocasiones tenga dudas acerca de qué será peor a largo plazo. ¿Perversos o tontos? Ambas cosas a la vez se antojan imposibles, pero quién sabe. ¿Qué le pasa a Europa?

Muy sencillo. Tenemos una moneda única porque, pese a las dificultades de implementación, era lo más fácil de conseguir. Pero el euro no define Europa como entidad política: otros países han renunciado a sus monedas por la de terceros (o han adoptado tipos de cambio fijos, véase dolarización) y no por ello se han integrado políticamente en el país cuya moneda adoptan. Europa se define, como cualquier otra entidad política, por sus poderes.

Veamos: tenemos un Parlamento Europeo, que, con sus limitaciones, funciona bastante bien; incluso se elige por sufragio directo en unas elecciones que, cada cuatro años, tienen menos participación. Tenemos un Tribunal, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas. Funciona menos de lo que debiera, pero quizá esté en el buen camino. Tenemos una Comisión. Oh, sí, tenemos una Comisión, formada por comisarios. Un cementerio de elefantes políticos designados directamente por los gobiernos nacionales y sin más control sobre sus decisiones que lo que nuestros gobiernos quieran imponer. Muy poco, tendiendo a nada. Y tenemos un Consejo, el Consejo de la Unión Europea (no confundir con el Consejo de Europa). Ministros que se reúnen. Ahora dejadme que haga las cuentas:

  • Parlamento Europeo: legislativo.
  • Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas: judicial.
  • Comisión Europea: ejecutivo.
  • Consejo de la Unión: ejecutivo.

Replanteemos la pregunta: ¿qué le pasa a Europa? Visto así, es evidente. Sobra uno. Me atrevo a afirmar que sobra el Consejo, aunque la Comisión es una de las fuentes de poder más alejadas de la voluntad popular que han existido fuera del contexto de una dictadura. Curiosamente, la duplicidad del poder ejecutivo no produce una mayor “ejecutividad”. Todo lo contrario: la tibieza y la descoordinación que advierte el amigo Krugman (¡como si fuera el primero!) surgen precisamente de ahí. Europa necesita un ministro de Economía, un ministro de Fomento y un ministro de Defensa, entre otros. Europa necesita un presidente, y no un marrón rotatorio —¿qué van a hacer los checos, ahora que ha prosperado allí una moción de censura? (Respuesta: nada. ¿Le importa a alguien?) Debería elegirse por sufragio directo o indirecto, con un sistema de colegios electorales análogo al de los EE.UU. ¿Puede Europa permitirse algo así?

Dicho de otro modo: con los tiempos que corren, ¿podrá ser de otra manera? Sólo espero que si los estados europeos comienzan a quebrar en cadena, cedan su soberanía a la Unión en vez de separarse de ella para azuzar quién sabe qué conflictos. Lo ha dicho el mismo Krugman: la Segunda Guerra Mundial fue, en el fondo, un gran programa de rescate de la economía financiado con dinero público y sesenta millones de vidas humanas. Funcionó, pero no queremos repetirlo.

La crisis según Krugman

Voy a resumir lo que he aprendido de mi última lectura, El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual (ed. Crítica), de :

  • Las crisis económicas son muy parecidas unas a otras, pero no existen recetas únicas para salir de ellas. En particular, hay que coger con pinzas lo que digan los representantes de las ortodoxias del momento.
  • Hay dos tipos de bancos: los comerciales (o de pobres) y los de inversión (o de ricos). Estos últimos pueden llamarse de otros modos, pero siempre aparecen involucrados en las crisis.
  • No importa la solvencia de una entidad: una vez que se dispara un pánico bancario, el banco que se encuentre en el ojo del huracán quiebra. Otras entidades que estén por el mismo barrio, que tengan nombres parecidos o cuyos directores se parezcan físicamente a los de la primera también quebrarán, por asociación psicológica. Esta regla se aplica también a países completos.
  • La regulación es el precio que hay que pagar para que cuando hay una crisis papa Estado te rescate. Curiosamente, las grandes fortunas encuentran modos de escapar de la regulación para aumentar sus ganancias, ya sea mediante nuevos productos financieros o nuevas formas organizativas.
  • Haber escapado de la regulación durante las vacas gordas no le impide a nadie patalear para que le rescaten a costa del contribuyente durante las vacas flacas. Capitalistas con las ganancias, socialistas con las pérdidas. Pero no es que sean mala gente, es que los negocios son así.