El único chiste de 2001

Para cambiar un poco el tono pesimista de la entrada de ayer, hoy dedicaré un ratito a recordar el único chiste de 2001: Una odisea del espacio. Cierto, 2001 no es Teléfono rojo, pero Kubrick no pudo retener su vena de humor sarcástico ni siquiera en este monumento de ciencia ficción, filosofía y arte. ¿Dónde, cuándo?

Heywood Floyd sale de la estación espacial –esa fantástica rueda doble de cuatro radios– a bordo de un transbordador lunar fundamentalmente esférico, el Aries. El viaje hacia la base de Clavius en la Luna se muestra de un modo sucinto: en un momento dado, puede verse a Floyd leyendo un cartel con instrucciones en letra muy pequeña. La cara es de espanto contenido –se trata de las instrucciones para usar el aseo. Un prodigio de usabilidad, que escribió realmente Frederick Ordway, consultor científico de 2001 y que quedaron recogidas en el libro de Jerome Agel, The Making of Kubrick’s 2001. Aquí quedan, para disfrute de los yuritrastornados y demás friquis del espacio: Continúa leyendo El único chiste de 2001

Lógica a los 3 años

Conversación con mi hija:

—¿Por qué las jirafas tienen el cuello tan largo? —me pregunta.

—Para poder alcanzar las hojas tiernas de la copa de los árboles altos.

—Y para comer de los árboles bajitos, ¿se agachan?

Está claro que las explicaciones que dan en los libros de toda la vida sobre la evolución dejan algo que desear. Basta tener tres años para darse cuenta.

Mamá, se me ha vertido un poco de tinta

Un cartucho de tinta típico, por ejemplo, el C6578D de Hewlett Packard para impresoras de chorro de tinta sin pretensiones, contiene 19 mililitros de tinta contando los tres colores y se vende por 34 euros. Con estos datos, ¿podríais decirme cuánto dinero hay esparcido en la escena de este accidente si el camión implicado transportaba 7 toneladas de tinta?

Respuesta: haciendo una serie de simplificaciones poco aceptables, como que la densidad de la tinta de impresora es similar a la del agua (pongamos 1,2 g/ml), podemos ver que 19 ml equivalen a 23 g de tinta. Supongamos también que el coste del cartucho es achacable a la tinta en un 50%, por poner una cifra: con eso, la tinta sale a 1,34 €/g. Lo que ha vertido el camión alcanzaría un precio en el mercado cercano a los 10 millones de euros. No es como si fuera cocaína, pero los trabajadores que han limpiado este kandinsky lo han hecho con mascarillas. No fuera a ser que, visto el precio, les diera por esnifar.


Ocurrió en Peabody, cerca de Boston, y no hubo heridos, aunque se rumorea que hay galeristas de arte contemporáneo intentando comprar los restos del camión. Aquí, la noticia original del Boston Globe.