Consultorio ortográfico

finals gener 08 006
finals gener 08 006
Cargado originalmente por applejux

Un buen amigo me hace llegar la siguiente consulta que, por su interés general, he decidido publicar aquí:

Tengo una duda. Por eso estoy haciendo una pequeña encuesta entre mis amigos sobre el reciente cambio que la Real Academia Española ha hecho en alguna de las reglas de ortografía. Os pido vuestra colaboración.

Hasta ahora para diferenciar el adverbio sólo (con acento, significando solamente) del adjetivo solo (sin compañía), se le ponía una tilde. A partir de ahora ya no se la tenemos que poner.

Entonces, decidme: ¿cómo interpretáis esta frase?

“He tenido sexo solo dos horas”

Muchas gracias.

La RAE, en su reciente modificación de las normas ortográficas, ha venido a decir que con su pan nos lo comamos y con su contexto lo interpretemos. Teniendo en cuenta el consejo, hay dos posibilidades:

  1. Es un adverbio, y la frase es una queja amarga referida a la —supuesta— brevedad del acto. Sin embargo, nadie se cree que con nuestras obligaciones familiares podamos estar dos horas seguidas practicando el asunto copulativo sin que suene el teléfono (es tu madre), los peques pidan agua, haya que poner tres lavadoras, suene el teléfono (son los de Petafone), los peques se saquen los ojos y haya que separarlos, haya que poner la olla exprés, suene el teléfono (son los de Timofónica), los peques pidan de comer, suene el teléfono (lo tiro al váter, venga ya) o directamente nos quedemos fritos del cansancio. Por tanto, esta interpretación es imposible.
  2. Es un adjetivo, y la frase es una afirmación de nuestra mismidad propia y fidedigna, que se autoafirma y se da brillo desde una larga e ininterrumpida sesión de amor propio. Sin embargo, atendiendo al contexto del emisor, que ya no tiene quince años —ni treinta si me apuras, se hace necesario notar que las citadas dos horas son un periodo dilatado en exceso para mantener el exceso dilatado. Dicho de otra forma, que veo más fantasmas por aquí rondando que el niño de El Sexto Sentido, y que esta interpretación es también imposible.

Así, atendiendo a los consejos sabios de la RAE, puedo reescribir la frase para eliminar toda ambigüedad e incorrección ortográfica, gramatical y semántica:

He pensado en tener sexo un rato, pero visto lo visto mejor me la machaco con dos piedras.

De nada.

¡Jefe, una de ortografía!

Parece que todo el mundo y su gato se encuentra en disposición de opinar sobre la reforma ortográfica propugnada por la . ¿Por qué iba a ser yo menos, aunque el tema sea tan de la semana pasada? Analicemos los cambios empezando por la ye y su amiga la i. Me podría importar menos: esta maniobra de renombrado alfabético se parece demasiado a una descarga equitativa de ociosidad, ya que se compensa con una prohibición urbi et orbe de la afamada “be alta” y su complementaria baja que no se notará demasiado en Castilla. Si sabemos de qué letra estamos hablando, ¿qué importa cómo la llame la intelligentsia?

Otros cambios alfabéticos son, sin embargo, bienvenidos. Ch y ll no son letras, sino dígrafos. La circunstancia de que representen sonidos (/t∫/ y /ʎ/) diferentes de los indicados por sus componentes por separado no es más que un accidente: nuestra querida ñ es otro accidente, pero en el sentido contrario —pues se notaba con doble n en tiempos medievales, adquiriendo su forma actual por el uso de los copistas que, persiguiendo el honrado fin de que les engañaran en el sueldo, pero no en el trabajo, transcribían tal dígrafo con una n decorada con virgulilla. Algo similar le sucedió al dígrafo vv (actual w) y a la difunta ç —recemos una oración por su alma.

¿La tilde de los demostrativos? No van a multar por ponerla, aunque realmente las ocasiones en las que cumplía una auténtica función de distinción (diacrítica, dicen los que saben) eran pocas. Sin embargo, la tilde que marcaba el uso adverbial de solo (cuando equivale a solamente) sí es necesaria. Veamos un ejemplo:

Tuve sexo solo por la noche.

Para el lector es fundamental saber si el escritor alcanzó sus objetivos sexuales con nocturnidad, pese a haberlo intentado también de día, o si se dedicó al noble arte de la ipsación (buscadlo, venga). El recurso al contexto es inevitable, siendo el lenguaje una creación humana; sin embargo, el pobrecito hablador que suscribe estas líneas pensaba que la precisión era un objetivo en lo que respecta a estas lides. Inalcanzable, pero objetivo. ¿Cuándo se rindieron nuestros académicos, y cómo permitió Pérez Reverte que sucediera algo así?

La o sin tilde entre números es otro ejemplo de pequeña claudicación. Algunos compañeros blogosféricos han afirmado que el problema es más de diseño tipográfico que de ortografía, pero están obviando que las mayúsculas también existen, y a veces hasta se usan. En mayúsculas todas las oes son casi ceros, o viceversa, y otra pequeña concesión al contexto. Quedan aún gentes que opinan que los caracteres en mayúsculas no son tildables: casos perdidos.

No veo problemas con la nueva regla del prefijo ex-, pero tampoco con la letra q. En castellano sólo se usa seguida de u para representar el fonema /k/ en las sílabas que y qui. Lo demás es latinizante (con u, pero seguida de a u o) o arabizante (en todos los demás casos). Pero si se asume que la k es ya “totalmente española”, ¿qué nos ha hecho la q, entonces? Ganas de hacerse notar veo, pero a mí cuórum no me suena especialmente mal, aunque quizá deberíamos dejarla en cuoro, puestos a españolizar. ¿Catar? ¿Por qué no Katar? Y si no Katar, ¿por qué kilo y no quilo? Menos imprecisión, más limpieza. De acuerdo, quilo es válido pero se usa menos que una caja de condones en el Vaticano. Mucho menos.

Estoy dejando para el final el único problema real que percibo en estos cambios: la ruptura total con la prosodia y la vuelta a la ortografía decimonónica que supone considerar falta de ortografía la acentuación de palabras como guión u (horror) truhán. Lo cuenta Julio Iglesias mejor que yo:

Y es que yo
amo la vida y amo el amor.
Soy un truhán, soy un señor
algo bohemio y soñador.

La estructura métrica del estribillo de esta joya de la canción ligera requiere que truhán sea bisílaba. Vamos, que no me digan que los académicos no han pensado en esto. Calzarle a truhán el novedoso concepto de “diptongo ortográfico” supone eliminar todo el valor de separación de la h intercalada, además de constituir una declaración de intenciones poco velada: h intercalada, serás la siguiente en caer. Recordadlo, lo dije yo primero ya lo dijo @aykrmela antes. Si la h no cumple función alguna, ¿bohemio también es bisílaba? Normativamente no es así, ya que o y e son vocales fuertes y forman hiato. ¿Son mayoría los diptongadores en el colectivo hispanoparlante? Puede que mi reacción negativa no sea más que una muestra de provincianismo castellano, pero señores: yo no seseo, y no haré diptongos donde oigo hiatos. Obligarme a quitar la tilde supone aceptar una arbitrariedad, el “diptongo ortográfico”, que no era necesaria y que nadie ha pedido. ¿No se podría haber mantenido esas tildes como opcionales si se trataba de simplificar las reglas?

Sea como sea, parece que la expresión tormenta en un vaso de agua fue concebida para estos casos. Yo les propongo a nuestros académicos una reforma adicional, pero en el nombre de su institución: ALE, Academia de la Lengua Española. Un nombre más universal que además les servirá para cuando llegue la República.

¿Qué es la gramática para un nazi?

era un alemán tranquilo, nada sospechoso de nazismo, ni siquiera gramatical. Casado con Eva Schlemmer, aria de pura cepa, había regresado con 34 años a Alemania desde su trabajo en la universidad de Nápoles para cumplir con su obligación patriótica en la Gran Guerra. Fue artillero voluntario en el frente occidental y después censor militar, gracias a sus conocimientos lingüísticos. Cuando todo terminó, se instaló en una elegante casita suburbana cerca de Dresde, en cuya universidad encontró empleo como profesor de lenguas romances. Klemperer era una persona respetable: asistía regularmente a los oficios religiosos de su iglesia, y su primo Otto era un conocido Kapellmeister (director de orquesta) en toda Europa. Sin embargo, su pasado judío —se convirtió al protestantismo en 1912— bastaría para que, a partir de 1933, su vida normal fuera degenerando en una espiral de humillaciones infligidas por el nuevo poder.

Víctor Klemperer
Víctor Klemperer

En 1935 perdió su puesto como profesor como consecuencia de la . Sin desanimarse, concentró sus esfuerzos en su obra Historia de la literatura francesa en el siglo XVIII. Más adelante, también le fue vetado el acceso a las bibliotecas, así como las suscripciones a revistas y periódicos, de modo que tuvo que abandonar por completo su trabajo erudito. A partir de 1938 sólo pudo escribir un diario en hojas sueltas que iba escondiendo su mujer en casa de una amiga. En 1940 su casa fue “arianizada” —es decir, entregada a unos nuevos propietarios de “pura raza”: el matrimonio Klemperer se vio forzado a trasladarse al gueto de Dresde. Con la estrella amarilla en la solapa y casi sesenta años de edad Klemperer fue empleado como mano de obra esclava en una fábrica, soportando además constantes humillaciones e interrogatorios de la Gestapo. En 1942 le prohibieron incluso tener una mascota, con lo que tuvo que sacrificar a su gato. Con toda probabilidad iba a ser deportado al campo de en febrero de 1945, pero las bombas aliadas cambiaron el curso de los acontecimientos: mientras la ciudad entera se consumía pasto de las llamas, Klemperer y su esposa lograron escapar con tan solo algunos rasguños. Mezclándose entre los refugiados, vagaron por una Alemania en ruinas hasta que, meses después del fin de la guerra, lograron volver y recuperar la propiedad de su antigua casa.

Klemperer mantuvo la cordura gracias a su diario durante los oscuros años del Reich: en él había compuesto, hoja a hoja, una obra cumbre de la filología que saldría a la luz en 1947: (Lingua Tertii Imperii, o Lengua del Tercer Reich, en latín). Escrito a medias en latín y en alemán, LTI describe cómo el idioma germano fue transformado en una orwelliana por la propaganda nazi para adoctrinar a las masas a través del uso de eufemismos, neologismos, expresiones repetidas hasta la náusea y falsos tecnicismos. Una pequeña parte de su LTI está dedicada al análisis de la letra del himno del partido Nazi, proclamado después himno nacional junto con el tradicional . Klemperer, ácido, escribió unas palabras que le podrían haber costado la vida —casi como cualquier otra cosa en aquella época:

Es war alles so roh, so armselig, gleich weit von Kunst und Volkston entfernt – „Kameraden, die Rotfront und Reaktion erschossen, / Marschieren in unseren Reihen mit”: das ist die Poesie des Horst-Wessel-Liedes.

Era todo así de crudo, de pobre, de alejado del concepto de arte o canción popular: “Los camaradas fusilados por los rojos y la reacción* / marchan en espíritu en nuestra formación”. Esta es la poesía del himno de Horst Wessel.

LTI – Notizbuch eines Philologen, Aufbau-Verlag, Berlín 1947, pág. 259.

El era el Cara al Sol alemán. Klemperer hace notar en su tratado un problema gramatical en la construcción de ese verso que mi traducción oculta debido a la naturaleza del idioma castellano. En alemán, sin embargo, existe una ambigüedad que altera por completo el significado del texto. Así, „Kameraden, die Rotfront und Reaktion erschossen” tiene dos significados completamente opuestos. Por un lado, el oficial, con “rojos” y “reacción” en nominativo:

Los camaradas fusilados por los rojos y la reacción

Y por otro, el subversivo, con “rojos” y “reacción” en acusativo:

Los camaradas que fusilaron a los rojos y a la reacción

Qué cambio: los primeros camaradas están muertos y “marchan en espíritu” con los demás. Los segundos son, simplemente, unos fugitivos de la justicia. Recordemos que antes de 1933 Alemania era un estado de derecho y esos fusilamientos serían simples asesinatos; esto no era óbice para que el Horst-Wessel-Lied fuera cantado a voz en cuello por los camisas pardas en sus desfiles callejeros desde 1929. Naturalmente, todos los alemanes con estudios notaron el problema, pero decidieron conscientemente ignorarlo —con más intensidad desde 1933. No fue lo único ante lo que cerraron los ojos.


*: Rojos es mi traducción de Rotfront, sobrenombre del brazo armado del partido comunista alemán. Reacción se refiere a las fuerzas policiales (legales) de la época.