’39

Queen. No conozco todas sus canciones, pero ¡es Queen! Hace relativamente poco tiempo me encontré esta extraña joya de estilo supuestamente country, compuesta por Brian May. Doctor Brian May, el más astrofísico de todos los músicos y el más músico de todos los astrofísicos —parafraseando al mote que acompaña a Aleksandr Borodín en todas las historias de la música que existen: era químico.

Es difícil excusar a todo el que piense que ’39 —la canción, así se llama— es un cuento sobre marineros que se embarcan al principio de la Segunda Guerra Mundial.

In the year of thirty-nine En el año 39
Assembled here the volunteers aquí reunidos los voluntarios
In the days when lands were few en los días en que las tierras escaseaban
Here the ship sailed out into the blue and sunny morn La nave partió hacia la azul y soleada alborada

Los marineros pasaron muchos días solitarios a bordo de su nave, atravesando los ¿lechosos mares? (Milky seas en el original.) Los mares no suelen parecer de leche.

In the year of thirty-nine En el año 39
Came a ship in from the blue Llegó una nave del gran azul
The volunteers came home that day Los voluntarios volvieron a casa aquel día
And they bring good news Y traen buenas noticias
Of a world so newly born De un mundo tan nuevo
Though their hearts so heavily weigh Aunque sus corazones estén llenos de pesar
For the earth is old and grey Por la Tierra, vieja y gris

Los voluntarios están de vuelta el mismo año y ¡la Tierra es vieja! De acuerdo, la canción suena a country, pero es en realidad un pequeño relato de ciencia ficción. El gran azul, los mares lechosos, son metáforas del cosmos. Los voluntarios, cosmonautas, marcharon en 2039 (¿2139?) Encontraron un planeta habitable, un mundo tan nuevo y emprendieron el viaje de vuelta. Para ellos sólo había pasado un año (though I’m older but a year), pero llegaron de vuelta a la Tierra en otro 39 ¿2139, 2239?

Brian May tocando su Red Special (foto: Jainr)
Brian May tocando su Red Special (foto: Jainr)

Sí, es Brian May, doctor en astrofísica. Pero reconozco que no me esperaba una canción de Queen sobre la dilatación temporal descrita por la Relatividad Especial.

Y menos el día en que cumplo 39 años.

Recortes de ciencia ficción infantil

¡Aquí se aprovecha todo, oiga! Hace unos días, mi admirado Sergio Palacios pidió a sus compañeros de Naukas que relatáramos nuestros primeros encontronazos con la ciencia ficción y cómo (o «si») ésta había ayudado a formar nuestra actual, evidente y enfermiza inclinación por lo científico. Muchos contestamos, y Sergio compuso esta estupenda pieza en Naukas: «¿Ciencia ficción? Sí, gracias». Para evitar atascar los intertubos con un tocho del tamaño de la Biblia (@EDocet, escoge una) recortó juiciosamente las contribuciones recibidas.

Ahora, con mi característica falta de juicio, recupero para este blog mi texto. En realidad los tres ejemplos que presento de contactos infantiles con la ciencia ficción no fueron los únicos, ni seguramente los más determinantes. Sin embargo tienen de especial que constituyen pequeños fondos de saco de la historia del género, rincones poco visitados. Me gustan los rincones. Con todos vosotros, tres fragmentos de mi infancia cienciaficcionera, extended edition.

Como yo solo soy ingeniero, no puedo referirme a inspiraciones insignes e ionosféricas —me conformo con un trotecillo troposférico… más bien a ras de suelo, por la ciencia ficción de mi infancia. Tengo la ventaja de disfrutar de una magnífica memoria de mis primeros años. Pero suelo olvidar las cosas que recuerdo; así que aquí van unos momentos al azar que me definieron como lo que quiera que sea hoy. Con imagen, porque son recuerdos (tele)visuales.

«Holmes y Yoyo» (Holmes & Yo-yo, 1976)

Holmes&Yoyo. Qué memoria la mía.
Holmes&Yoyo. Qué memoria la mía.

Nadie en absoluto se acuerda de esto: yo me pasé años «jugando a Yoyo». Es decir, disfrazándome con una americana vieja de mi abuelo y unos controles de robot en la tripa hechos con una cajita de cartón llena de botones de plastilina. No me había vuelto majara: «Holmes y Yoyo» era una sitcom policiaca con androide que, si no recuerdo mal, emitieron durante el verano de 1978. Cuatro añitos y ya estaba cayendo en las garras del género.

«Operación Ganímedes» (Operation Ganymed, 1977)

Operación Ganímedes: ciencia ficción+survival. ¿Cómo me dejaron ver esto?
Operación Ganímedes: ciencia ficción+survival. ¿Cómo me dejaron ver esto?

He aquí un telefilm alemán en el que no salen perros y que narra la historia de los cinco (y bajando…) supervivientes de una misión tripulada a Ganímedes en 1991 —el futuro ya no es lo que era. ¿Que cómo me acuerdo de esto? Bueno, para ser preciso ni siquiera sé en qué año lo pusieron en la tele, aunque debió ser en algún momento del año 1980 u 81. El espacio todavía iba a ser un lugar para héroes. Pero ¿no estamos mejor ahora? Al menos el dinero de nuestros impuestos se gasta en los auténticos problemas «de aquí abajo»: rescatar bancos. Alemanes también, pero eso es coincidencia.

«Érase una vez… el espacio» (Il était une fois… l’espace, 1982)

Érase una vez… El Espacio: la Unión Europea funciona, pero no es en la Tierra.
Érase una vez… El Espacio: la Unión Europea funciona, pero no es en la Tierra.

Érase una vez… El Espacio era una serie rara de narices (ya salió en este blog: «Érase una vez… una serie olvidada»). En retrospectiva ni siquiera sé si estaría cómodo con que mis hijos la vieran. Sin embargo, los guiones no buscaban la comodidad del pensamiento correcto: presentaban elecciones morales con las que se podía estar, incluso con ocho años de edad, en franco desacuerdo. A esta serie puedo achacarle también mi temprano europeísmo, ya desdibujado por la experiencia, así como la fascinación que me ha acompañado desde siempre con la inteligencia artificial y su interacción ¿catastrófica? con la natural.

Más adelante, claro está, terminé viendo 2001. Desde que cumplí los 27 lloro en silencio todas las noches de luna llena en recuerdo del futuro que nunca fue.

Querido Sergio

Querido Sergio:

No soy una persona de tu círculo más cercano. No he compartido contigo farras ni nos hemos visto más de un par de veces en nuestra vida. No me dedico a lo mismo que tú: no soy profesor y jamás me he visto ante la tesitura de tener que enseñar nada relevante a nadie —los cursillos de XML que impartí hace más de una década a unos programadores desprevenidos no cuentan. ¡He dicho «relevante»!

Pero te entiendo. No sabes cuánto te entiendo. Hablas de decepción, cansancio, desilusión, hastío y desesperanza. Los imagino como los dedos de una mano. Hace ahora cinco años, cogido de ella, llegué a un lugar que no tenía salida. Un lugar absurdo y frío, donde nada servía ni tenía valor. Un lugar amargo más allá de la amargura, tanto más desabrido cuanto la vida que vivía —que vivimos— es un paraíso en la Tierra comparada con la desventura de otras.

Supe dar la vuelta —con ayuda. Volví a disfrutar de la familia, del trabajo, de respirar. Incluso retomé este blog. Ahora divulgo las cuatro cosas que sé y opino sobre las otras cuatro que me inspiran algún sentimiento. Busco lo que buscamos todos: dejar una huella. Hacer un dibujo con una concha en la arena de la playa. Pero el destino me importa poco —me importa una mierda, hablemos con propiedad— si me divierto mientras tanto.

Te habrán dicho miles de veces «vamos», «arriba», «la vida solo se vive una vez», «tantas cosas merecen la pena». Solo tú puedes darte cuenta, desde el hombrecillo que está sentado en tu hipotálamo (ya sé que no hay tal; la retórica es uno de mis juegos de mesa favoritos). Sé que lo estás haciendo. Pero tendrás que elegir, tú mismo, qué camino merece la pena seguir y cuál abandonar.

Punta de Estaca de Bares. Todo lo al norte que se puede caminar en nuestra pobre península.
Punta de Estaca de Bares. Todo lo al norte que se puede caminar en nuestra pobre península.

Nuestras historias son mapas y están llenas de fondos de saco, de carreteras que se pierden bajo pantanos, de rutas cortadas, de caminos que terminan en rompientes. Ahí estás. Contempla el paisaje. Valora tus opciones. Y da la vuelta, amigo. Nos encontraremos en otro bar.


Dedicado a Sergio Palacios, con motivo del cierre de su blog —y mi blog de cabecera— Física en la Ciencia Ficción (paso del «plus» y de las garras de los leones, gracias). Aprovecho también estas líneas para mandarlo a la mierda mucho por a) no terminar su serie de las 50 soluciones a la paradoja de Fermi y b) ¡por eliminar todos los artículos de esa serie del blog! Espero (por tu bien, Sergio, por tu bien) que eso sea indicativo de que preparas otro libro. Por si las moscas: ¿alguien se anima a ir a Asturias de excursión? Yo pongo los puños americanos.