¿Está el futuro en el biodiésel?

Con tantas noticias acerca de la expansión del biodiésel en España, cualquiera podría pensar que nos encontramos en puertas de una revolución verde, que nos permita de una vez por todas romper la dependencia energética que nos amenaza, a la vez que damos un impulso a la sostenibilidad de nuestro desarrollo económico. Organizaciones tan poco sospechosas como Greenpeace ofrecen visiones un tanto idílicas de los biocombustibles. ¿Será verdad que estamos salvados?

Vamos a centrarnos en contestar una pregunta elemental: ¿cuánta superficie hay que plantar con un cultivo oleaginoso (fuente del biodiésel) para cubrir nuestras necesidades energéticas?

En primer lugar: ¿qué vamos a plantar? El biodiésel puede fabricarse, mediante un proceso químico llamado transesterificación, a partir de gran cantidad de plantaciones. No todas son adecuadas en nuestras latitudes, y algunas tienen ventajas de volumen de producción o tiempo de maduración frente a otras. El consenso que indica el sentido común y las noticias anteriormente reseñadas nos lleva a pensar que estamos hablando de la colza, aunque hay quien usa otros nombres (nabicol, raps, canola) para obviar cierto rechazo instintivo, y no justificado en este caso, por parte de la opinión pública.

¿Qué producción de biodiésel puede obtenerse a partir de la semilla de colza? Según las fuentes citadas, estaríamos hablando de 1000 kg/ha. Este número es alto (en comparación con otros orígenes) y redondo, así que nos costará menos multiplicar. ¿Qué consumo de combustible diésel convencional queremos sustituir?

Una herramienta fundamental para contestar preguntas de este tipo es el Instituto Nacional de Estadística. Entre la gran cantidad de datos de libre acceso, se encuentran tablas como la Distribución del consumo de gasolinas y gasóleos por comunidades autónomas, tipo y años. Una sencilla consulta nos ofrece otro número útil: 32,028 Tg en 2005 para toda España, en todos los tipos de gasóleo (un teragramo es una forma friki de decir “un millón de toneladas”).

La cuenta es sencilla: suponiendo una cosecha de colza por año, nos hacen falta 32,028 millones de hectáreas plantadas con colza para cubrir las necesidades de diésel españolas. El INE (otra vez) en su tabla Distribución de la superficie total de España por CCAA/provincia, año y grupo de cultivo afirma que disponemos de una superficie total cultivable de 17,981 millones de hectáreas. ¡Oh, vaya…! ¿Alquilamos Portugal para plantar colza, o aplanamos un par de cordilleras?

Ningún problema: podemos importar biodiésel de palma malayo o indonesio, donde todavía queda selva por cortar. A los orangutanes, que les den. Con tanto calcular me está entrando hambre… (Música de anuncio de galletas:) “¿Qué queréis de merendar? ¡Biodiésel nada más…!”

¿Para cuándo has dicho?

Leo en El País que la Sagrada Familia, el icono por excelencia de Barcelona, “quiere crecer más“. El problema viene de lejos, ya que el arquitecto que concibió el templo, Antoni Gaudí, limpió sobre el papel parte de las manzanas de viviendas que rodean su obra para que tuviera una perspectiva más ventajosa. Ahora, la junta que se encarga de continuar con la construcción plantea, de forma un tanto retorcida, la demolición de la manzana colindante con la futura Fachada de la Gloria (aún sin construir), así como otra más hacia el sur, de modo que el conjunto arquitectónico pueda apreciarse sin obstáculos desde la Avenida Diagonal.

Admiro la obra de Gaudí y siempre que he ido a Barcelona me he acercado a ver cómo está. Creo que estoy componiendo una especie de película mental de stop motion a gran escala con la Sagrada Familia. Me cuesta, sin embargo, asumir una actuación de este estilo; las ciudades son construcciones eclécticas por naturaleza (por la naturaleza humana, quería decir). Por sublime que sea el arte —y no todo el mundo está de acuerdo en esto— las humildes manzanas de viviendas también tienen su lugar.

Pero, sobre todo, lo que más me cuesta es comprobar que tenga que dejar a mis hijos la contemplación de la última catedral (en inglés diría ultimate, que no es exactamente lo mismo) terminada. ¡50 años más!

Petróleo y uranio

¿Qué es más caro, el petróleo o el uranio?

Uno de los argumentos que se esgrime con más frecuencia, sobre todo en lo que va de año, por parte de quienes están en contra de la construcción de nuevas centrales nucleares es que el precio del uranio es muy alto y está subiendo a gran velocidad. Es cierto: según datos de UxC, se ha registrado un aumento de casi un 100% en los últimos siete meses, y el precio a día 23 de marzo de 2007 alcanzó los 157,13 €/kg de U3O8 (un punto de partida típico para fabricar barras de combustible nuclear).

El petróleo, por su lado, también está en una espiral ascendente propia. El 28 de marzo alcanzó los 65,78 $/barril Brent (alrededor de 420,30 €/m3). La densidad del petróleo Brent, grado arriba grado abajo, viene a ser de 832 kg/m3, con lo que el precio, en la misma unidad que el uranio, sería de 0,51 €/kg. Dos conclusiones, una cierta y otra falsa:

Recordad: hay que sumar peras con peras.

Y…

¡Qué caro es el uranio! Mejor nos quedamos con el petróleo y ahorramos lo que podamos para comprar neveras mientras viene el Calentamiento GlobalTM, justo antes de la venida del mineralismo. (Notar que ni por un momento dudo que el calentamiento global es un hecho; lo del mineralismo es otra cosa…)

¿Podemos estar seguros? No. Para comparar dos fuentes de energía, no tiene sentido usar los euros que cuesta cada kilo. Sería más razonable quedarnos con el coste real de la energía que puede obtenerse, es decir, los euros por julio. Veamos. Un reactor nuclear típico, de tipo PWR (como Almaraz) dispone de una potencia de 2000 MW, y requiere alrededor de 72 T de combustible por carga. Suponiendo que cada carga dura un año, vemos que

(2000 MW * 365 días * 24 horas/día * 3600 segundos/hora) / 72 000 kg = 876000 MJ/kg

Como comparación, la gasolina (el subproducto más común del petróleo Brent) tiene un rendimiento energético de unos 47 MJ/kg. Asimilando gasolina con petróleo, que ya es asimilar, pero ahorra cálculos poco relevantes, obtenemos un precio de 0,18 €/GJ y 10,85 €/GJ para uranio y petróleo, respectivamente.

Nota: en unidades periodísticas, un gigajulio es la cantidad de energía que consume una bombilla de 100 W en 4 meses, poco más o menos.

Vaya… ¡El petróleo es sesenta veces más caro que el uranio! Hay que notar, no obstante, que el cálculo no tiene en cuenta los costes de transformación (del U3O8 en barras de combustible, y del petróleo en gasolina súper 95). Tampoco se tiene en cuenta que el uranio “gastado” lo está sólo en una pequeña parte, y que los elementos de combustible viejos pueden reprocesarse (con un coste adicional), mientras que al petróleo quemado sólo le queda ocluir nuestros pulmones en forma de humos varios, además de la atmósfera. Otro día hablaremos de los peligros de la radiación…