Anochecer

El anochecer en la puede ser fascinante y terrorífico; la cámara de televisión de alta definición a bordo de la misión Kaguya de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) lo muestra con un detalle nunca visto hasta ahora.

Superficie lunar vista desde la sonda Kaguya

La nota de prensa correspondiente contiene más detalles sobre el vídeo. La instantánea corresponde al momento en el que la sonda sobrevuela el sobre el polo norte lunar. Quizá se pueda aliviar la angustia de la oscuridad absoluta mirando hacia atrás para ver la luminosa bola azul.

De vuelta al origen, en Marte

En ocasiones, las noticias procedentes de más allá de nuestra atmósfera nos hacen experimentar escalofríos de misterio. Como esta fotografía:

Se trata de la foto de mayor resolución obtenida hasta ahora (25 centímetros por píxel; ¡sí, centímetros!) de lo que podría ser la entrada a una sima al noroeste del volcán Arsia, en Marte (-5º38’09” N, 241º15’32” E).

Hasta la fecha, se han localizado siete posibles entradas de simas en Marte, gracias al instrumento THEMIS de la nave Mars Odyssey. THEMIS es, en esencia, una cámara de termografía, que permitió diferenciar las potenciales simas mediante su diferencial de temperatura con el entorno (una característica común de las cuevas en cualquier mundo con atmósfera es su mayor inercia térmica, lo que permite distinguir sus bocas como puntos relativamente fríos de día, y relativamente cálidos de noche). En un claro ejemplo de sinergia entre diferentes sondas, la relativamente nueva Mars Reconnaissance Orbiter (2005) tomó el testigo mediante su instrumento HiRISE para intentar determinar si el fondo de las cavidades podía apreciarse.

Y no se ve nada. Nada en absoluto. ¿Qué secretos esconderán estas cuevas? Sin duda, una presión atmosférica algo superior a la de la superficie. ¿Tal vez manantiales? ¿Un refugio para la vida? Tal vez no para la vida marciana, que sigue siendo muy poco probable; pero sí para la vida terrestre. Estas cavidades recién descubiertas podrían utilizarse como bases para nuestros futuros exploradores, permitiéndoles disponer de un entorno protegido de la radiación ultravioleta, los micrometeoritos y las tormentas de arena marcianas. Un lugar fácil de presurizar, similar a la Dorsa Brevia del Marte Verde de Kim Stanley Robinson. Una caverna en Marte para encontrar de nuevo nuestros orígenes

Equivocarse es de humanos

La sonda Mars Global Surveyor, desaparecida en noviembre de 2006 en órbita del planeta Marte, pudo sucumbir ante un pequeño error de programación. La noticia, reducida a su mínima expresión, muestra a una agencia espacial plagada de incompetentes, digna de una Loca Historia de las Galaxias protagonizada por programadores descuidados, y no refleja en absoluto la realidad de lo sucedido.

Hubo, en efecto, un error de programación. Dos registros de memoria actualizados en junio de 2006 tenían un valor incorrecto. El ajuste de rutina de los paneles solares del 2 de noviembre lleva a los motores de los paneles a desplazarlos hasta el final de su carrera, generando una serie de alarmas. El ordenador de a bordo interpreta que uno de los motores está atascado, entra en su modo seguro y procede a orientar la nave de modo que el calor del Sol provoque una dilatación y lo suelte. Pero tras comunicar este hecho al control de tierra, la antena queda orientada incorrectamente; esto provoca la pérdida de comunicaciones, que habría sido temporal de haberse tenido en cuenta en el diseño original la estabilidad térmica de las baterías en esta situación. Por pura casualidad, una de las dos queda orientada hacia el Sol: se sobrecalienta y se descarga, y provoca en 11 horas la descarga en cascada de la segunda. La nave, desorientada y sin energía, queda a la deriva; la misión se da por finalizada.

La realidad es siempre más interesante que la noticia. Lo cierto es que el éxito de la MGS fue tan grande que su misión fue ampliada cuatro veces consecutivas por los responsables de la agencia espacial americana. La nave, en órbita marciana desde septiembre de 1997, tuvo tiempo de fotografiar varias veces la superficie completa del planeta, lo que ha permitido estudiar los patrones atmosféricos estacionales. Descubrió cráteres nuevos, que no estaban al principio de su misión. Más importante aún: aportó una de las evidencias más concluyentes en favor de la hipótesis del origen hídrico de los barrancos de Marte, ofreciendo así una de las piezas más relevantes de la nueva geología marciana y, tal vez, un motivo para ir allí en persona algún día.

Centenares de científicos analizarán durante muchos años los datos aportados por la MGS; los ingenieros han obtenido una experiencia sin precio sobre los avatares de una misión realmente longeva; y los legos nos hemos quedado con la maravilla de sus imágenes de aquel desierto lejano y no tan seco como creíamos. Descanse en paz.