Pollux infestus

Literalmente, pulgar infesto en latín, tal era el nombre entre nuestros tatarabuelos los romanos del gesto que hoy denota “todo bien”. ¿Cómo un gesto tan negativo puede transformarse en uno positivo con el tiempo? Peor aún, en un extraño bucle temporal, hemos contagiado a los propios romanos con nuestro significado moderno a través de Hollywood (y del peplum de Cinecittà).

Es difícil encontrar a alguien que, en cualquier contexto en el que se exprese gestualmente la intención de favorecer a alguien (o expresar su propia buena fortuna), no haga el consabido gesto del pulgar hacia arriba. Todos nos hemos imaginado, visitando las ruinas de algún anfiteatro, al emperador de turno salvando la vida de algún gladiador valeroso pero derrotado a petición de la concurrencia. La verdad histórica no coincide con el imaginario colectivo, pero quizás podemos colegir una imagen más precisa de aquellos tiempos si hacemos la sencilla traslación mental de pulgar a medio en el dedo que se extiende.

Nuestro actual y encantador gesto para el florido concepto de “que te den” se corresponde muy bien con el antiguo gesto romano del pulgar hacia arriba. Imaginando las turbas sedientas de sangre, todos a una, levantando la mano con el dedo medio extendido a la vez que gritan “muerte” (en latín, claro, no en castellano ni mucho menos en inglés), añade una matiz adicional de crudeza y sarcasmo a una situación ya de sí brutal.

Eran tan humanos como nosotros.

Recuerdos del Telón de Acero

¿Tenéis curiosidad por saber cómo es un refugio antiatómico? Hace unos días pude visitar el que se encuentra en la sede de la ZSSK Cargo en Košice, Eslovaquia. La ZSSK Cargo es el operador nacional de transporte ferroviario eslovaco, y entre la infraestructura heredada del régimen que mantuvo el se encuentra este refugio, que se mantiene en funcionamiento “por lo que pudiera pasar”.

La construcción se calculó para soportar una explosión nuclear relativamente cercana, lo que puede comprobarse en el grosor del muro perimetral. La entrada exterior está separada de la doble puerta principal por un tramo de escaleras descendente y una esquina, para impedir el paso de la , que viaja en línea recta.

El refugio tiene capacidad para 50 personas, y su función principal es mantener en funcionamiento el sistema ferroviario del país… si queda alguien fuera después del pepinazo, claro.

Por si la estancia fuera más larga de lo deseable, el refugio ofrece alguna diversión.

Otras fotos más o menos interesantes, en mi hilo en Flickr.


Thanks to the staff of ZSSK Cargo and particularly to Mr. Juraj Velebír, who organised the shelter tour with a sense of humor.

Ekranoplan

Encuentro fascinantes las historias de rusos, sobre todo las que implican algún tipo de tecnología. La mezcla de triunfo y tragedia, lo absurdo en nombre del orgullo nacional y, sobre todo, la tendencia mostrada por sus ingenieros a conseguir lo imposible con presupuestos disparatados son un cóctel con efectos casi hipnóticos. Es el caso de la historia del ekranoplan.

#000000;" />
ekranoplan
Foto original de Avi_Abrams.

El Ekranoplan, conocido en medios del espionaje occidental de la guerra fría como “el Monstruo del Mar Caspio”, no es un avión, ni un barco. Tampoco es un hidroala ni un hovercraft. Se trata de un aparato que medía más de 100 metros y desplazaba alrededor de 540 toneladas a máxima carga a una velocidad de 400 km/h, a un par de metros por encima de las olas. Es la implementación más espectacular jamás concebida del concepto de WIG: las alas de un avión generan turbulencias en sus extremos, pero cuando la distancia del ala a una superficie sólida es menor que su propia envergadura, estas turbulencias contribuyen a sostener el avión como en un colchón de aire en vez de simplemente retenerlo.

Una de las consecuencias más interesantes (y poco frecuentes) de este efecto es que la eficiencia de un aparato que lo aproveche es mayor cuanto más grande es. Un WIG pequeño apenas disfruta de una sustentación mayor (frente a un avión convencional), y la altura a la que debe volar es mínima. Como este modo de transporte sólo es factible sobre superficies planas, el WIG del tamaño de una avioneta estará limitado a volar sobre lagos, y con buen tiempo. Para inmunizarse frente al efecto de olas mayores, el aparato debe desplazar el máximo tonelaje posible, y una mayor superficie alar le permitiría volar más alto.

Estas realimentaciones positivas son mortales de necesidad en la ingeniería. El coste de la inversión necesaria para obtener un retorno aceptable crece con el volumen del aparato, y no existe, por tanto, una plataforma de prueba a escala para demostrar la viabilidad del concepto. Hay que construirlo grande, cuanto más grande mejor. Por eso tenían que ser los rusos.

Aviso: hay que ser muy friki para tragarse los 10 minutos de documental en ruso, sobre todo si no lo hablas. Pero las imágenes merecen la pena. Debe ser que soy lo bastante friki.

Como muchas historias de rusos, ésta termina con fracaso y abandono. Aquí está el Monstruo del Mar Caspio, varado y desvelado gracias a la transparencia de nuestro Brave New World tecnológico. Si tenéis ganas, podéis buscar otro ejemplar, más pequeño, oxidándose cerca de allí.