Ekranoplan

Encuentro fascinantes las historias de rusos, sobre todo las que implican algún tipo de tecnología. La mezcla de triunfo y tragedia, lo absurdo en nombre del orgullo nacional y, sobre todo, la tendencia mostrada por sus ingenieros a conseguir lo imposible con presupuestos disparatados son un cóctel con efectos casi hipnóticos. Es el caso de la historia del ekranoplan.

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Foto original de Avi_Abrams.

El Ekranoplan, conocido en medios del espionaje occidental de la guerra fría como “el Monstruo del Mar Caspio”, no es un avión, ni un barco. Tampoco es un hidroala ni un hovercraft. Se trata de un aparato que medía más de 100 metros y desplazaba alrededor de 540 toneladas a máxima carga a una velocidad de 400 km/h, a un par de metros por encima de las olas. Es la implementación más espectacular jamás concebida del concepto de WIG: las alas de un avión generan turbulencias en sus extremos, pero cuando la distancia del ala a una superficie sólida es menor que su propia envergadura, estas turbulencias contribuyen a sostener el avión como en un colchón de aire en vez de simplemente retenerlo.

Una de las consecuencias más interesantes (y poco frecuentes) de este efecto es que la eficiencia de un aparato que lo aproveche es mayor cuanto más grande es. Un WIG pequeño apenas disfruta de una sustentación mayor (frente a un avión convencional), y la altura a la que debe volar es mínima. Como este modo de transporte sólo es factible sobre superficies planas, el WIG del tamaño de una avioneta estará limitado a volar sobre lagos, y con buen tiempo. Para inmunizarse frente al efecto de olas mayores, el aparato debe desplazar el máximo tonelaje posible, y una mayor superficie alar le permitiría volar más alto.

Estas realimentaciones positivas son mortales de necesidad en la ingeniería. El coste de la inversión necesaria para obtener un retorno aceptable crece con el volumen del aparato, y no existe, por tanto, una plataforma de prueba a escala para demostrar la viabilidad del concepto. Hay que construirlo grande, cuanto más grande mejor. Por eso tenían que ser los rusos.

Aviso: hay que ser muy friki para tragarse los 10 minutos de documental en ruso, sobre todo si no lo hablas. Pero las imágenes merecen la pena. Debe ser que soy lo bastante friki.

Como muchas historias de rusos, ésta termina con fracaso y abandono. Aquí está el Monstruo del Mar Caspio, varado y desvelado gracias a la transparencia de nuestro Brave New World tecnológico. Si tenéis ganas, podéis buscar otro ejemplar, más pequeño, oxidándose cerca de allí.

Trabaja conmigo

Tal vez esta información sea relevante para un amiguete que ha enviado su CV a Google: un conjunto de vídeos de YouTube en el que empleados de la compañía intentan parecer naturales, con mayor o menor éxito, mientras describen lo que para un 99,9999% de la población mundial con unos estudios o experiencia remotamente relacionados es un sueño inalcanzable.

Si algo traslucen los vídeos es, precisamente, la cualidad acogedora y absorbente como hogar para geeks del googlespacio. Deberían aprender esas empresas, generalmente del sector tecnológico, que buscan empleados con el mayor número posible de esta lista de cualidades:

  • Joven. Menor de treinta. Si puede ser, menor de veinticinco. Cuanto más joven más barato y manejable.
  • Con muchos estudios. Si es posible, todos. 20 años de experiencia en Java, como poco.
  • Soltero. Idealmente, no tan feo como para que al jefe le de asco mirarte, pero sí lo suficiente como para no comerse una rosca en años.
  • Desplazados, viviendo con seres del mismo sexo en un piso compartido.

Si Google pide todo eso, al menos parece que da algo a cambio. Afortunadamente, parece que incluso en este país pueden encontrarse otros huecos donde trabajar más o menos a gusto, destacar (aunque sea sólo un poquito) y tener una vida entre horas. Esta lista de las 50 empresas con más futuro de España da algunas pistas; creedme, lo sé por experiencia. No todo es trabajo basura.

Photosynth

Es del dominio público que Microsoft no es exactamente santo de mi devoción. Lo cierto es que devociones, tengo pocas. Pero a cada cual, lo suyo.

Photosynth es tan solo una nueva forma de navegar por colecciones de fotos. ¡Pero qué forma! En pocas palabras, toma una colección de imágenes que puede ocupar varios gigabytes, la analiza y la ordena en un espacio tridimensional sintetizado a partir de los contenidos de cada encuadre. La navegación por Photosynth permite volar por este espacio simulado, con controles de zoom y desplazamiento. Una posibilidad más: analizar el conjunto de fotografías por similaridades. Esta característica permite repasar de forma extremadamente rápida la colección de imágenes, pudiendo encontrar esa foto perfecta que tomamos de entre los cientos de tomas que sacamos en la Plaza de San Marcos.

De momento, no es posible crear colecciones para Photosynth. Mi instinto informático me dice que, pese a la espectacularidad de la demo tecnológica, lo más difícil está aún por realizar. Aún así: si Microsoft libera un organizador fotográfico basado en esta tecnología, probablemente merezca la pena comprarlo y dejar atrás a un obsoleto Picasa.

¡Y la demo funciona sobre Firefox! ¿Qué pasa en Microsoft?