Convencerse de lo contrario

No importa la red social, los mensajes poco agradables pueden llegar cuando menos se los espera. Que acierten en una cuestión en la que uno está equivocado (las gafas inteligentes) es, después de todo, una suerte.

Hace unos días, descorazonado por la visión de una tienda de animales que ofrecía parches fascistas en su escaparate (la ironía de que se tratara de una tienda de animales se me escapó en ese preciso instante) lancé un mensaje de duelo por el mundo por mi red social de microblogging. Distraídamente, lo coroné con una referencia a una óptica cercana, que vendía gafas inteligentes. «Gafas para pervertidos», dije.

La tormenta que empezó a caer, minutos más tarde, sobre mi cuenta me hizo saber que había tocado una herida abierta desconocida para mí. No vino de fascistas ofendidos por llamar incorrectamente «fascista» a algo que, en estéril puridad, no lo es. Ni de animalistas quejosos por mi falta al señalar el auténtico crimen, la existencia de tiendas «de animales». Vino de compañeros con déficit visual.

Hasta ese preciso momento solo había visto el ángulo negativo de las gafas inteligentes: el agujero que suponen para la privacidad de todo aquel que se encuentre en el tiro de su cámara. Siendo Meta lo que es, no podía y no puedo creer que los datos recopilados durante el uso normal de las gafas (no ya el uso potencialmente delictivo) fuera a ser usado de formas éticas. Sin embargo, las gafas son útiles para personas con discapacidad visual, aunque sea por pura casualidad. La autonomía que ofrecen frente a cualquier otra opción técnica tiene el potencial de cambiar muchas vidas para mejor.

El precio de esta conquista sobre el resto del mundo en forma de menoscabos de la privacidad no es más que otro proceso irreversible de la historia. Como romper un vaso lleno de agua: buena suerte recomponiendo los fragmentos de vidrio y recogiendo el líquido derramado. Pero en este proceso, por una vez, el débil gana. Los que siempre pagan con su esfuerzo y su dinero las facturas onerosas de su integración en un mundo en el que la luz y el color codifican la mayoría de la información han arrancado una victoria. Las gafas inteligentes no se pensaron para ellos, no se venden para ellos, y precisamente por eso ofrecen una visión del mundo para quien no la tiene de suyo por precios alcanzables.

Si leéis este artículo con ayuda de un lector de pantalla, esto es obvio y cualquiera que haya podido pensar lo contrario oscila entre un ignorante que no tiene razón y un enemigo que no merece cuartel. Si, por el contrario, lo hacéis por el inconsciente medio de vuestros propios ojos, quizá pensaréis que esas gafas tienen, como de hecho han tenido ya, infinidad de ocasiones para ser usadas mal. Y si venís de la misma red de microblogging que yo, particularmente radical para estas cosas, probablemente tengáis opiniones intensas sobre la tecnología seminal en la que se apoyan, la visión automática con inteligencia artificial generativa. Quizá hayáis opinado que es el robo más grande de la historia de la Humanidad. Quizá, que será la excusa para que el capitalismo termine de consumir los recursos que queden libres —agua, electricidad, chips— para construir y alimentar su futuro pluscuamperfecto de inmensos centros de datos.

Mi peligrosa opinión al respecto (peligrosa porque no gusta a mucha gente, a un lado y otro del debate) era y es que los grandes modelos del lenguaje son una tecnología con casos de uso válidos. Como este de la visión automática, aunque su falta de anclaje en la realidad hace de su aplicación algo poco fiable en tareas críticas. La pregunta se hace sola: ¿dejarías conducir a ChatGPT? Por otro lado, creo que su construcción es inmoral de partida al proceder del robo, a la mayor escala posible, de todo el texto jamás creado por seres humanos, aunque también opino que su pecado original puede ser lavado con el agua bendita de la expropiación por lo público.

También creía de las gafas inteligentes que podrían (no, deberían) ser sustituidas por otro aparato, igual de discreto pero diseñado para el caso de uso específico del apoyo visual. Algo que no tiene solo sentido para la discapacidad visual, sino también para contextos como el aprendizaje de saberes corpóreos. Tenía ciertas ideas al respecto, pero se me ha convencido de lo contrario. Las gafas inteligentes son la mejor plasmación posible de una herramienta de liberación.

Y todo lo demás, claro. Pero los gusanos están fuera de la lata, serpenteando por el humus de las emociones humanas. Nunca volverán.

La lata abierta. Los gusanos quedan para vuestra imaginación. (Imagen: extraída de los materiales impresos de la Exposición Alaska-Yukon-Pacífico de 1909, Seattle/Wikimedia Commons)

Yo no soy nadie en esta lucha. Veo, aunque necesite gafas de las de siempre. Por mi ideología, estoy comprometido con la igualdad de oportunidades. En este asunto, igual que quizá en otros que todavía no me he encontrado, no he sabido captar la gramática de la lucha de mis compañeros. Me comprometo a no volver a usar la expresión «gafas para pervertidos», y a matizar mi discurso sobre estas tecnologías en consecuencia.

Una última conclusión. Siempre creí que se me podía convencer de la posición contraria en un debate en un intercambio de opiniones en calma, sin recurrir a formas limítrofes con el abuso. La experiencia, en este caso, no me ayuda a confirmarlo. ¿Quizá era necesario?


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Comentarios

3 respuestas a «Convencerse de lo contrario»

  1. Avatar de El Pamplina 🇺🇦 🇵🇸 :cadiz:

    @blog Dudo que a Meta le importe mucho los discapacitados, pero en este caso tenemos que admitir el uso legítimo.

    1. Avatar de Ramón Corominas

      @ElPamplina @blog Las personas con discapacidad somos las primeras perjudicadas por no tener otras opciones similares que no dependan de empresas malvadas, de hecho hay gente que podría beneficiarse mucho pero que han preferido proteger su privacidad y la de los suyos aunque eso les reste posibilidades de tener mejor autonomía

  2. Avatar de Ramón Corominas

    @blog @ivan Me llama la atención tu último párrafo, ¿alguien t ha insultado? ¿No crees que ha sido una conversación con argumentos y explicaciones más que con ataques personales? Quizá me he perdido alguna respuesta, no sé

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