«La ingeniería de las flautas», en el Cuaderno de Cultura Científica

A lo largo de esta semana, el Cuaderno de Cultura Científica ha estado publicando en cinco entregas un artículo en el que, casi desde primeros principios, explico el funcionamiento de uno de los instrumentos de viento claves en la orquesta moderna, así como en música de cámara, jazz o incluso rock: la flauta travesera. Aquí tenéis recopilados los enlaces a las cinco partes.

¡Espero que lo disfrutéis!

Bola extra: si os ha interesado el tema del funcionamiento de la flauta, no dejéis de ver este documental de la serie «How It’s Made» sobre la fabricación de una flauta moderna. ¡Fascinante!

 

Diez puñeteros metros

Esta entrada se publicó originalmente en Naukas en estas tres partes a lo largo de los días 6, 7 y 8 de agosto de 2015.

La New Horizons en Plutón —visión artística. (Fuente: NASA.)
La New Horizons en Plutón —visión artística. (Fuente: NASA.)

¿No es cierto que vivimos tiempos maravillosos? El pasado 14 de julio, a las 11:50 UTC, una pequeña nave robot de menos de media tonelada de masa, denominada con el poético nombre de «Nuevos Horizontes» (New Horizons, en su inglés original), pasó a 12.500 kilómetros de Plutón mientras ejecutaba un apretado programa de fotografías y medidas con sus siete instrumentos científicos.

Plutón se encontraba en ese momento a unas 31,964 unidades astronómicas de distancia de la Tierra; unos 4.782 millones de kilómetros. Cuesta interiorizarlo, ¿verdad? Si además pensamos que la New Horizons se desplazaba a casi 14 kilómetros por segundo —14 veces más rápido que la velocidad punta del SR-71, el avión tripulado más rápido de la historia; 43 veces más rápido que una bala del calibre .22 estándar; 115 veces más rápido que la velocidad del pensamiento, la rapidez con la que se propagan nuestros estímulos nerviosos— empezamos a darnos cuenta de la enormidad de la hazaña.
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La pregunta Naukas 2015

¿Cómo no? Cuando desde Naukas lanzaron el reto de contestar a una pregunta para el año 2015 tuve que recoger el guante. El texto de la cuestión, seguramente con trampa, era «¿qué avance o descubrimiento de la ciencia moderna ha hecho progresar más a la Humanidad?» Se apostillaba que ciencia moderna indicaba lo sucedido desde Copérnico hasta nuestros días. Ahí es nada. Y aquí mi respuesta. No dejéis de repasar el resto de interesantísimos ensayos de los demás colaboradores, recopilados en este artículo. Y aquí tenéis lo que pergeñé:

Las ambigüedades de la comunicación son una de mis pequeñas obsesiones. Por eso, cuando leí la «Pregunta Naukas 2015» empecé a desmenuzarla. No todo el mundo estará de acuerdo en qué constituye un avance o cuándo algo se considera descubierto. ¿Ciencia? ¿Qué es ciencia? «Moderna» es un calificativo ambiguo de por sí: ¿es Newton moderno, o deberíamos recurrir a barbudos y gafapastueños científicos hipster? ¡Ah, el progreso! Lo que para mí es progreso, para muchos de vosotros podría ser una molestia, un retroceso o incluso un desastre en ciernes. Y, por fin, Humanidad. Bendito tesoro. Con tanta duda y molestia querréis —tal vez no sin cierta razón— excluirme de ella y perderme de vista.

Salta a la ídem que no tengo la más remota idea de qué pueda ser una respuesta, no ya precisa, sino siquiera adecuada para la pregunta. Con cualquier expectativa así arrasada, me gustaría lanzaros una idea al azar. Si afirmo que el transistor de unión bipolar, inventado por William Shockley en 1947, constituye uno de los avances que más han alterado nuestras vidas, es posible que no me equivoque demasiado. Estamos rodeados de transistores, muchas veces ocultos en los lugares más insospechados, y su abundancia no hace sino aumentar. A principios del siglo XX la Humanidad estaba claramente dedicada a cumplir con las profecías de Malthus transformando, cada vez más rápido, toneladas de masa inerte de la Tierra en toneladas de Homo sapiens. El siglo XXI nos ha sorprendido con una tendencia mucho más voraz a transformar piedras en transistores.

Sin embargo, el concepto de un componente que pudiera modular un flujo de corriente mediante una entrada de control —en esencia, un grifo para circuitos eléctricos— no surgió de la nada en la mente de Shockley, enfrascado como estaba en promocionar su concepto de junta de unión entre semiconductores con distintas impurezas frente a diseños alternativos como el transistor de puntas de Bardeen y Brattain, sus colaboradores a su pesar (el de los tres). Pero el propio concepto de «grifo electrónico» viene de más atrás: las válvulas conocidas como triodos ya habían servido para construir, por entonces, los rudimentos de la informática y, antes aún, los primeros emisores y receptores de radio.

Cualquiera que se detenga a examinar la evolución de la tecnología y la ciencia con un interés un poco mayor que el de un telefilme de sábado por la tarde se imagina que nada «empieza» realmente desde cero. Siempre hay predecesores, hilos de los que tirar. Además, Shockley era un ser humano más bien repugnante: casi universalmente odiado, fue la diáspora de sus colaboradores y no él mismo lo que estuvo en la raíz de lo que hoy conocemos como Silicon Valley. En los 60 se descolgó por la resbaladiza pendiente de la sociobiología hasta los oscuros abismos de la eugenesia. Cuando finalmente —alguno pensaría «por fin»— murió en 1989 sus hijos recibieron la noticia a través de la prensa.

De forma que escogeré un hilo que recorrer y señalaré un invento distinto y otro padre para nuestra revolución electrónica: la válvula diodo de John A. Fleming, dada a conocer en 1904. El diodo era un componente con dos electrodos; su «tercera pata» y la que lo colocó en el camino de la evolución hacia el transistor moderno creció casi inmediatamente —apenas dos años más tarde— gracias a los esfuerzos separados de Robert von Lieben y Lee De Forest. Éste último es considerado más universalmente como «padre de la electrónica» por un quítame allá unas patentes, pero Fleming, originador también de las reglas mnemónicas llamadas de la mano derecha y de la mano izquierda, y culpable por ello de tantos divertidos movimientos manuales durante los exámenes de incontables promociones de ingenieros, inventó el diodo. Con ello puso en marcha la cadena de eventos que traería los mass media, la conectividad universal, la «inteligencia en la piedra», Facebook y las técnicas avanzadas de troleo.

Qué le vamos a hacer.