Regolito

—Bitácora, anota: estoy a un kilómetro de Dieciséis. Me acerco desde el este siguiendo la ruta autorizada. Acabo de dejar el rover en el punto C. Veo la pequeña cadena de las Smoky al norte y la montaña Stone al sur. Me guiaré por ellas.

—Bitácora, anota: he andado unos seiscientos metros. Debo estar cerca, muy cerca. Pero no veo… No, ahí está Dieciséis. El viejo LRV está delante, un poco a la izquierda de la etapa de descenso del Orión. A la derecha veo…

(¿Qué esperabas? Me siento un poco mareada…)

… Veo la bandera. Es… blanca.

(Congelada en el vacío sobre su mástil articulado. ¡Pero blanca! Parece que vinimos a rendirnos. Quizá los responsables decidan cambiarla por una más similar a la original, aunque sería difícil sin tocar nada. ¿Unos drones de aire comprimido?)

(Y ¿quién necesita barras y estrellas anticuadas? Estrellas, precisamente aquí, no faltan.)

(Estás divagando. Hasta a ti misma te das la murga. ¿Cuánto más has caminado?)

—Bitácora, anota: debo avanzar con más cuidado. La etapa de descenso está a unos metros al oeste. El revestimiento de kaptón dorado aún brilla. Señalizo el perímetro del sitio histórico. Extraigo un emisor láser de la mochila: E343. Lo activo, lo clavo en el suelo de regolito. El piloto rojo parpadea. El navegador de muñeca reconoce el hito. E343 confirmado. Giro hacia el norte. Azimut…

(La Tierra está casi llena. No me canso de mirarla. Un momento… Esa huella no debería estar ahí. ¿Me habré equivocado con el azimut del último giro?)

—Bitácora, anota: hay huellas no previstas. Puede que los croquis de las EVAs tengan algún error. Duke era un taram…

(Era un tarambana. Casi logra matarse varias veces tropezando. Pero no debía haberlo dicho.)

… Perdón, podría haber un error en los mapas. Daré unos pasos atrás para… Espera, hay algo en el suelo.

(¿La foto está… está aquí? Debía haberse borrado igual que la bandera, pero no… Y esas caras… No puede ser… no pueden…)

La historiadora Fernández fue rescatada con vida, pero inconsciente, del Sitio Histórico Dieciséis a las 0440Z por su rover. Tras recuperarse satisfactoriamente en Base Descartes, su informe no reveló indicios adicionales —más allá de una referencia que indicaría un posible síndrome alucinatorio del astronauta— que permitieran determinar la causa de su desvanecimiento. La investigación sigue abierta.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosHuellas de noviembre de 2017. La imagen que lo ilustra está basada en la fotografía con número de catálogo AS16-117-18841 correspondiente al diario de superficie del Apolo 16 (Fuente: NASA).

Beethoven para flautas

Tenéis suerte de que ya nadie me grabe, pero yo sigo haciendo audiciones con mi flauta travesera algo regularmente. La sufrida partitura, en esta ocasión, es un casi desconocido dúo para flautas de Beethoven en Sol mayor y dos movimientos de los que interpreto como mejor puedo el primero, Allegro con brío, con mi profesor haciendo de segunda voz. Podría haber tocado también el segundo (un minueto), pero ya habría sido demasiado sufrimiento para el respetable.

Soy pronuclear

Es el momento de asumir una verdad incómoda. Soy pronuclear: creo que la energía nuclear debe formar parte de cualquier propuesta futura de generación eléctrica. No soy pronuclear porque ningún lobby me dé de comer. No lo soy porque la tecnología me fascine, de algún modo inhumano, o porque crea, inconscientemente, en «el progreso». No soy pronuclear porque sea de derechas —ni por ser de izquierdas. Desde luego, no soy pronuclear porque odie a la especie humana, a la vida en la Tierra e incluso al planeta mismo y le desee un apocalíptico futuro radioactivo. Ni soy pronuclear porque desee que se instale una central nuclear en mi pueblo, aunque estoy dispuesto a discutirlo. Por descontado, no soy pronuclear por llevar la contraria a nadie, ni porque nadie me caiga mal o bien.

Soy pronuclear porque creo que es la única respuesta racional al desafío del cambio climático y al de la disponibilidad de la energía. Hay que reducir drásticamente y con urgencia las emisiones de CO₂; por desgracia construir una central nuclear es un proceso largo, y por tanto no son una alternativa para el próximo lustro. Pero una respuesta lenta siempre será mejor que ninguna respuesta en absoluto. Además, paradójicamente, resistir las crecientes inclemencias del clima requerirá un consumo mayor de energía: será necesario garantizar el acceso a la electricidad a toda la población, tanta como sea necesaria para mitigar el calor extremo y otros fenómenos meteorológicos adversos. No podemos cerrar los ojos. Hará más calor y tendremos que adaptarnos; subirá el nivel del mar y habrá que defenderse; faltará el agua potable y habrá que crearla. Los más pobres de entre nosotros sufrirán primero y precisaremos un suministro de energía seguro y estable para atender sus necesidades, que son las nuestras.

Continuar por el camino que nos hemos trazado, envueltos en banderas de mal entendida política «verde» o simplemente ignorando las señales nos lleva a esto: amplias zonas del planeta inhabitables. Migraciones masivas. Guerras brutales. Podríamos estar a las puertas de una edad oscura como nunca se ha visto sobre la faz de la tierra. Solo un despliegue inteligente de tecnologías que permitan generar energía disminuyendo radicalmente las emisiones a la atmósfera nos ofrecerán una oportunidad de sobrevivir. Las renovables no pueden con todo hoy y están lejos de conseguirlo, pero eso no impide que su avance continúe a buen ritmo y que la investigación no se detenga. ¿Por qué la energía nuclear habría de ser distinta? Necesitamos información, planes, inversión, ciencia. Hay que aceptar los riesgos —que existen— y evaluarlos con claridad frente al ya seguro desastre climático y humano al que nos enfrentamos. Hay que asumir lo que hemos hecho mal y corregirlo. Hay que luchar por sobrevivir como especie: todos juntos.

No es por progreso. No es por dinero. Es por seguir vivos. Nucleares… Hablémoslo.


No dejéis de leer el magnífico artículo Por qué necesitamos Energía Nuclear de @OperadorNuclear en Naukas. No es, como esto, un manifiesto panfletario; más bien un análisis, directo, sencillo y detallado de la energía nuclear y su entorno tecnológico y político.

Fotografía CC BY-SA de Stéphane M. Grueso vía Flickr.