Fontaneros y PDAs

¿Qué tienen en común una y la fontanería? La última vez que vi reparar una pequeña perforación en una tubería, comprobé como eso de que los tiempos adelantan que es una barbaridad se aplica también a los fontaneros. Ya no se suelda nada; basta una abrazadera especial, hecha de dos piezas atornilladas, para reparar el desaguisado. Nadie se sorprendería de ver al fontanero sacar una PDA del bolsillo para organizarse su agenda después de guardarse los 200 eurazos de rigor, recién salidos de nuestra dolorida cartera.

Me pasaron hace un tiempo una reciclada. Es una máquina algo corta en algunos aspectos, pero las ranuras de tarjetas de memoria y, sobre todo, el teclado incorporado con un factor de forma de lo más cómodo me permitían imaginarme casos de uso como, por ejemplo, escribir artículos para esta bitácora desde cualquier sitio. Sé lo que estáis pensando… Como tengo un iPod, ¿para qué necesito una (¿otra?) PDA?

Lo obvio es que el no es un teléfono. Menos evidente es que por mucho que cante las bondades de la perfección apolínea de su máquina, lo cierto es que soy incapaz de usar su teclado con una mínima rapidez y precisión, que el sistema de autocorrección necesita correcciones (por decirlo suave) y… ¿Dónde está el copypaste? Por no-Dios, ¿en qué está pensando ? Malo es caer en el feature creep tan típico de , pero es mucho peor vender ratones sin botones y teclados sin letra c con la excusa de un diseño ferpecto.

En efecto, no van a darme el carnet de fanboy de Apple, por lo menos hasta que vuelva a tomar mi medicación. Tampoco un MCSE honorario. Pero lo que me pincha por dentro como un bocata de chinchetas es, en esta ocasión, problema de y no de Apple ni de Microsoft. Todavía conservo mi , mi Paca. Le faltan dos años para la mayoría de edad, y funciona como el primer día (lo triste es que ya no me sirva de nada, pero eso será otra historia). Es un vestigio de tiempos más felices, en los que los ingenieros mandaban sobre el producto. Pero un buen día HP despertó en manos de los contables —sin intención de ofender. Esta hw6515, que habría sido un aparato impresionante, capaz de emular por software a mi Paca sin despeinarse mucho, terminó siendo un artefacto del montón. Como casi todo lo que ha hecho HP desde 1999.

En particular, terminó con una tapa trasera para las baterías un tanto manca. En algunas unidades, los ganchitos de plástico que la sujetan por su lado derecho son alguna décima de milímetro más pequeños de lo que debieran ser. No problemo, la tapa se mueve un poco al tacto. “Sólo es una sensación psicológica de mala calidad”, pensamos mientras tecleamos en los botoncitos —bastante decentes, por su parte. “Vaya, se ha vuelto a colgar. ¿Por qué se cuelga tanto esta cosa?”

“Windows.” Sinónimo de cuelgue extemporáneo, pantallazo azul y tentetieso. La solución siempre es actualizarse, pero el viaje iniciático al que somete HP por su procelosa página web para hallar la última revisión disponible de la ROM deriva en ocasiones en pérdida de contacto con la realidad, mareos y ganas de dejarlo todo y marcharse a pastorear ovejas en los campos de Calatrava. Pero al final la porfía tiene su premio y la revisión 1.29 de la ROM del smartphone queda instalada. Sólo unos minutos después, otro cuelgue.

Resulta que en la cavidad en la que se aloja el primero de los dos ganchos, el de más arriba, hay un microinterruptor para forzar un reset al retirar la tapa. Como la tarjeta SIM del teléfono está físicamente debajo de la batería, es imposible cambiarla sin apagar el invento, por las buenas o por las malas; así que ignoro a qué brillantes propósitos sirve el citado microinterruptor. Bueno, sí que sirve… Provoca cuelgues aleatorios cuando la tapa de la batería tiene cierto gancho un pelímetro más pequeño de lo indicado.

¿Y los fontaneros, a qué venían? A prestarme un poco de cinta de teflón para recrecer ligeramente el gancho. En un plis plas, mi nueva Paca ya no se cuelga más. La verdad, no sé si es para darme besos al espejo o para poner cara de tonto.

Miserias tecno-cotidianas

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HP iPAQ HW6515
Foto original de windowsmobile.

Hace ya unos días cayó en mis manos, por vez primera, un ; concretamente una HP iPAQ HW6515. Seducido por su teclado y su apariencia general de dispositivo “de altos vuelos” me dispuse a integrarlo en mis tareas cotidianas en sustitución de mi pesado . Con y integrados, ¿cómo no ser feliz?

Cualquiera que haya intentado lo mismo sabe cómo termina esta historia: dos eternas semanas después, abandoné el smartphone y volví a mi teléfono que, misteriosamente, me parecía ahora mucho más rápido y ligero. Durante esas olvidables 336 horas llegué a odiar la pantalla cuadrada de 240×240 puntos —incompatible con casi todas las aplicaciones existentes para Pocket PC; el procesador suficientemente lento como para tardar 3 segundos en dibujar del todo la interfaz del teléfono en la pantalla —pero a la vez sobradamente rápido trasegando electrones de la batería: los cuelgues constantes —ni era tan eficiente colgándose; y el tortuoso manejo que, pese a disponer de más de 45 teclas, obliga en cualquier situación a sacar el stylus y tocar la pantalla, o a agraciarla con pinceladas de grasa corporal cortesía de mis diez dedos pulgares. ¿De pie en un autobús? Mejor llamo luego, no sea que abocine en el suelo con toda la impedimenta.

Al menos la complejidad acompaña la riqueza de funciones (ja, ja y ja). Para disfrutar: la agenda de contactos no admite varios números para una misma entrada; el PIN no se puede teclear si no es sobre la pantalla (recordemos que el cacharro se cuelga varias veces en un día si se levanta con el pie izquierdo); la calculadora no respeta las reglas de precedencia (¡1 + 2 × 3 = 9?). Ni siquiera pude asignarle un tono de llamada diferente al teléfono de mi compañera.

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N70
Foto original de Z303.

Mi HW6515 ya es viejo. Está en el mercado desde mediados de 2005 y monta el ajado . Cualquier dispositivo que apunte a cubrir el nicho del smartphone (¿existe tal cosa?) debería haber dejado ya muy atrás la miríada de problemas que encontré durante mis dos semanas de travesía en el desierto. Sin embargo, no es así: sigue castigando a sus desprevenidos usuarios con una usabilidad abismal; cualquier tarea aparentemente sencilla lleva al menos tres pulsaciones y dos despliegues/selecciones de menús. Los diseñadores de smartphones deberían saber ya hace tiempo que el usuario móvil no busca recrearse con su juguete, sino (1º) hacer llamadas, (2º) enviar correos con adjuntos y (0º) jugar a algo un poco menos casposo que el solitario. . A pesar de ello, las noticias del otro lado del charco insisten: los smartphones no funcionan y
la próxima generación será maravillosa
. Y así sucesivamente.


A mi primer teléfono, un de segunda mano con su navikey y su juego de la serpiente, ahogado en una infausta piscina: in memoriam.