Sexo en Marte

¿Sexo? ¿Marte? ¿Sexo en Marte? La intersección de esos dos conceptos devuelve, hoy por hoy, el conjunto vacío. Sin embargo, un artículo publicado en el Journal of Cosmology (2010, Vol 12, 4034-4050) con el expresivo título Sex On Mars: Pregnancy, Fetal Development, and Sex In Outer Space por Rhawn Joseph (atención, científico loco) presenta el que bien podría ser uno de los obstáculos más importantes para el desarrollo futuro de misiones de larga duración en el espacio —y no sólo a Marte, como indica el título.

El texto comienza descontando de partida las dificultades mecánicas de la cópula en microgravedad: se trata tan solo de un problema de “acoplamiento y entrada”, de los que los ingenieros aeroespaciales ya han resuelto para nuestra completa satisfacción. Sólo puedo añadir tres palabras a este juicio inapelable: The Uranus Experiment. Negaré haberlo dicho. Más allá, Joseph cubre un terreno considerable desde los rituales de cortejo de H. sapiens en grupos aislados hasta el (problemático) desarrollo fisiológico embrionario y fetal de diferentes especies animales, incluyendo algo de especulación sobre los efectos del ambiente marciano sobre la descendencia humana, algo inevitable si lo que se pretende es colonizar el planeta rojo, pero accidental en cualquier otro caso.

Acostumbrado como estoy a vivir en un entorno urbano y bajo el paraguas de una relación monógama a largo plazo, el concepto de “ritual de apareamiento” y de “lucha sexual” para miembros de mi especie se me antoja lejano. Sin embargo, Joseph nos transporta de un modo aséptico a un mundo muy diferente, el de los cosmonautas aislados y en sociedad. Algo quizá más similar de lo que querríamos creer a una tribu de bonobos, con sus machos y hembras dominantes. Un ejercicio insensato de lo que llaman los anglos wishful thinking nos permitiría descontar todo el ensayo como amarillista; sin embargo, es más difícil hacer lo mismo cuando comienzan los testimonios. Naturalmente, Joseph dedica una sección al extraño vodevil protagonizado por , astronauta en la misión a la ISS en 2006 y arrestada siete meses después por el intento de secuestro de Colleen Shipman, su “sustituta” en el corazón de . ¿Un caso aislado?

Consider for example, the case of 32-year-old Dr. Judith Lapierre, a Ph.D. health sciences specialist, sponsored by the Canadian Space Agency, who participated in a 110-day isolation experiment designed to simulate a long duration space mission (Oberg 2000; Warren, 2000). According to Dr. Lapierre, two of her Russian international crew mates became embroiled in a 10 minute violent blood splattering fight, immediately after which she was physically accosted and manhandled by the team commander, a Russian, who began forcibly kissing her and sticking his tongue in her mouth (Oberg, 2000; Warren, 2000).

Dr. Lapierre forcefully protested immediately before, during, and after the assault, and was so frightened of additional sexual attacks that locks were placed on the doors to the passageway linking her test module with the Russian module. She and her crew mates also hid all the knives as they feared more violent outbursts and physical assaults. […]

Traduzco:

Consideremos, por ejemplo, el caso de la Dra. Judith Lapierre, especialista en ciencias de la salud que participó con 32 años de edad en un experimento de aislamiento durante 110 días con el propósito de simular una misión espacial de larga duración (Oberg, 2000; Warren, 2000). De acuerdo con su testimonio, dos de sus compañeros de tripulación, rusos, se enzarzaron en una violenta pelea durante diez minutos. Inmediatamente después el comandante del equipo abusó físicamente de ella, besándola a la fuerza e introduciendo la lengua en su boca (Oberg, 2000; Warren, 2000).

La Dra. Lapierre resistió con fuerza la agresión. Para evitar ulteriores ataques, se instalaron cerraduras en las puertas de acceso entre su laboratorio y el módulo ruso. Así mismo, con la ayuda de sus compañeros, escondió todos los cuchillos ya que temía más brotes de violencia y abusos. […]

El experimento, denominado SFINCSS-99, tuvo lugar durante 1999 y 2000 en el Instituto de Problemas Médicos y Biológicos (Институтом медико-биологических проблем), y fue el precedente inmediato del actual Mars 500. James Oberg reporta el suceso más extensamente en Violence and Sexual Assault in “Space”; otro punto de vista puede encontrarse en The Real World, Moscow-Style (enlace de archive.org por problemas en el original) por Yuri Karash. Como es triste costumbre en estos casos, lo ocurrido va más allá de la mera agresión e incluye insinuaciones de xenofobia y acusaciones de provocación por parte de los organizadores rusos.

Volviendo al artículo que nos ocupa, Joseph presenta más casos documentados de intimidad con consentimiento entre participantes en misiones simuladas y en la Antártida, donde se registraron, sólo en instalaciones australianas, siete embarazos entre 1989 y 2006. En este punto las relaciones entre los astronautas ficticios de la de empiezan a parecer algo menos folletinescas; incluso serían de esperar. La recomendación de , el tercer hombre del , parece suscitar la aprobación entre los expertos: enviar a misiones de larga duración parejas con relaciones estables. De cualquier forma, un suministro asegurado de medidas anticonceptivas no haría daño. Nadie en su sano juicio querría enfrentarse a un embarazo y un parto durante el mayor viaje de la Humanidad —aunque diversos estudios citados en el artículo indican que el desarrollo fetal en mamíferos no es posible en un entorno de microgravedad. Joseph propone, siguiendo una acendrada tradición de la , la solución más cara posible: enviar dos naves con tripulaciones segregadas por sexos. A mí se me ocurre la más barata: enviar sólo machos vasectomizados.

¿Habrá o no sexo en Marte? Mientras haya seres humanos en cantidad, variedad y tiempo suficientes, puede afirmarse con rotundidad: sí. ¿Terminará financiando una misión al planeta rojo Paolo Vasile o alguno de sus sucesores? Preferiría no tener que ver por televisión la respuesta a esa pregunta.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

6 comentarios sobre “Sexo en Marte”

  1. Ya veo, otro clon de… Éste es mejor: el mail que envían al registrarse está firmado por "el equipo de menéame". Dos bugs en uno 🙂

  2. Roskosmos lo tiene claro: a raíz de lo acontecido en SFINCSS-99 no habrá mujeres en los vuelos simulados a Marte…y probablemente tampoco en los reales de larga duración.

    Los futuros astronautas marcianos lo llevan crudo 😉

  3. Me parece un error muy serio (¿por qué no vuelos sólo de mujeres?). No se puede luchar contra la naturaleza humana, pero antes de romper la baraja se pueden intentar otras estrategias.

    Por otra parte, tengo la seguridad de que las conejitas del Apolo XII volverán a volar. Actualizadas y digitalizadas. Si es que no lo están haciendo ya.

  4. Totalmente de acuerdo. Creo que lo único que han hecho es optar por el camino fácil en vez de buscar técnicas para resolver conflictos. Una pena.

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