Blasfemia no es nombre de mujer

Lo que son las modas. Ya casi no es posible encontrar a mujeres que respondan al nombre de Eufemia, pese a su buena intención, al menos etimológica: algo así como «la que bien habla». Si esto es así para la bella aunque algo anticuada Eufemia, imaginemos qué habría sido de la implausible pero cognada Blasfemia. ¿Cognada? La palabreja es el pariente listo de cuñado, con el que comparte origen —precisamente «pariente» en latín.

Cognadeando entonces, Blasfemia sería la que ofende cuando habla —y pobre Blas; aunque las etimologías más probables rebajan su ofensa a una inofensiva tartamudez. La acción de blasfemar quedaría entonces como una cuñada de difamar. También malhablada, aunque con un tema de conversación más bien monocorde: el olor a incienso, los golpes en el pecho, el no-trates-de-comprender-solo-créetelo.
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Derechos y favores

¿Quiere el PP eliminar el derecho a la copia privada? Este artículo de El País presenta el interesante debate entre David Cierco, director general para el Desarrollo de la Sociedad de la Información, y José Ignacio Echániz, secretario de Nuevas Tecnologías del Partido Popular. Mención aparte de la posible tendenciosidad del titular, el hecho es que refleja la cuestión lanzada al aire por Cierco: ¿qué implicaciones tiene la postura contra el canon del PP?

El derecho a la copia privada está unido a su compensación, y ésta se realiza a través del canon digital. Sólo de un modo delegado puede afirmarse que estar contra el canon supone propugnar la supresión del derecho de copia; es posible proponer modos de compensación diferentes (algo que, a día de hoy, el PP no ha hecho). Pero, suponiendo cierto el silogismo, ¿qué se propone desde la bancada popular? Explícitamente, nada.

Implícitamente, se debería proponer la única alternativa jurídica al derecho a la copia privada. Mención aparte de la anarquía —habría que ver cómo está tratada la propiedad intelectual en la jurisdicción congoleña, por ejemplo—, me refiero al Fair Use anglosajón, traducible como “uso aceptable de una obra bajo copyright”. Hay mucho que desbrozar al respecto, pero es posible estar de acuerdo en que, mientras que la copia privada supone un derecho del ciudadano, garantizado por el sistema legal, y que por tanto deja en manos de un eventual demandante la prueba de culpabilidad, el Fair Use es mucho menos específico: un contrato implícito entre un autor (o cualquier parte que tenga transferidos los derechos de copia, como distribuidores o sociedades generales de variopintos pelajes) y un consumidor. Un aspecto peligroso: en caso de demanda por violación de copyright, la defensa que invoque un “uso aceptable” de la obra en litigio tiene sobre ella el peso de la prueba, lo que obliga al demandado a gastar recursos en el proceso de los que puede no disponer, sobre todo en el caso de ciudadanos particulares.

Es precisamente en jurisdicciones donde el Fair Use es ley en las que pueden prosperar demandas contra los piratas de la mula, como en el caso Capitol contra Thomas, en el que una mujer de Minnesota, Jammie Thomas, fue condenada a pagar 220.000 dólares por compartir 24 canciones en la red KaZaA. Por motivos como éste, considero que el derecho de copia privada protege mejor los intereses del público en su conjunto; otra cosa es la idoneidad de la compensación o de su forma recaudatoria, y es a este campo al que habría que trasladar el debate, ya de por si suficientemente demagógico.

Los rincones oscuros de Unicode

¿Qué hay tras un símbolo? Puede ser tan sólo un conjunto de líneas, o la representación más sintética del sufrimiento humano. En los últimos tiempos se han escuchado voces, provenientes en su mayoría de las repúblicas bálticas y Polonia, clamando por la ilegalización de los símbolos de su pasado bajo la dominación soviética. ¿Prohibirán también Unicode, y en particular, su símbolo U+262D?

Unicode incluye el símbolo de la hoz y el martillo, dentro del grupo Símbolos Misceláneos. Una curiosa coincidencia lo sitúa en la tabla junto al símbolo de la paz (código U+262E), en el subgrupo de símbolos religiosos y políticos. Si prospera la propuesta de ilegalización en toda la Unión Europea, es probable que el código U+262D quede vacante. Después de todo, un símbolo comparable en la intensidad de las reacciones que genera, la esvástica nazi, no se encuentra por ninguna parte, muy probablemente debido al hecho de que es ilegal en Alemania, y se ha intentado que también lo sea en toda la Unión.

En cualquier caso, puede que Unicode no recoja la esvástica, ¡porque ya contiene tres! Se trata de los códigos U+0FCC (esvástica tibetana), en el grupo Tibetano, junto con U+5350 (ideograma chino “esvástica”) y U+534D (ideograma chino “esvástica inversa”), ambos en el grupo Ideogramas CJK Unificados.

Es imposible eliminar estos símbolos del catálogo de Unicode sin dañar su capacidad para representar el chino y el tibetano. También creo que no tiene sentido prohibir un símbolo fuera de un contexto orwelliano de limpieza lingüistica. Las personas libres deben poder recordar su pasado, glorioso o abominable, del modo más eficaz; debería ser un derecho y un deber como ciudadanos. Así pues, añadamos esa esvástica (la que se dibuja en una rejilla cuadrada de 5×5, girada 45 grados) a su lugar correcto en Unicode, y seamos intolerantes con la intolerancia, la única excepción que como sociedad democrática deberíamos admitir.