El principio de un fin

Esta semana pasada tuve ocasión de visitar la Bolsa de Madrid. Recorriendo el parqué, la impresión de recorrer un cascarón vacío iba incrementándose a cada paso. Lo que un día fueron animados corros hoy no son más que carteles de letras en relieve con tipografía decimonónica. Los corredores han sido sustituidos por pantallas, ya ni siquiera de última generación. El olvido va adueñándose poco a poco de lo que fue el corazón de la vida económica de la ciudad.

En una pequeña parte me siento responsable. La automatización en forma de máquinas de calcular, mecánicas primero y electrónicas después; y la traslación de las transacciones económicas al mundo virtual han vaciado de sentido físico a las Bolsas de todo el mundo, y en particular a las europeas, que en su mayor parte no operan ya en el mundo real. En realidad, la parte del león de la culpa la tienen los gatos, si se me permite el retruécano: CATS (Computer Assisted Trading System). Ahora, con todo el ruido y la furia del mercado corriendo por fibras ópticas, el palacio de la Bolsa de Madrid se alza como un monumento al recuerdo, con sus incomodísimas sillas y su ocasional corredor jubilado vagando por los pasillos o anotando lentamente en un cuaderno de hojas anchas, con plumín y tinta china, números irremediablemente obsoletos.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.