¡Camarero, hay mercurio en mi bombilla!

Era de esperar. Las bombillas de bajo consumo, santo grial de los ecologistas y de los que quieren parecerlo, contienen mercurio y por tanto deben ser evitadas como la peste. Greenpeace recomienda, en su lugar, comer mucha zanahoria para ver mejor en la oscuridad. Al menos, hasta que se descubran los efectos perniciosos de un exceso de ácido retinoico y carotenoides en las aguas fecales sobre la fauna marina, momento en el que pasarán a cantar las virtudes de dormir más. No hay nada tan ecológico como dormir, ¿no es cierto?

Ninguna sorpresa, en verdad. Los tubos fluorescentes son lámparas en las que una descarga eléctrica a través de una atmósfera inerte (de argón o neón, de ahí el otro nombre por el que se los conoce) con una pequeña cantidad de vapor de genera radiación ultravioleta. Ésta, absorbida por un revestimiento a base de fósforo y otras sustancias, es reemitida como luz visible, con una eficiencia energética muy superior a las tradicionales lámparas de filamento. El mercurio es fundamental para su operación, y las mal llamadas bombillas de bajo consumo (CFL, de las siglas en inglés de lámpara fluorescente compacta), no siendo más que tubos de menor tamaño, son también portadores del venenoso metal en una cantidad aproximada de cinco miligramos por pieza. Es evidente que la reciente popularidad de las CFL nos está abocando a un problema global de tratamiento de residuos y, en el plano individual, a una exposición incrementada al metal pesado más característico. A menos que…

En números redondos, una CFL normal consume cinco veces menos que una bombilla tradicional para una misma intensidad lumínica, y tiene una vida media diez veces superior (alrededor de 10000 horas). Tomemos una lámpara de 100 W de potencia como referencia, y su contrapartida CFL de 20 W. Ésta contiene 5 mg de mercurio frente a cero de la lámpara tradicional. ¿Fin de la historia? No exactamente. Resulta que todo combustible quemado en una central térmica para la generación eléctrica contiene un exiguo porcentaje de mercurio, que acaba disperso en la atmósfera. Se estima que el carbón con más alto contenido en mercurio provoca la dispersión de 26 gramos por Gigavatio-hora de electricidad producida, mientras que el petróleo suele ofrecer residuos menos importantes, de unos 6 gramos por Gigavatio-hora. Estimemos unos 10 g/GWh para obtener una cifra fácil: en 10000 horas, 5 bombillas de 100 W habrán consumido 1 GWh de energía, con una emisión total de 10 gramos de mercurio. Una CFL, en el mismo periodo, incurrirá en unas emisiones por consumo cinco veces menores, en virtud de su mayor eficiencia; su contenido inicial de mercurio es cuatro órdenes de magnitud menor, y por tanto, despreciable.

No quisiera ser malinterpretado, del mismo modo que tampoco desearía inhalar cinco miligramos de vapor de mercurio por deporte. Pero sí pretendo situar los hechos en perspectiva. El nivel inocuo de vapor mercurial se estima en unos 5 µg/m3: por tanto, es necesario disipar el vapor de ese CFL roto por accidente en 1000 m3 de aire para estar totalmente seguros. Abre las ventanas un rato —tres minutos deberían bastar en cualquier habitación bien ventilada, pero pongámoslo en un cuarto de hora para limpiar de mercurio, junto con el aire de casa, nuestras conciencias. Si la bombilla no se rompe, mejor; cuando se “funda”, los puntos limpios serán la mejor opción para su adecuado tratamiento. Como de costumbre, el pánico a la química no es buen consejero.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

3 comentarios sobre “¡Camarero, hay mercurio en mi bombilla!”

  1. Nos estamos volviendo gilipollas, te lo digo yo. Recuerdo cuando empecé a hacer mis pinitos científicos con 6-7 años (léase mirar moscas por un microscopio), que me encantaba jugar con unas gotitas de mercurio que había sacado de a saber dónde. Claro que igual por eso estoy calvo.
    En fin, que cualquier día de estos van a decir que follar es tóxico o consume demasiada energía o lo que sea y lo prohibirán. Y entonces habrá que echarse al monte y organizar una Revolución con río de sangre incluido. Ramén.

  2. Yo también tenía un botecito, y así estoy ahora. Viendo que compartes mi experiencia, confirmo que el mercurio tiene que ser venenosísimo. ¿Abrimos un club de afectados? Igual podemos denunciar a alguien, no sé… Podríamos poner fotos de Brad Pitt y nuestras, con el título “lo que podríamos haber sido/lo que somos”, y pedir daños y perjuicios por varios fantastillones de patodólares… Ja, ja, ja… glglgl

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