Si tuviera mil millones

Karl Schroeder es un autor de ciencia ficción canadiense que no conocía. Publicando temporalmente desde el blog de Charles Stross, alejado de los teclados hasta mediados de mes debido a una gira promocional, está dejando caer algunas perlas como Wicked (en dos entregas), Our Eucatastrophe o la entrada que va a ocuparnos aquí, If I had a Billion Dollars. Quién no se ha preguntado nunca qué haría con mil millones en el bolsillo. (Correr. Mucho.) O como preferimos decirlo por aquí: ¿y si te tocara una primitiva? Me dicen que hay un juego que, con menor probabilidad aún que la lotería primitiva, ofrece mayores premios: los euromillones. De acuerdo. ¿Y si te tocaran los euromillones?

Euro de aranjuez1404 (Flickr)

Tengo poca experiencia en juegos de azar, lo confieso, porque los impuestos deben ser algo fundamentalmente obligatorio —no creo en “impuestos voluntarios”. Mientras Loterías y Apuestas del Estado siga siendo “del Estado” eso es, exactamente, la primitiva y los euromillones; una vez que lo privaticen será simplemente un catéter más para extraer dinero de las cada vez más magras clases populares y transfundirlo a las cuentas bancarias de sus directivos y accionistas. Tampoco jugaré.

Obviemos esta pequeña pulla antiliberal —qué palabra más fea: tienes mil millones en el bolsillo. ¿Qué haces con ellos? No vale repartirlo entre parientes, que eso ya dice que lo hace todo el que gana. Schroeder nos propone esta pequeña lista de la compra de objetivos friquis para financiar:

Una granja vertical no es más que un edificio en medio de una ciudad optimizado para el cultivo de diferentes cosechas. Una especie de invernadero de varias plantas, con potencial para aprovechar las infraestructuras metropolitanas preexistentes (agua, electricidad, alcantarillado), utilizar paneles solares y depósitos de aguas recicladas de forma extensiva, y ofrecer sus productos al entorno más inmediato, con los ahorros resultantes en capital y CO2. Como beneficio adicional, la granja vertical sería un entorno controlado en el que se reduciría radicalmente la necesidad del empleo de pesticidas y crearía puestos de trabajo locales. No, nadie ha construido ninguna por aquí.

La RepRap es una impresora 3D de código abierto que puede imprimir gran parte de sus propias piezas para copiarse a sí misma. Todavía no reproduce partes metálicas ni circuitería, y hay que hacer a mano el montaje: sin embargo, cuando estos pequeños problemas estén resueltos y tengamos una auténtica máquina autorreplicante las transformaciones sociales subsiguientes serán algo digno de ver. Si sobrevivimos a la aventura, claro está.

  • 200 millones para repartir entre diferentes proyectos que persiguen reacciones autosostenidas de fusión por métodos diferentes (y más baratos) que el tokamak gigante del ITER.

Aunque los (pocos) políticos que reparten los (escasos) fondos dedicados a la investigación científica preferirían que no pensáramos en ello, el ITER —el cuarto proyecto científico-técnico más caro de la historia, después del Apolo, la ISS y el proyecto Manhattan— tiene no una, sino varias alternativas tecnológicas. El grado de confianza que la comunidad científica ha puesto en ellas puede no ser muy alto, pero el coste que tendría confirmar que no son válidas es varios órdenes de magnitud menor que el del desarrollo del ITER. Naturalmente, nadie parece muy interesado en hacerlo: es mucho dinero para inversores convencionales, y ninguno de los inversores estatales querría quedar como el imbécil que financió un proyecto de diez mil millones de euros para hacer algo que podría haberse hecho por 100 millones o menos. Entre las alternativas más prometedoras a la fusión “tradicional” del ITER se cuentan el Polywell, el enfoque de plasma denso y el curioso sistema mixto de fusión de blanco magnetizado que desarrolla General Fusion.

Las diferentes variantes de sistemas de lanzamiento basados en láser tienen la gran ventaja de proporcionar la energía necesaria para el despegue desde tierra, con lo que la ecuación del cohete ideal de Tsiolkovski deja de ser relevante: no sería necesario llenar un rascacielos de una mezcla altamente explosiva para poner en órbita una cápsula del tamaño de un coche pequeño. Los sistemas de “segunda etapa” citados, entre otros, permitirían mejorar la movilidad de cargas entre diferentes trayectorias. Un ejemplo interesante es el rotovator, un concepto de ascensor espacial basado en un cable rotatorio:

La terra preta (del portugués “tierra negra”) se descubrió en la cuenca del Amazonas, siempre asociada a asentamientos humanos precolombinos —por lo que es llamada también terra preta de índio. El consenso científico es que se trata de suelos modificados por la acción humana mediante procesos de tala y carbonización: en vez de quemar los bosques hasta dejar solo cenizas, se realiza una pirólisis a baja temperatura para obtener carbón vegetal. Básicamente, fabricar picón a gran escala para la mejora de suelos agrícolas en lugar de como combustible. Esta es una de las técnicas de captura de CO2 que podría proporcionar más beneficios a medio plazo.

El concepto de apantallamiento magnético no busca otra cosa que replicar, a menor escala, la magnetosfera terrestre en una nave espacial. De este modo se eliminaría la mayor vulnerabilidad de los cosmonautas durante vuelos de larga duración fuera de la protección magnética terrestre: su exposición a la radiación ionizante del viento solar. Las velas magnéticas son un interesante concepto que puede derivar, a la postre, en sistemas más manejables que las actuales velas solares; con la ventaja añadida de que pueden usarse para realizar cambios orbitales en el interior de la magnetosfera terrestre —lo que nos proporciona un campo de juego cercano y conveniente para hacer pruebas.

  • 200 millones para comprar y lanzar un módulo BA 330 de Bigelow Aerospace: la idea es usarlo como plataforma de experimentación sobre estaciones espaciales con gravedad variable o como transbordador marciano.

El módulo BA 330, actualmente en desarrollo, parte de la tecnología del TransHab abandonada por la NASA para desarrollar estaciones espaciales hinchables —que, pese a ello, serían al menos tan resistentes al entorno espacial como sus versiones actuales de diseño lata de refresco. La idea del transbordador marciano fue propuesta entre otros por Buzz Aldrin: se trata de un nave en una órbita especialmente calculada para encontrarse con la Tierra y Marte a intervalos regulares sin usar combustible más que para efectuar pequeñas correcciones. Aldrin postuló la órbita más corta que cumple este requisito, con un periodo de 2,135 años terrestres y un tiempo de transferencia Tierra-Marte de 146 días (el viaje se puede hacer dos veces durante cada órbita, una de ida y otra de vuelta). Las naves tripuladas sólo tendrían que acoplarse al transbordador en el momento exacto para completar su viaje, propulsándose por sus propios medios sólo durante los segmentos inicial y final de su vuelo.

  • 100 millones para construir una guarida subterránea bajo el volcán de una isla desierta. Y uniformes amarillos. Muchos.

Porque yo lo valgo…

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

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