Utopías marcianas para realidades terrestres

La Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, compuesta entre 1992 y 1996, es una absorbente y detallista fantasía acerca de una colonización marciana que nunca realizaremos. Veinte años de progreso tecnológico y retroceso social, sin embargo, no han bastado para marchitar la fuerza del componente más importante de esta magna obra —en todos los sentidos, incluido el más físico. La faceta a la que me refiero no es, por supuesto, la predicción del desarrollo tecnológico de la humanidad de mediados y finales del siglo XXI; ni siquiera lo es la historia, creíble y detallada, de un posible proceso de terraformación marciano que aparece cada vez más lejos en el horizonte de la humanidad. No, amigos: se trata de la política. La Trilogía se puede leer, más que como una obra de ciencia-ficción al uso, como la historia coral del nacimiento de un nuevo sistema de económico y de gobierno apoyado en los puntales de la razón, el bienestar humano y la justicia social. ¿Utopía revolucionaria, socialismo trasnochado? Marx está levantando la cabeza. Os dejo con un diálogo socrático, ligeramente extractado porque KSR es un rollista de cuidado, de los personajes de Marte Azul en el congreso constitucional de Pavonis de 2128:

—Esta nueva economía que proponen […] supone una intrusión radical y sin precedentes del gobierno en los negocios […]

—Lo que acabas de decir sobre gobierno y negocios es absurdo […] Los gobiernos siempre regulan qué clase de negocios permiten. La economía es una cuestión legal, un sistema de leyes. Hasta ahora, hemos estado diciendo en la resistencia marciana que la democracia y el autogobierno son derechos innatos de toda persona, y que esos derechos no tienen por qué suspenderse cuando la persona va a trabajar. […] ¿Crees en la democracia y la autodeterminación?

—¡Pues claro! […]

—¿Crees que la democracia y la autodeterminación son los valores fundamentales que el gobierno debería fomentar?

—¡Pues claro! […]

—Muy bien. Si la democracia y la autodeterminación son derechos fundamentales, entonces ¿por qué habría de renunciar nadie a ellos cuando entra en su lugar de trabajo? En política, luchamos como tigres por la libertad, por el derecho a elegir a nuestros dirigentes, por la libre circulación, elección del lugar de residencia de trabajo… en suma, por el derecho a controlar nuestras vidas. Y luego nos levantamos por la mañana y vamos a trabajar y todos esos derechos desaparecen. Ya no insistimos en que son nuestros. Y de esa manera, durante la mayor parte del día, volvemos al feudalismo. Eso es el capitalismo, una versión del feudalismo en la que el capital sustituye a la tierra, y los empresarios sustituyen a los reyes. Pero la jerarquía subsiste. Y así, seguimos entregando el fruto del trabajo de nuestra vida, bajo coacción, para alimentar a unos gobernantes que no hacen ningún trabajo real.

—Los empresarios trabajan […] Y asumen los riesgos financieros…

—El llamado riesgo del capitalismo es simplemente uno de los privilegios del capital.

—La gestión…

—Sí, sí. No me interrumpas. La gestión es algo real, una cuestión técnica. Pero puede ser controlada por el trabajo tan bien como por el capital. El capital no es más que el residuo útil del trabajo de los trabajadores del pasado, y puede pertenecer a todos y no sólo a unos pocos. No hay ninguna razón que justifique que una pequeña nobleza posea el capital y los demás tengan que estar a su servicio. Nada justifica que nos den un sueldo para vivir y ellos se queden con el resto de lo que nosotros producimos. ¡No! El sistema llamado democracia capitalista no tenía nada de democrático. Por eso fue tan fácil que se transformara en el sistema metanacional, en el que la democracia se debilitó aún más y el capitalismo se hizo aún más fuerte. En el que el uno por ciento de la población poseía la mitad de la riqueza y el cinco por ciento de la población poseía el noventa y cinco por ciento de la riqueza restante. La historia ha mostrado qué valores eran reales en ese sistema. Y lo más triste es que la injusticia y el sufrimiento causados por él no eran necesarios, puesto que desde el siglo dieciocho han existido los medios técnicos para proveer a todo el mundo de lo necesario para la vida.

De manera que tenemos que cambiar. Ahora es el momento. Si la autodeterminación es un valor fundamental, si la justicia es un valor, entonces son valores en todas partes, incluyendo el lugar de trabajo en el que pasamos buena parte de nuestras vidas. Eso es lo que se declaraba en el punto cuarto del acuerdo de Dorsa Brevia, que el fruto del trabajo pertenece a quien lo efectúa, y que el valor de ese trabajo no puede serle arrebatado. Declara que los diferentes modos de producción pertenecen a quien los crea y al bienestar común de las futuras generaciones. Declara que el mundo es algo que todos administramos conjuntamente. Eso es lo que dice. Y en nuestros años en Marte hemos desarrollado un sistema económico que puede cumplir todas esas promesas. Ésa ha sido nuestra labor en los últimos cincuenta años. En el sistema que hemos desarrollado, todas las empresas económicas tienen que ser pequeñas cooperativas, propiedad de los mismos trabajadores y de nadie más. Ellos contratan a alguien para gestionarlas o las gestionan ellos mismos. Los gremios industriales y las asociaciones de cooperativas formarán estructuras más amplias necesarias para regular el comercio y el mercado, distribuir el capital y crear créditos.

—Eso no son más que ideas […] No son más que utopías.

—De ninguna manera […] El sistema se basa en modelos de la historia terrana, y sus diferentes apartados se han probado en los dos mundos y han tenido bastante éxito. No sabes nada
acerca de ellos en parte por ignorancia y en parte porque el mismo metanacionalismo hace caso omiso de todas las alternativas y las niega […] La racionalidad económica no es el valor más elevado. Es una herramienta para calcular costes y beneficios, una parte más de una ecuación que concierne al bienestar humano. La ecuación mayor es la economía mixta y eso es lo que estamos construyendo aquí. Estamos proponiendo un sistema complejo, con esferas públicas y privadas de actividad económica. Tal vez pidamos que todos entreguen un año de sus vidas al bien público, como en el servicio civil suizo. Ese fondo común de trabajo, además de los impuestos que pagarán las cooperativas privadas por el uso de la tierra y sus recursos, nos permitirá garantizar los llamados derechos sociales que hemos estado discutiendo: vivienda, atención médica, alimentos, educación… cosas que no deberían estar a merced de la racionalidad del mercado. Porque la salute non si paga, como solían decir los trabajadores italianos. ¡La salud no está en venta! […]

—Entonces no se dejará nada para el mercado […]

—No, no, no […] El mercado existirá siempre. Es el mecanismo mediante el cual se intercambian los bienes y los servicios. La competencia para producir el mejor producto al mejor precio es inevitable y además saludable. Pero en Marte será dirigido por la sociedad de una forma más activa. Los productos esenciales para el soporte vital no serán vehículo de beneficio, y la porción más libre del mercado dejará de lado los productos esenciales y se concentrará en los no esenciales, y las cooperativas de propiedad obrera podrán acometer empresas comerciales arriesgadas, si así lo deciden. Si las necesidades básicas están cubiertas y los trabajadores son los propietarios de sus negocios, ¿por qué no? Lo que estamos discutiendo es el proceso de creación […]

—¿Y qué hay de los aspectos ecológicos de esa economía a los que solías dar tanto énfasis?

—Son fundamentales […] El punto tercero de Dorsa Brevia establece que la tierra, el aire y el agua de Marte no pertenecen a nadie y que nosotros somos los administradores para las futuras generaciones. Esa administración es responsabilidad de todos, pero en caso de conflictos proponemos la existencia de tribunales medioambientales poderosos, quizá como parte del tribunal constitucional, que estimará los costes reales y totales de las actividades económicas en el medioambiente, y ayudará a coordinar planes para aliviar el impacto.

—¡Pero eso es una economía planificada! […]

—Las economías son planes. El capitalismo planificaba tanto como nosotros, y el metanacionalismo trataba de planearlo todo. Una economía es un plan […]

—Eso no es más que el regreso del socialismo […]

—Marte es una nueva totalidad. Los nombres procedentes de anteriores totalidades son engañosos. Se convierten en poco menos que términos teológicos. Hay elementos que podrían llamarse socialistas en este sistema, por supuesto. ¿De qué otra manera eliminar la injusticia de la economía si no? Pero las empresas privadas serán propiedad de quienes trabajen en ellas en vez de ser nacionalizadas, y eso no es socialismo, al menos no el socialismo que se ha intentado practicar en la Tierra. Y todas las cooperativas son negocios, pequeñas democracias dedicadas a un trabajo u otro, todas necesitadas de capital. Habrá un mercado, habrá capital. Pero en nuestro sistema serán los trabajadores los que contratarán al capital, en vez de lo contrario. Eso es más democrático, más justo. Compréndanme, hemos intentado evaluar cada detalle de esta economía según su grado de acercamiento a los objetivos de mayor justicia y mayor libertad. Y la justicia y la libertad no se contradicen tanto como se pretendía, porque la libertad en un sistema injusto no es libertad, ambas emergen a la vez. Y por eso su conciliación es posible. Sólo hay que crear un sistema mejor, combinando elementos cuya compatibilidad está avalada por la experiencia. Ahora es el momento de hacerlo. Nos hemos estado preparando durante setenta años. Y ahora que se ha presentado la oportunidad, no veo razón para arredrarse sólo porque algunos tienen miedo de viejas palabras.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

9 comentarios sobre “Utopías marcianas para realidades terrestres”

    1. Recuerdo con total claridad que mientras me estuve leyendo la Trilogía de Marte (bastante tiempo, ya que lo hice del tirón y le añadí “Los Marcianos”), había noches que soñaba que estaba allí. Uno de los sueños fue particularmente intenso: yo salía por una escotilla en el suelo de un refugio subterráneo con mi traje y veía la luz rosa y fría del amanecer, el cielo negro y mi sombra.

      En un plano más prosaico: como manual de política la Trilogía… no tiene precio.

  1. Jolines, da escalofríos tanto por lo que sugiere que podría ser posible (escalofríos de intriga, emoción) como por lo bien que describe la locura hacia la que nos dirigimos (escalofríos malrolleros).

    Siempre tuve curiosidad por estas novelas, tienen que caer fijo. Gracias por el anticipo!

  2. Recuerdo perfectamente cuando leí esa deliciosa trilogía y sobre todo la fascinación que me produjo la difícil transición que se produce en ella desde el primer libro, que es un ejemplo de ciencia-ficción con profundas raíces tecnológicas basado en la verosimilitud de que lo que está contando tenga sentido, a ir abandonando los temas más puramente técnicos y metiéndose en caminos especulativos (básicamente políticos) según avanzaba la serie… me encantó, aprendí mucho y me hizo reflexionar… Eso sí, recuerdo el capítulo en el que se pasan páginas y páginas hablando de colores y diferencias cromáticas casi tan tedioso como la charla que una vez oí en cierta revista universitaria sobre las diferencias entre diferentes “fonts” 😉

    1. ¡Fernando, qué placer verte por aquí! Estoy de acuerdo contigo: hay capítulos que se hacen densos, muy densos. Tanto como para preguntar qué se estaba fumando el autor (y si le queda un poco para repartir). Disquisiciones sobre el pequeño pueblo rojo o las areofanías de Hiroko y sus seguidores…

      Por otro lado, es la única novela de ciencia ficción de la que soy consciente en la que un personaje escucha música de mi compositor favorito: Nirgal, mientras hacía esos infinitos maratones a través de las planicies marcianas, escuchaba (entre otros) a Bruckner. Para mí, caso cerrado 😀

  3. En poco menos de un mes, tres personas distintas me han recomendado esta trilogía, así que ¡hay que hacerse con ella! Lo malo es lo que dice Osqar, que uno acabe frustrado de no poder irse a Marte.

    1. A mí me lo recomendó @darksapiens hace casi un año, leí el primero y me pareció excepcional. Tengo que sacar tiempo para continuar con la saga.

      Muy recomendable

      1. ¿Cómo, que no te la has leído entera? Ayayay…

        Ahora en serio: a veces se hace espesa, pero la recomiendo igual. Aunque cuando la leí todavía me quedaba una minúscula esperanza de que lo que se describe en las novelas ocurriera realmente; ahora ya no lo creo. No sé si leerla bajo ese prisma afectaría a la experiencia global.

    2. Hoy por hoy, la Trilogía de Marte es la mejor experiencia de realidad virtual marciana. Los capítulos en los que se lee como una novela de viajes a la antigua usanza son tan gráficos… Y luego está la política ficción, claro. Que es cada vez menos ficción por la parte mala.

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