Accidente de tren en O Porriño

Hoy, desgraciadamente, son de nuevo malos días para el tren español. Un tren de pasajeros de Comboios de Portugal (CP) ha descarrilado alrededor de las 9:30 en la entrada de la estación de O Porriño. Mientras escribo este artículo parece haber confirmados cuatro fallecidos (entre los que se cuenta el maquinista) y un número no determinado de heridos. Más allá de la tragedia humana, los hechos técnicos son los siguientes —con las limitaciones propias del que suscribe, naturalmente:

  • El tren accidentado es un automotor diésel de la serie 592, con tres coches, fabricado a finales de los setenta o principios de los ochenta, y alquilado por Renfe a CP.
  • Realizaba el trayecto internacional Vigo Guixar-Oporto, que no tiene parada programada en O Porriño. Debió salir a las 9:02, según los horarios de Renfe.
  • El tren ha quedado detenido en la vía 5 de la estación, derribando un poste de gran altura al salir del gálibo de seguridad.
Entrada de la estación de O Porriño desde el puente de la N-120. La vía 5 es la de más a la derecha. (Fuente: Google Maps)
Entrada de la estación de O Porriño desde el puente de la N-120. La vía 5 es la de más a la derecha. (Fuente: Google Maps)
  • La vía del trayecto es única; para llegar a la vía 5 de O Porriño es necesario franquear dos cambios de aguja consecutivos en posición desviada.
Plano de la estación de O Porriño con la ubicación del accidente marcada. (Fuente: Ministerio de Fomento, elaboración propia)
Plano de la estación de O Porriño con la ubicación del accidente marcada. (Fuente: Ministerio de Fomento, elaboración propia)
  • La velocidad máxima de la vía es de 160 km/h según la Declaración de Infraestructuras de Adif, aunque la entrada de O Porriño tiene una limitación de velocidad a 100 km/h que afecta a la vía principal (las desviadas tienen límites más estrictos, dependiendo del tipo de aguja, como veremos en el siguiente punto).
Limitación de velocidad en la entrada de O Porriño. (Fuente: Google Maps)
Limitación de velocidad en la entrada de O Porriño. (Fuente: Google Maps)
  • Las agujas son, con toda probabilidad, de tipo B (podrían ser de tipo A). Las velocidades de una aguja por vía desviada son inferiores a las de la vía directa debido a las aceleraciones laterales inducidas en el tren al cambiar de vía. Las tipo B tienen una velocidad máxima de paso en directa de 160 km/h, y de 60 km/h en desviada. Las tipo A son 140/30.
Agujas de entrada norte de la estación de O Porriño. (Fuente: Google Maps)
Agujas de entrada norte de la estación de O Porriño. (Fuente: Google Maps)
  • La posición de las agujas debe estar señalizada mediante señales previas. En ningún caso el sistema de control puntual ASFA actúa sobre el tren ante un paso por aguja desviada.

Estos condicionantes técnicos limitan las posibilidades del descarrilamiento a tres, en orden de probabilidad de menor a mayor —según mi entendimiento de la situación:

  • Rotura fortuita de un eje. Es poco probable: debería haber ocurrido en el primer bogie del tren en el momento del paso por una de las agujas.
  • Problemas de mantenimiento en las agujas.
  • Velocidad excesiva de paso por las agujas.

La primera posibilidad es un problema de mantenimiento de material rodante que no merece, en este momento, más comentario. Un análisis forense de los restos del tren lo determinará o lo descartará con facilidad.

La segunda es más problemática. Al parecer se habían efectuado reparaciones recientes, según declaraciones de la alcaldesa de O Porriño, para aumentar la velocidad de paso de los trenes. Una reparación con un control de calidad defectuoso es una de las vías de la investigación que deberá llevarse a cabo. Deberá analizarse cuidadosamente el estado de las dos agujas tras el accidente, así como determinarse su posición inicial o el estado de su enclavamiento.

La tercera, una velocidad excesiva de paso por las agujas, puede explicarse si se conoce la operativa habitual del trayecto. ¿Era la vía 5 la de paso habitual? Lo normal, en un servicio que no efectúa parada, es atravesar la estación por una vía directa. En este caso sería la vía 1, aunque no puede descartarse la 3. ¿Quizá el maquinista, acostumbrado a pasar por la vía directa, obvió las señales que indicaban el paso por vía desviada? ¿Quizá fue un cambio de última hora no reflejado en la hoja de ruta? ¿Un problema de mantenimiento en las señales (en Galicia es necesario, por ejemplo, controlar frecuentemente que la vegetación no obstaculiza su visibilidad)?

Solo el tiempo y una investigación exhaustiva podrán dar respuesta a las incógnitas que se abren. Es de esperar que mejoren los procedimientos operativos para reducir la posibilidad futura de un accidente como este.


(Actualización del 10/09.) Para obtener una visión de conjunto con muchos más datos contextuales de este suceso, no dejéis de leer el artículo de Andrés Rodríguez en Ciencias y Cosas: Anotaciones rápidas sobre el accidente de tren de Porriño.

No es micromecenazgo

Mirad esta noticia:

Cientos de mecenas ‘rescatan’ en 24 horas a una estudiante de Bellas Artes a la que le habían denegado la beca

eldiario.es

Una más, ¿verdad? Ah, crowdfunding. Literalmente, «financiación de masas», traducido normalmente como micromecenazgo en detrimento de la antigua cuestación popular. El micromecenazgo (uso esta palabra porque no quiero que parezca que me he escapado del siglo XIX) se está volviendo algo cada vez más popular, válgame la redundancia conceptual. Tan popular que incluso existen páginas de meta-micromecenazgo: en Crowdacy se listan nada menos que 109 plataformas de crowdfunding sin salir de nuestro pequeño país. Al principio fueron ideas para productos, pero ahora se «microfinancian» películas, ensaladas de patatas, carreras universitarias e incluso proyectos de investigación. El micromecenazgo es el futuro. ¡Qué digo el futuro! El presente de la financiación para cualquiera que no tenga la fortuna de disponer de una familia de profundos bolsillos o de un banco dispuesto a respaldar su emprendeduría. Ahora que lo pienso, estas dos condiciones son en realidad la misma.

crowdfunding
Plataformas de micromecenazgo según Crowdacy (21/07/2015).

Así que todo resuelto. ¿No tenemos ni un triste euro ahorrado para emprender como (el) Dios (neocon) manda? Nada, nada: micromecenazgo. ¿Nuestra familia solo nos da los buenos días y algo de ánimo —no mucho, que va caro? Micromecenazgo. ¿El banco no nos hace casito? Adelante con el micromecenazgo. ¿Hay una crisis generalizada de crédito? No importa, recurrimos al micromecenazgo y arreglado. La pena de todo esto es que, en la vorágine micromecenázguica (vale, ya dejo de inventarme palabras) hemos olvidado sus orígenes raciales e hispanos.

Sí, soy un viejuno. Ahora no os resulta tan raro que me acordara de eso de la «cuestación popular», ¿verdad? Pues también recuerdo a la gran Lola Flores, la Lola de España. Una peseta pedía a cada español para pagar la multa de trescientos millones que le exigía el fiscal en su juicio por fraude —un olvido de nada, unos añitos sin hacer declaración de la renta. Como puede observarse en el impagable documento gráfico que os aporto, la señora Flores se da cuenta rauda de que con una peseta por español tendría que volver a reclamar para la Corona las posesiones de América para poder saldar su deuda. De modo que cambia la humilde peseta por las algo menos humildes (para la época, recordemos) cien pesetas. Vulgo veinte duros, vulgo chocolatina, actuales sesenta tristes céntimos de euros alemanes. Con cien pesetas por español, y dada la población de la época, tenía para pagar su multa, el concierto más copa de agradecimiento y retirarse con la calderilla que sobrara.

¿Algún problema? Sí, algún problema. Es posible que desarrollar y sacar al mercado un producto no sea uno de los derechos fundamentales con los que todos nacíamos. Puede que financiar una película tampoco esté entre ellos, aunque no hace tanto tiempo existía un organismo que llamaban «ministerio de Cultura» que apoyaba de esa forma la difusión de lo que quiera que tuviéramos de bueno para enseñarnos y para mostrar por ahí fuera. Pero cuando hablamos de educación o de investigación científica nos estamos acercando —yo diría que ya hemos rebasado, pero ¡opiniones!— el límite de aquello a lo que deberíamos, como personas, tener derecho. Mención aparte del absurdo de base: el micromecenazgo tiene alguna posibilidad de funcionar en tanto solo pretendan sacar algo de él unos pocos. Si lo que pretendía la añorada Lola se hubiera transformado en un movimiento de masas todos habríamos acabado aportando para todos los demás exactamente lo que nos hubieran dado. ¡Magia matemática!

El crowdfunding no es un instrumento democrático, sino un elemento más de atrezzo en un aparente gobierno de las masas ciudadanistas que, en realidad, sigue siendo la misma oligarquía de siempre —sí, la que lanzaba (y lanza todavía) cuestaciones populares para sufragar un nuevo templo, o un monumento a caballo del prócer que tocara. Si lo miras y te da vergüenza no es micromecenazgo, es mendicidad. Voy a abrir una petición de firmas para buscar apoyos.

Sobre-costes

Observad el párrafo final de este artículo de 20minutos: «El informe que “expulsó” a Tomás Gómez: la Policía investiga a 11 de sus ediles y sus 14 empresas».

El tranvía de Parla fue adjudicado por 93,5 millones de euros (IVA aparte) en mayo de 2005 a un consorcio de empresas. Las obras tuvieron un sobrecoste del 38 % tras dos modificaciones presupuestarias, que incrementaron el precio 36 millones más IVA. En total las obras han salido en 255,9 millones de euros. El calendario de pagos termina en 2037.

Más allá de la ambigüedad del titular —¿de quién eran las 14 empresas, de Gómez o de sus ediles?— el párrafo final garantiza que 20minutos no va a entrar, próximamente, en ninguna competición de calidad periodística. En el cuerpo del artículo habla de la aprobación por parte del ayuntamiento parleño de incrementos en el coste del proyecto en dos ocasiones separadas. El montante inicial del proyecto, 93,5 M€ en su adjudicación en 2005, aumentó en 22,7 M€ un año después. En 2009, dos años después de la inauguración, se añadieron 13,3 millones más a las cuentas.

Ahora hagamos una sencilla suma. 22,7 más 13,3 son 36 M€ (como, concienzudamente, nos informa el artículo). El porcentaje calculado del sobrecoste sale del 38,5 %, un poco más que el reportado por el diario, para un total de 129,5 M€. ¿Y los 255,9 millones, de dónde salen?

Como no informa 20minutos, la diferencia entre los 129,5 y los 255,9 millones corresponde a la financiación de la deuda. El ayuntamiento de Parla, al igual que cualquier otra entidad pública o privada, puede no disponer de cientos de millones guardados en peliculeras cámaras acorazadas o mundanas bolsas de basura. En ese triste caso tendría que financiar sus compras.

Resulta que 129,5 M€, financiados a 30 años (de 2007, la inauguración del tranvía, a 2037, fecha de la finalización prevista de los pagos de la que —ahora sí— tenemos noticia gracias a 20minutos) y con un tipo fijo del 5,2 % «cuestan» aproximadamente 255,9 M€. Quizá sea un coste algo caro para una financiación a 30 años negociada por una entidad pública, pero no estaríamos hablando de más de unas décimas. Ni siquiera el 38 % de sobrecostes es excesivo. Flyvbjerg, por ejemplo, sitúa la media de desviación presupuestaria en proyectos ferroviarios en el 45 %; está citado en este metaanálisis: Cost Overruns in Large-scale Transportation Infrastructure Projects: Explanations and Their Theoretical Embeddedness. Así pues, ¿dónde está la noticia?

Lo que está bajo sospecha aquí no son los costes, sino su imputación. ¿Están realmente justificados los costes en fallos de previsión, en cambios de alcance justificados, en variaciones de precios de materias primas? ¿Tuvieron las empresas de los ediles involucrados —no de Tomás Gómez, pese a la duda inducida— algo que percibir de ellos? El artículo se limita a citar la sospecha genérica de la UDEF, que pide ayuda a la Tesorería de la Seguridad Social, a la Agencia Tributaria y a la Intervención General del Estado para desentrañar el asunto. No se habla en ningún momento de la naturaleza de tales sospechas y se puntúa la información con un despliegue de cifras tan poco llamativas que han hecho obligado recurrir a afirmar que el coste del tranvía incluye el de su financiación.

¿Lo normal? Cuando compráis un coche o un piso, ¿cuánto decís que ha costado? Apuesto a que ni siquiera recordáis cuánto daba la suma de los plazos del préstamo que firmasteis en el banco.


P.S.: Es lamentable que tenga que dejar esto claro, pero allá va. No pretendo defender a Tomás Gómez (leed esto, es entretenido), a sus ediles, a las empresas constructoras o a la concesionaria del tranvía. Ni siquiera estoy diciendo si es barato o caro ni examinando su impacto, positivo o negativo. Solo me quejo de cómo no-noticias sobre quién-sabe-qué sospechas (porque no las conocemos) se cuelan en nuestro menú informativo de todos los días. Y eso sin entrar a citar las cuatro veces, cuatro, que se remachan en el artículo cifras con la coletilla «más IVA». No me hagáis empezar con eso.

Foto de Ingolf.