Galculator: RPN (decente) en GNOME

Me ha costado, pero por fin he encontrado una calculadora para que soporta la (RPN). Sí, podía compilarme una x48 (y cada cierto tiempo lo hago), pero desde hace tiempo echaba en falta una calculadora sencilla y con una interfaz agradablemente integrada con el resto del escritorio. ¡Y la encontré! Galculator está en los repositorios de Ubuntu, así que basta buscarla en el Centro de Software o, desde una línea de comandos, teclear

sudo apt-get install galculator

Galculator: captura de pantalla

Tiene un pequeño fallo, pero nada grave: si se selecciona el modo de pila infinita (infinite stack), la tecla roll (para rotar la pila) no funciona. Puede seleccionarse una pila de cuatro elementos (x, y, z, t), como en las calculadoras HP más antiguas, pero cualquiera que haya echado las muelas del juicio con una (C o S) o superior agradecerá disponer de una pila indefinida.

Galculator tiene muchas otras funciones interesantes, además de las típicas de las calculadoras científicas: puede definir constantes o funciones nuevas a partir de otras ya existentes. Dispone, además, de un “modo papel” en el que la interfaz es extremadamente simple: se teclean las operaciones deseadas en un campo de texto, y los resultados van apareciendo encima, como en las antiguas calculadoras de rollo. Además, ofrece la posibilidad de usarla también en un modo más “amigable” (algebraico), lo que agradará a los no iluminados en el camino del RPN.

VNC y Compiz en Gnome

¿Quién no ha usado ? (Vale, no me abruméis con tanto silencio, que ahora los geeks estamos “casi” bien vistos.) Es una forma muy sencilla de acceder al escritorio de otro equipo remotamente; aunque no es un protocolo muy eficaz, su sencillez de manejo y la posibilidad de conectar entre sí sistemas extremadamente distintos lo hacen atractivo frente a otras opciones de escritorio remoto. Por ejemplo: mi teléfono me permite ver el escritorio del equipo principal de mi oficina () con Remote VNC Pro.

Ubuntu ofrece por defecto la compartición del escritorio por VNC a través de un servidor que se activa en Sistema/Preferencias/Escritorio remoto. Algunas cajas de selección —francamente simples— marcadas y voilà! Escritorio compartido en tu segmento de red. Para una pequeña oficina como la mía, que utiliza la misma red WiFi que mi casa, es una buena solución para comprobar qué está ocurriendo en el ordenador grande desde el sofá, con el portátil (o incluso con el teléfono).

El problema

. No sólo es “azúcar para los ojos” (eye-candy es la encantadora expresión anglosajona): estoy convencido que las animaciones que muestran los cambios de estado de las ventanas son esenciales para mejorar la usabilidad del sistema. En consecuencia, gasté una cantidad de dinero extra para asegurarme de que Compiz funcionaría correctamente, poniéndole una buena tarjeta aceleradora 3D. Pero resulta que con Compiz activado en un servidor Vino (el servidor VNC que viene de serie con , el escritorio por defecto de Ubuntu), ¡los clientes sólo reciben una pantalla negra! En cuando se desactiva Compiz, VNC vuelve a funcionar de forma normal. Esta sería una opción aceptable en un ordenador en el que no trabajara habitualmente, pero cuando uno se acostumbra a “lo bueno”, dar un paso atrás se pone muy cuesta arriba. ¿Hay solución?

La solución

Sí. Desde un terminal, basta invocar gconf-editor. Aparecerá una especie de editor de configuraciones de Gnome similar al editor de registro de nuestros amigos de Windows (el backend de datos que se están modificando son ficheros de texto en formato XML, así que no me vengáis con que “tanto quejarse del registro de Windows y mirad ahora”). Navegad por la estructura de carpetas siguiendo la ruta /desktop/gnome/remote_access y marcad el ajuste disable_xdamage. En la documentación de esta clave se dice que la extensión XDamage de X.org no funciona bien en algunos drivers de vídeo si se usan efectos 3D, lo que evidentemente es el caso de Vino. También dice que VNC renderizará un poco más lentamente. Como si fuera preferible ver una pantalla negra —a toda velocidad, eso sí— a que las cosas funcionen como deben.

¿Problemas con el lector de tarjetas SD?

Recientemente estoy atravesando por una de esas fases de sequía bloguera. No es que no haya temas de los que escribir, al contrario. El problema es que la mitad de ellos me hinchan la vena del cuello como si fuera una cámara de bicicleta, y la otra mitad ya son muy competentemente comentados por blogueros-alfa a los que sigo. Hay días en los que Google Reader es como un pequeño ángel de la guarda cabrón que te susurra al oído “¿para qué? Si ellos ya lo han dicho mejor que tú…” De modo que acudiré al viejo truco: contar alguna frikada técnica que me haya ocurrido recientemente, de la que haya aprendido algo y con la que —espero— alguien pueda ahorrarse quebraderos de cabeza. Hala, al lío.

El problema

"Expulsar unidad de forma segura" en Ubuntu 9.10
“Expulsar unidad de forma segura” en Ubuntu 9.10

Uso Ubuntu 9.10 Karmic Koala (¿no son encantadores los nombres?), aunque tal vez desde la versión anterior he notado la inclusión de un elemento adicional en el menú contextual de los medios extraíbles, Expulsar unidad de forma segura, que acompaña a los más tradicionales Desmontar y Expulsar. Desmontar es un viejo concepto unixero asociado a la gestión de volúmenes de datos; los linuxeros de hoy montamos poco desde que existe automount, pero para los medios extraíbles es recomendable indicarle de algún modo al sistema operativo que tenemos intención de tirar de la manta, o de la tarjeta en este caso. De otro modo podríamos interrumpir alguna operación de escritura en curso (en todos los S.O. multitarea son asíncronas, lo que significa que ocurren cuando al planificador del núcleo le parece) y corromper —como poco— algún fichero. Expulsar implica desmontar, y tiene sentido en una unidad de CD o DVD, donde hay una bandeja motorizada que extrae físicamente el medio.

Como la idea de hacer algo “con seguridad” me atrae, al menos en principio, comencé a utilizar esta opción antes de extraer mis tarjetas SD de su ranura. Sin embargo, un día, al insertar una tarjeta llena de fotos de las últimas vacaciones, observé que automount estaba pasando de mí. Pánico creciendo. Pronto me di cuenta de que el lector no funcionaba en absoluto. Ni siquiera aparecía al hacer un lsusb en una consola. Pánico disminuyendo, pero extrañeza creciendo. Como no apago el equipo todos los días, tardé en darme cuenta de que era precisamente tras expulsar “de forma segura” una tarjeta cuando ya no podía leer más ¡y el dispositivo lector dejaba de existir! El único remedio: reiniciar. Después del reinicio todo volvía a la normalidad. Hasta que mi mente, ansiosa de seguridad, volvía a pulsar en esa opción y, días más tarde, vuelta a empezar.

La solución

Resulta que Expulsar unidad de forma segura hace algo más que desmontar la tarjeta: también apaga el dispositivo lector. Eso es estupendo: añade un plus de seguridad con un lector de tarjetas portátil. Lo desenchufas del puerto USB y listo; la próxima vez que lo enchufes se encenderá. Pero… los lectores internos suelen estar conectados también por una interfaz USB a la placa —para ahorrar en interfaces PCI. El chipset que llevan reacciona a los mismos comandos que los lectores externos, y en particular pueden apagarse de la misma manera. Así, si apagamos un lector interno de tarjetas, tenemos dos opciones: abrir el ordenador en vivo, localizar su conexión a la placa, desenchufarla y volverla a enchufar; o —más cómodamente— apagar y encender. Vaya. No me pillaréis más expulsando de forma segura. Seguro.