La “democracia 4.0” frente a la realidad

Esta semana se ha dado publicidad a una iniciativa provocadora: la llamada Democracia 4.0. En breve: se trata de que todo ciudadano tenga acceso, por voto directo, electrónico y remoto, a una cuota uniforme y proporcional de decisión que pueda, potencialmente, alterar el resultado de cualquier votación realizada en sede parlamentaria. El punto de partida, el aumento de la capacidad del ciudadano para influir en política, es incuestionable. La idea, en su conjunto, está infestada de problemas que quienes compartimos inclinaciones tecnofílicas (dicho así parece una desviación sexual) tendemos a soslayar con tecnicismos y acentuados gestos manuales. Pero una crítica de esta idea y de otras que surgirán no solo es deseable, sino imprescindible. Precisamente porque la democracia no debe ser un juguete en manos de tecnócratas, aunque esos tecnócratas sean “de los míos”.

Reconozco que la primera impresión que tuve al visitar la web de Democracia 4.0 fue de pánico. ¿Voto electrónico “ya”? Me recordó al típico requisito de cliente con el que todos los que trabajamos en el sector de la informática nos hemos encontrado alguna vez —y también alguna vez a la semana. Algo fácil de decir, dificilísimo de hacer y con implicaciones profundas y poco exploradas para el conjunto del proyecto. Aquí el proyecto es nada menos que la expresión del poder ciudadano: es difícil tomarse a la ligera algo así, y sin embargo… La página de fundamentos legales de Democracia 4.0 es interesante, pero refuerza mi convicción de que la petición no surge de alguien con gran capacidad de análisis técnico. Las bases de derecho pueden ser incuestionables, pero aquí el diablo está en los detalles de implementación. ¿Cuáles? “Sin duda el voto electrónico tiene que ser más eficiente, más inclusivo y más barato que la alternativa, el referéndum constante”, pensarán, pensaréis, he pensado. Vamos a cuestionarlo someramente, suponiendo que estamos hablando de un voto electrónico muy particular, el voto electrónico remoto, que llamaré por sus siglas (VER). Su oponente será el voto tradicional (VT). Continúa leyendo La “democracia 4.0” frente a la realidad

Reconocimiento automático de… ¿maría?

CANNABIS
CANNABIS
Cargado originalmente por GUS314159

Seguro que conocéis los esfuerzos de
unos y otros por crear una aplicación de reconocimiento facial
fiable y desatar sobre nosotros la era de la vigilancia global
automatizada. De hecho, se trata de uno de los “santos griales”
de la inteligencia artificial, tal y como está concebida hoy. Sin
embargo, una empresa americana llamada Medical Cannabis Network (MCN)
ha publicado una aplicación que sólo intenta reconocer una cara: la
de maría.

StrainBrain.com
permite reconocer, a partir de unas fotos de tus propias plantas
—supuestamente— de marihuana, la variedad a la que pertenecen,
qué usos médicos tiene, dónde puede comprarse legalmente y qué otras variedades similares
podemos probar. Todo un Amazon del cannabis a partir de un
reconocedor automático de plantas construido con los algoritmos
propietarios de reconocimiento de patrones más punteros. Además,
StrainBrain.com se integra con el servicio de PotLocator.com, un
directorio de dispensarios de marihuana legales recientemente
adquirido por MCN.

Según
Jason Draizin, CEO de MCN, esta nueva aplicación será de gran ayuda
para todos aquellos usuarios de cannabis por razones médicas —por supuesto— que no
dispongan de información precisa acerca de las variedades que sus
dispensarios habituales o sus cuidadores les facilitan —muy
especialmente si consiguen sus dosis en el mercado negro, ya que los
camellos no se
caracterizan precisamente por su cuidado a la hora de confeccionar
prospectos para sus medicinas.

¿Qué
os parece esta nueva aplicación de la inteligencia artificial?
¿Pensáis probarla con las cosechas de vuestros amigos? Más información en el artículo de SFGate Tech Company Identifies Marijuana Strains With Artificial Intelligence.

Semen, mentiras y mensajitos del Twitter

Espermatozoide USB (Gizmodo)
Espermatozoide USB (Gizmodo).

Hay cierto mensajillo en Twitter que ya lleva un tiempo haciendo la ronda. Me ha llegado vía RT por lo menos tres veces desde contactos diferentes, y dice así:

un espermatozoide contiene 37,5 MB de inf. de ADN,por lo que eyaculación normal representa una transferencia de alrededor de unos 1.587,5 TB

¿Será verdad que Twitter aporta precisión a la sabiduría popular? Veámoslo. No es que Wikipedia sea la fuente más fiable del mundo, pero sí es de las más accesibles. En el artículo sobre el encontramos que el contenido en información de un espermatozoide es de 3077 millones de pares de bases si es Y (chico), o 3174 si es X (chica). En el ADN hay cuatro tipos de bases, así que podríamos codificarlas con 2 bits/base (ya que 22 = 4). Por tanto, y haciendo la media, cada espermatozoide lleva aproximadamente 781 MB de información genética. ¿De dónde salen los 37,5 MB de Twitter?

Peor todavía: una contiene 3,5 ml de semen. Para un conteo de esperma de 300 millones por mililitro, salen 820443750000 MB; en “teras”, 820443.75 TB (aplicando todo el tiempo la simplificación decimal, es decir, que 1 kilobyte son 1000 bytes y no 1024). Como a todos nos gustan las unidades periodísticas, digamos que cada eyaculación equivale, en datos, a una columna de CDs de más de 100 kilómetros de altura. Arrojada en 5 segundos da un ancho de banda de más de 1000000 Tbps: algo más que un ADSL. Es una tasa de datos similar a la que darían 26000 millones de conexiones de fibra óptica comerciales simultáneas.

El tuit viene equivocado por un pequeño factor de 500. ¿Habrán considerado la compresión de datos? Estamos acostumbrados a ver tasas de compresión espectaculares al guardar archivos con formatos como JPG o MP3, pero no debemos olvidar que se trata de formatos con pérdidas. El algoritmo de compresión aprovecha debilidades en la percepción humana para descartar datos que distinguiríamos poco o nada en el archivo original. Sin embargo esto no puede hacerse con la información genética: al menos a mí no me gustaría que alguien utilizara un JPG de mis genes para fecundar óvulos —el demonio, o el nene, que bien pudiera ser la misma cosa, está en los detalles.

Sin embargo, es posible que se haya tenido en cuenta la redundancia que proporciona el hecho de que en la mayoría de las fecundaciones se produzcan seres humanos, y no delfines o esponjas. La es del orden del 0,5% del genoma. Tomando esa cifra como cota máxima de variabilidad en el material genético de cada eyaculación, tendríamos (tras algunas cuentas) 4102 TB de información no redundante y prácticamente aleatoria. Con eso podemos reducir la columna de 100 km de CDs a “sólo” 500 metros, pero el tuit sigue estando mal por un factor de cuatro.

Visto lo visto, se me ocurren dos preguntas, ambas con respuesta:

  • ¿Quién ha sido el lumbreras? Pues tirando de búsqueda y navegando hacia atrás, parece que este amiguete, en este post en Tumblr. Los sospechosos habituales (en este caso FayerWayer y unos cuantos más) lo repitieron sin cuestionarlo. Naturalmente fue portada en Menéame, cosa que cada vez consigue menos gente que haga sus deberes. ¡Ah, la viralidad!
  • Reconozco que esto es una frikada de teleco, pero ¿cuál sería la tasa de error de bit de la fecundación, teniendo en cuenta lo que hemos visto hasta ahora, y que según este artículo científico la probabilidad de concepción en el mejor momento del ciclo menstrual es de una entre tres? Supongamos que no tenemos ni idea de en qué momento del ciclo ocurre la transmisión de datos: tendríamos una probabilidad total de 1/30 (simplificando, digamos que hay tres días “buenos” en todo el mes). Como llega un sólo espermatozoide (un CD), la tasa de error será de 0.999999993. Dicho de otra forma, si el coito fuera como una línea ADSL, llegaría sano un bit de cada 157 millones. Visto así, probablemente vuestras conexiones a internet ya no os parezcan tan malas.

Ni yo sé las veces que me habré equivocado con las cuentas o (peor) con errores de concepto biológico. Si veis que está todo mal, no dudéis en menearlo.

Por otro lado, gracias a @copepodo por la conversación de la que surgió este artículo. Si queréis ver un blog en condiciones, salid por patas de aquí pulsando en este enlace: Diario de un copépodo. De nada.