#YoEstrellaCervantes o cómo llegar a las estrellas con tijeras

¿Cómo llegar a las estrellas con tijeras, goma EVA de colores, cola, varios pares de manos —pequeñas y grandes— y algo de imaginación?

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Yo mismo, @veneciana1981 y mis dos peques haciendo de Estrella Cervantes.

Durante mis ¡ay! pasadas vacaciones en mi tierra manchega ideamos un plan entre mis enanos, mi chica y yo para aportar un pequeño granito de arena (más) a la campaña de #YoEstrellaCervantes. ¡Disfrazarnos de planeta-personaje cervantino! Después de abocetar un poco la idea concretamos una lista de ingredientes sencillos:

  • Planchas de goma EVA de colores variados.
  • Algo de papel de seda para efectos especiales.
  • Un par de ojos adhesivos (tampoco es que fueran necesarios, pero quedaron molones).
  • Cola.
  • Tijeras.
  • Un boli negro.
  • Varios pares de manos, pequeñas y grandes.
  • Como fondo decorativo, unas chapas con las siluetas de Don Quijote y Sancho —que ya estaban ahí porque seguramente hay alguna ley manchega que obliga a tener esas siluetas en algún lugar bien visible de cada casa.
  • Para marcarse un hashtag chulo en la foto, unas cuantas teselas de gresite que andaban por ahí dando vueltas.
  • Y lo más importante, imaginación.

Os presento a los protagonistas con más detalle:

µ Arae, la Estrella Cervantes
µ Arae, la Estrella Cervantes.
µ Arae b como Don Quijote.
µ Arae b como Don Quijote.
µ Arae c como Dulcinea. Los ojos salieron un poco así, quizá como los de la original.
µ Arae c como Dulcinea. Los ojos salieron un poco así, quizá como los de la original.
µ Arae d como Rocinante.
µ Arae d como Rocinante.
Y por último, µ Arae e como Sancho.
Y por último, µ Arae e como Sancho.

Pero recordad: para que la Estrella Cervantes y sus cervantinos planetas sean una realidad ¡no dejéis de votar en la página http://nameexoworlds.iau.org/! Y visitad la sede de la campaña en internet: Estrella Cervantes.

’39

Queen. No conozco todas sus canciones, pero ¡es Queen! Hace relativamente poco tiempo me encontré esta extraña joya de estilo supuestamente country, compuesta por Brian May. Doctor Brian May, el más astrofísico de todos los músicos y el más músico de todos los astrofísicos —parafraseando al mote que acompaña a Aleksandr Borodín en todas las historias de la música que existen: era químico.

Es difícil excusar a todo el que piense que ’39 —la canción, así se llama— es un cuento sobre marineros que se embarcan al principio de la Segunda Guerra Mundial.

In the year of thirty-nine En el año 39
Assembled here the volunteers aquí reunidos los voluntarios
In the days when lands were few en los días en que las tierras escaseaban
Here the ship sailed out into the blue and sunny morn La nave partió hacia la azul y soleada alborada

Los marineros pasaron muchos días solitarios a bordo de su nave, atravesando los ¿lechosos mares? (Milky seas en el original.) Los mares no suelen parecer de leche.

In the year of thirty-nine En el año 39
Came a ship in from the blue Llegó una nave del gran azul
The volunteers came home that day Los voluntarios volvieron a casa aquel día
And they bring good news Y traen buenas noticias
Of a world so newly born De un mundo tan nuevo
Though their hearts so heavily weigh Aunque sus corazones estén llenos de pesar
For the earth is old and grey Por la Tierra, vieja y gris

Los voluntarios están de vuelta el mismo año y ¡la Tierra es vieja! De acuerdo, la canción suena a country, pero es en realidad un pequeño relato de ciencia ficción. El gran azul, los mares lechosos, son metáforas del cosmos. Los voluntarios, cosmonautas, marcharon en 2039 (¿2139?) Encontraron un planeta habitable, un mundo tan nuevo y emprendieron el viaje de vuelta. Para ellos sólo había pasado un año (though I’m older but a year), pero llegaron de vuelta a la Tierra en otro 39 ¿2139, 2239?

Brian May tocando su Red Special (foto: Jainr)
Brian May tocando su Red Special (foto: Jainr)

Sí, es Brian May, doctor en astrofísica. Pero reconozco que no me esperaba una canción de Queen sobre la dilatación temporal descrita por la Relatividad Especial.

Y menos el día en que cumplo 39 años.

Recortes de ciencia ficción infantil

¡Aquí se aprovecha todo, oiga! Hace unos días, mi admirado Sergio Palacios pidió a sus compañeros de Naukas que relatáramos nuestros primeros encontronazos con la ciencia ficción y cómo (o «si») ésta había ayudado a formar nuestra actual, evidente y enfermiza inclinación por lo científico. Muchos contestamos, y Sergio compuso esta estupenda pieza en Naukas: «¿Ciencia ficción? Sí, gracias». Para evitar atascar los intertubos con un tocho del tamaño de la Biblia (@EDocet, escoge una) recortó juiciosamente las contribuciones recibidas.

Ahora, con mi característica falta de juicio, recupero para este blog mi texto. En realidad los tres ejemplos que presento de contactos infantiles con la ciencia ficción no fueron los únicos, ni seguramente los más determinantes. Sin embargo tienen de especial que constituyen pequeños fondos de saco de la historia del género, rincones poco visitados. Me gustan los rincones. Con todos vosotros, tres fragmentos de mi infancia cienciaficcionera, extended edition.

Como yo solo soy ingeniero, no puedo referirme a inspiraciones insignes e ionosféricas —me conformo con un trotecillo troposférico… más bien a ras de suelo, por la ciencia ficción de mi infancia. Tengo la ventaja de disfrutar de una magnífica memoria de mis primeros años. Pero suelo olvidar las cosas que recuerdo; así que aquí van unos momentos al azar que me definieron como lo que quiera que sea hoy. Con imagen, porque son recuerdos (tele)visuales.

«Holmes y Yoyo» (Holmes & Yo-yo, 1976)

Holmes&Yoyo. Qué memoria la mía.
Holmes&Yoyo. Qué memoria la mía.

Nadie en absoluto se acuerda de esto: yo me pasé años «jugando a Yoyo». Es decir, disfrazándome con una americana vieja de mi abuelo y unos controles de robot en la tripa hechos con una cajita de cartón llena de botones de plastilina. No me había vuelto majara: «Holmes y Yoyo» era una sitcom policiaca con androide que, si no recuerdo mal, emitieron durante el verano de 1978. Cuatro añitos y ya estaba cayendo en las garras del género.

«Operación Ganímedes» (Operation Ganymed, 1977)

Operación Ganímedes: ciencia ficción+survival. ¿Cómo me dejaron ver esto?
Operación Ganímedes: ciencia ficción+survival. ¿Cómo me dejaron ver esto?

He aquí un telefilm alemán en el que no salen perros y que narra la historia de los cinco (y bajando…) supervivientes de una misión tripulada a Ganímedes en 1991 —el futuro ya no es lo que era. ¿Que cómo me acuerdo de esto? Bueno, para ser preciso ni siquiera sé en qué año lo pusieron en la tele, aunque debió ser en algún momento del año 1980 u 81. El espacio todavía iba a ser un lugar para héroes. Pero ¿no estamos mejor ahora? Al menos el dinero de nuestros impuestos se gasta en los auténticos problemas «de aquí abajo»: rescatar bancos. Alemanes también, pero eso es coincidencia.

«Érase una vez… el espacio» (Il était une fois… l’espace, 1982)

Érase una vez… El Espacio: la Unión Europea funciona, pero no es en la Tierra.
Érase una vez… El Espacio: la Unión Europea funciona, pero no es en la Tierra.

Érase una vez… El Espacio era una serie rara de narices (ya salió en este blog: «Érase una vez… una serie olvidada»). En retrospectiva ni siquiera sé si estaría cómodo con que mis hijos la vieran. Sin embargo, los guiones no buscaban la comodidad del pensamiento correcto: presentaban elecciones morales con las que se podía estar, incluso con ocho años de edad, en franco desacuerdo. A esta serie puedo achacarle también mi temprano europeísmo, ya desdibujado por la experiencia, así como la fascinación que me ha acompañado desde siempre con la inteligencia artificial y su interacción ¿catastrófica? con la natural.

Más adelante, claro está, terminé viendo 2001. Desde que cumplí los 27 lloro en silencio todas las noches de luna llena en recuerdo del futuro que nunca fue.