«Canción triste del monorraíl» en Naukas

¡Cuánto daño ha hecho Matt Groening al honesto monorraíl! Desde su estreno en 1993, el famosísimo episodio de Los Simpson «Marge contra el monorraíl» ha fijado el estándar por el que se miden las propuestas de proyectos de ingeniería absurda —sí, Elon, estoy pensando en esas cosillas tuyas. Además de una sátira brillante y un humor inteligente y de repetición, hay una pequeña perla de diálogo que demuestra la inteligencia de los guionistas. […]

¿Por qué algo tan prominente en los sueños de las ciudades del futuro se obstina en no aparecer en nuestros paisajer urbanos? Acompañadme en este paseo por las virtudes (algunas) y los defectos (muchos) de los monorraíles: «Canción triste del monorraíl» en Naukas.

Locamente cuerdo

¿Qué es un «protocolo»? Si habéis programado alguna vez, es un condicional: si se da tal situación, entonces hacer tal cosa. Un protocolo se piensa y se acepta en frío, antes de verse en la situación en la que se aplica. Así se puede reaccionar de una forma inteligente y rápida cuando más se necesita. Los más perfeccionistas de entre nosotros nos daremos cuenta de que una solución empaquetada quizá no nos dé la respuesta más inteligente posible. Pero lo que tendemos a olvidar es que una receta fácil de aplicar siempre ofrece mejores resultados que algo concebido en el fragor de la batalla.

Los protocolos son herramientas muy usadas en el mundo científico —protocolos experimentales— y empresarial, pero Javier Fernández Panadero los saca en su última obra de estos contextos formales. «La cordura de saberse loco» ofrece una colección de protocolos para la vida cotidiana: una suerte de educación emocional impartida con el habitual desparpajo de este divulgador de la ciencia que nos muestra que, una vez más, las líneas entre mundos están más difuminadas de lo que se podría pensar y que el pensamiento científico puede ofrecer soluciones mucho más allá de donde esperábamos encontrarlo.

Desde recetas para perfeccionistas hasta contención de daños en casos de percibirnos maltratados, «La cordura de saberse loco» nos muestra el pensamiento destilado por su autor a lo largo de años de observación y de razonamiento sobre sí mismo y sobre su entorno inmediato, pero también insiste en dos verdades. En primer lugar, que no nos tomemos tan en serio: no somos para tanto, y ese cuento de que somos animales racionales solo se sostiene gracias a, precisamente, protocolos. Y en segundo lugar, y tal vez más importante: los profesionales de la psicología están ahí para ayudarnos cuando no sepamos salir del laberinto de nuestras propias emociones.

Leedlo en Amazon: «La cordura de saberse loco: 60 protocolos para sobrevivir a la locura cotidiana», por Javier Fernández Panadero.

Rojo

El soldado camina por el campo fresco donde las amapolas se mecen con cada aliento del aire.

Las flores, amorosas, ahuecan sus leves pétalos solo para él.

La espoleta tiembla en un escalofrío de anticipación.