El iPad visto desde hace 23 años

Quizá no se ha dicho antes porque si eres trekkie es algo obvio, mientras que si no lo eres lo obvio es que no importa. En particular, yo mismo lo he pensado, pero si no lo he sacado antes a relucir por aquí es porque mi instinto supresor del de es muy fuerte. Eso, y que soy un procrastinador de primera. Pero en Ars Technica han dedicado un extenso artículo a corregir este entuerto: “How Star Trek artists imagined the iPad… 23 years ago”.

Una vez más actúa como fuente de predicciones. Es conocido el caso del teléfono móvil, que convergió de modo casi natural —quizá ayudado por un ingeniero trekkie en Motorola— hacia la forma de los . Ahora, naturalmente, sale a la luz cómo el ha traído al mundo real los dispositivos denominados PADD en . El artículo de Ars Technica revela, con entrevistas a varios componentes del departamento artístico de la serie (, su esposa Denise Okuda, y Doug Drexler), cómo la génesis del PADD y en general de las interfaces táctiles de la nave Enterprise, conocidos como , vino condicionada por un criterio de costes.

Internamente llamados “okudagramas” en honor de su creador, las pantallas de control ubícuas en la nave estelar se dibujaban sobre láminas de acetato transparentes. Iluminadas desde atrás, los espectadores de los años 80 podían disfrutar en sus pantallas de la viva imagen del futuro de la interacción. No resultaba complejo, si la escena lo requería, integrar un monitor tras la lámina de acetato para incluir zonas activas, o añadir esta actividad en postproducción; esta flexibilidad permitió que la técnica de los okudagramas continuara en uso durante toda la duración de La Nueva Generación y el resto de series derivadas del concepto original.

El artículo de Ars Technica se lee como un panegírico del iPad, sin concesiones a la crítica que ya en tiempos de La Nueva Generación se hacía a las interfaces táctiles del (sólo que no por revistas especializadas en asuntos cool y respetados gurús, sino por fans con defectos visuales, exceso de peso y dermatitis seborreica): la falta de respuesta háptica de los paneles táctiles hacía necesario usarlos mientras se están mirando, con lo que la capacidad de visión global de las situaciones, tan apreciada en un puente de mando en pleno ataque de romulanos, borg o cualquier otro enemigo con forma generalmente humanoide y un buen trabajo de maquillaje en la cabeza.

Los años no han cambiado nada: el iPad es un dispositivo poco adecuado para un trabajo continuado sobre medios textuales, y tardaremos en ver su tecnología implementada, por ejemplo, en vehículos, donde el uso común de superficies táctiles está limitado a funciones secundarias como la navegación, además de estar fuertemente desaconsejado su uso durante la conducción —precisamente, por requerir una atención visual completa. Aparte de eso, hay un mérito que no puedo dejar de reconocerle al : la adición del multitouch ha sacado de la oscuridad todo un segmento de mercado, el de las tabletas. Ni siquiera Microsoft, con toda su fuerza y pese a una intensa campaña, lo había conseguido. Eso, y su campo de distorsión de la realidad.

El castillo de arena automático

El progreso de la Humanidad lleva siglos arrastrándonos en direcciones aparentemente aleatorias, alternativamente arruinando y promoviendo sueños. Puede que no hayamos conseguido, como en las novelas de ciencia ficción, conquistar el espacio o movernos de un lado a otro en coches voladores; sin embargo, los desarrollos recientes en el campo de la impresión tridimensional podrían traer, más pronto que tarde, cambios radicales en nuestra civilización.

Bajo la marca D-Shape se encuentra Enrico Dini, presidente la compañía británica Monolite UK, Ltd. El invento de Dini no se asemeja en nada a una impresora convencional, y supone un paso cualitativo para la incipiente tecnología de impresión tridimensional: se trata de una impresora de edificios. Un cabezal inyector alimentado por una mezcla de arena y un aglutinante inorgánico va montado sobre un pórtico móvil de varios metros de ancho. Desde ahí deposita capas alternas de arena y aglutinante de 5 a 10 milímetros de grosor, controlado por un programa CAD convencional. El resultado final: construcciones de una pieza de un material similar al mármol que pueden reproducir cualquier forma imaginable, integrando en la estructura cualquier parte hueca como ventanas, tuberías, cableado y cámaras de aislamiento. El prototipo puede crear un pequeño edificio de varios metros cúbicos sin necesidad de soportes metálicos en la cuarta parte del tiempo de lo que se tardaría mediante procedimientos convencionales, a la mitad del coste y pudiendo realizar superficies curvas y vaciados impensables con las actuales técnicas. Un vídeo lo ilustrará mejor:

Dini tiene grandes planes para su máquina: según la web de información científica Physorg se están realizando pruebas en instalaciones de alto vacío para averiguar si sería factible utilizar uno de estos aparatos en la superficie lunar, bajo el paraguas del programa Aurora de la ESA. Pero otro de los sueños de Dini quizá sea aún más irrealizable que construir ciudades en la Luna: terminar la de . Si es cierto que su máquina puede reducir los plazos a una cuarta parte, el templo podría estar acabado antes de que Barcelona vuelva a celebrar unos Juegos Olímpicos.