«El nacimiento de una metáfora» en Jot Down

—Las ciencias nacen desnudas y temblorosas, Simplicia, como bebés recién alumbrados. Sus madres no pueden sospechar, como las de los hijos reales, hasta dónde llegarán sus vástagos. ¿Se alzarán frente a la ignorancia, cambiarán las vidas de millones de seres, dominarán el mundo? ¿O fracasarán, serán olvidadas y reemplazadas por otras más fértiles? En el comienzo de la vida el futuro está cubierto de la niebla más opaca, y como para cada una de nosotras, la incógnita sobre cuándo floreceremos…

—¡O si floreceremos!

[…]

Confieso que la última vez que me presenté a un concurso de algo estaba en séptimo de EGB. Es decir, que tenía once años —sí, no doce, once; pero eso es una historia para otro momento. Aunque ahora ya es la penúltima: la nueva última fue este verano, cuando decidí tras bastante zozobra presentarme al certamen de divulgación científica DIPC 2017 que organizaba Ciencia Jot Down.

Gané un accésit. ¿Qué es un accésit? En fin, espero que el artículo —escrito en mi interpretación personal del «tono Jot Down»— no os aburra demasiado. Con vosotros «El nacimiento de una metáfora».

Deceptio, -onis

En los lejanos tiempos en los que nuestros familiares mediados de mes eran formales y vagamente amenazadores idus, la decepción no era más que un engaño. Gentes prácticas aquellos latinos, que de una trampa en el suelo donde animales salvajes caían (de-) para ser capturados (capio), y alteración vocálica mediante, crearon un decipio para cualquier acción de engañar y una deceptio para el engaño mismo. El tiempo, igual que muda a coloridas y voluptuosas venus de los antiguos templos en elegantes y mutiladas venus de los nuevos museos, transformó (los que saben de esto llaman al proceso metonimia) al engaño en su consecuencia: pesar. Por más que el diccionario canónico de nuestra lengua recoja como un fósil de tiempos remotos «falta de verdad» como segundo significado de decepción, nuestras mentes no sienten ya más que tristeza cuando se les avecina una historia de desengaños; porque triste es el desengañado, pero ¿y el engañador?

La lengua atesora verdades ocultas a plena luz. Engaño y desengaño, mentira y decepción, suelen ser cara y cruz de una misma moneda. Esa bola pajiza y seca que traga el decepcionado es la obra lastimosa de quien le traicionó; y el traidor que tal se sabe no puede reír con ello, pese a que su contraparte lo imagine así. Hay amargura a ambos lados de un desengaño.

Y por doblemente amargas, las peores decepciones son las que uno se inflige a sí mismo.

… Hice mal tantas cosas…


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosDecepcin de marzo de 2017.

Capio: Tomar la sanidad al asalto

Ayer hice un comentario en Twitter del que todavía se pueden ver algunos ecos:

Pero Twitter es lo más parecido a hablar en medio de una multitud vociferante. El ruido ahoga hasta el pensamiento. Así que aquí lo tenéis, enmarcado para la posteridad —y con documentación. Aquí un recorte de un venerable diccionario latín-español —el latín cambia poco, por lo que espero que sepáis disculpar que use una fuente de 1840, el Nuevo Valbuena:

Definición de «capio» en el diccionario Nuevo Valbuena de 1840
Definición de «capio» en el diccionario Nuevo Valbuena de 1840.

Transcribo la parte relevante:

Capio. Tomar, coger, agarrar […] || Hacer a uno prisionero de guerra […]

«Capio» es en latín, literalmente, «yo tomo». En otras fuentes aparece como «yo capturo», como en este glosario del Commentarii de bello Gallico, de Julio César. Más aún: como nombre y no como verbo, el «capio» latino se vierte al español de un modo extraño, pero también revelador: usucapión. Ese latinajo cultista solo es familiar para abogados y demás especies afines. ¿Qué significa?

usucapión, f. Adquisición de una propiedad o de un derecho real mediante su ejercicio en las condiciones y durante el tiempo previsto por la ley.

Es decir, hacerse con la propiedad de algo por medio de su uso —ejemplo: si ocupo una tierra no escriturada durante un periodo de tiempo y dispongo de pruebas de ello, la tierra es mía.

Los responsables de Capio Sanidad son perfectamente conscientes de este hecho. Observad su logo:

Logo de Capio Sanidad
Logo de Capio Sanidad.

Su lema («tu salud en buenas manos») parece un intento de justificar a posteriori el logo, pero el nombre de la empresa lo deja claro. Meridianamente. Van a por la sanidad pública. Sin cuartel. ¿Lo vamos a permitir?