Anton Bruckner, en 1886, con su medalla de la orden de Francisco José (el de Sissí, pero suponemos que eso a Anton le daba bastante igual). Es un señor mayor (tenía 62 en esta imagen, pero aparenta más en términos actuales), con el pelo cortado cortísimo, mirando de forma un tanto distraída hacia la izquierda de la imagen.

El hombre del bicentenario

Es raro que en un blog que se llama «brucknerite» nunca se haya hablado del elefante en la sala de conciertos, el genio rústico de la Alta Austria, Anton Bruckner.

Pero este año hace doscientos de su nacimiento en un pueblecito muy cerca de donde nació Adolf. Sí, ese Adolf. Ya lo siento. La historia tiene ironías. Prácticamente nada en la biografía pública de Bruckner hace suponer que fuera algo diferente de un señor raro, muy inteligente pero algo simplón, con gustos literarios escasos y dudosos, quizá crónicamente inseguro y con cierta tendencia a hacer imitaciones del conde Draco (el Count von Count de Barrio Sésamo) un poco antes de tiempo. Nada de eso dice «mala gente». Sí, Anton fue señalado por Adolf mismo como «el colmo de lo germano en música» junto con Beethoven y, naturalmente, Wagner. Pero eso no lo convierte en un ser despreciable.

Aburrido hasta provocar ataques de narcolepsia en ovejas, quizá. Siempre he paseado por la fina línea entre el orgullo y la vergüenza con mi brucknerianismo. Orgullo del tipo «y qué». Vergüenza del tipo «no me atraparéis escuchando en público una de estas sinfonías boa constrictor». Un crítico contemporáneo las llamaba así, creedme. Desde siempre, que te gustara Bruckner era un poco como reconocer un defecto gravísimo.

Pero siempre está el reguetón, claro.

Doy fe: la integral de las sinfonías de Bruckner que está sacando Markus Poschner en Capriccio es interesantísima. Estoy flipándolo con las tres versiones de la Cuarta. Por otro lado, la Quadrille que sacó a pasear Thielemann en el pasado concierto de Año Nuevo era perfectamente olvidable. Como norma general, pasad de Thielemann. Y, como decía ese anónimo coreano que cita el artículo, hablando de la monumental Quinta, «Bruckner es demasiado corto». Por la duración, que no la inteligencia.

Creo que voy a empezar a hablar más de Bruckner. Os quiero ♥.

elpais.com/cultura/2024-01-17/ (🔓 archive.is/i3x6T)


Nota original en el Mastodón de @brucknerite (podría haber sido borrada).