El estornino de Mozart

Muy poca gente sabe nada de pájaros. Yo menos, salvo por la mascota de Twitter. No está muy claro qué tipo de pájaro es exactamente: sabemos que se llama Larry en honor del gran jugador de los Celtics de Boston, Larry Bird, pero poco más. Muchos han hecho propuestas, y parece que hay consenso en torno a cierto pajarillo llamado azulillo, un representante americano de la familia de los tordos, los zorzales y los mirlos. Casi todas estas aves se caracterizan por un canto exuberante. ¿Buena representación para Twitter? Incompleta. Twitter es más bien un enjambre enloquecido donde escuchar palabras inconexas. Por cierto, ¿sabíais que los estorninos pueden imitar el habla?

Aunque no sea azul, el estornino me parece una mascota mucho mejor para Twitter. Además de parlotear, emiten una inmensa variedad de sonidos, se organizan en bandadas inmensas, se adaptan a casi cualquier entorno templado y son un buen ejemplo de especie invasora en ecosistemas de América y Australia. Y aprenden melodías que luego cambian a su antojo de formas impredecibles. Como el estornino de Mozart.

El amigo Wolfgang estaba componiendo su concierto para piano número 17 en la época en la que anotó en un diario de gastos la siguiente entrada (traduzco):

27 de mayo de 1784. Pájaro estornino, 34 kreutzer.

¡Eso estuvo bien!

Habría sido un auténtico milagro que Wolfgang se acercara por la tienda de mascotas y un estornino cualquiera le hubiera silbado el tema del último movimiento de un concierto que todavía no había estrenado. ¿Lo inventaría el estornino y lo copiaría, corregido, Mozart? Lo contrario parece más probable: Mozart había tenido pájaros antes, y sabía de las capacidades ocultas de los estorninos. Quizá dedicara un rato a enseñarle una melodía que estaba componiendo: a Mozart le gustaba silbar. Una especulación algo más comercial: el dueño de la tienda recordó una melodía que había silbado Wolfgang en una visita anterior, e hizo lo posible porque el estornino la cantara con el objeto de impresionarle y cerrar la venta. A saber: la cuestión es que el estornino hizo una interpretación solvente. Tan solo alargó un poco el Sol del primer compás y en el segundo “decidió” desafinar yéndose un semitono por encima de la tónica. Podríamos discutir si así queda, o no, más interesante. Por cierto, este es el tema del último movimiento del concierto en cuestión:

(Puede escucharse completo en muchos sitios. Por ejemplo: aquí está Bernstein, tocando el piano y dirigiendo a la vez a la Filarmónica de Viena. Nada mal, no señor.)

El estornino de Wolfgang —no consta que le pusiera nombre alguno— vivió feliz tres años con su dueño hasta 1787. A principios de aquel año Leopold, el padre de Mozart, cayó enfermo. Wolfgang estaba peleado con él desde que decidió no volver al hogar de la familia en Salzburgo para buscar fortuna como músico freelance en Viena. Las cosas empeoraron cuando Wolfgang se casó con Constanze Weber en 1782. Sin embargo, padre e hijo nunca perdieron la relación epistolar, de modo que Wolfgang sabía de la grave enfermedad de su padre. Leopold murió el 28 de mayo sin que Wolfgang acudiera al funeral: el viaje desde Viena era demasiado largo para llegar a tiempo.

La relación con su padre había sido difícil, pero eso no impidió que Wolfgang sufriera un duro golpe. Entonces, recién empezado junio, el pobre estornino estiró la pata repentinamente. Mozart terminó de encajar su pena a su manera jocosa: decidió ofrecer un funeral en condiciones para su pájaro. Organizó, con ayuda de sus amigos, una procesión fúnebre. Hombres enlutados, mujeres con velo. Y escribió un hermoso poema como epitafio (la traducción es mía, con rima asonante y todo; para que os quejéis):

Hier ruht ein lieber Narr,
Ein Vogel Staar.
Noch in den besten Jahren
Musst er erfahren
Des Todes bittern Schmerz.
Mir blut’t das Herz,
Wenn ich daran gedenke.
O Leser! Schenke
Auch du ein Thränchen ihm.
[…]

Descansa aquí mi querido
loco pájaro estornino.
Aún de los años en flor
halló el amargo dolor
de la muerte. Su recuerdo
encoge con triste viento
mi afligido corazón.
Vierte, amigo lector
tú también como una dádiva
una o dos humildes lágrimas.
[…]

Aquel genial estornino tuvo, según los estudiosos, más influencia de la que se ha creído sobre Mozart. Apenas diez días después del funeral del pájaro, el 14 de junio, Mozart publicó su Broma musical (Ein musikalischer Spaß, K. 522). Los biógrafos malintencionados suelen interpretarla como una pulla lanzada contra otros compositores coetáneos, populares entonces pero hoy casi olvidados. ¿Os suela el nombre de Gyrowetz? ¿No? Otros, con mayor dosis aún de leche agria, afirman que era una especie de homenaje al revés para Leopold. La Broma musical contiene pasajes discursivos y sin sentido, acompañamientos molestos, notas “mal tocadas” —imitando el estilo de instrumentistas novatos, armonías de principiante (como las que el mismo Wolfgang habría compuesto con cuatro años de edad) y un catastrófico final en el que cada grupo de instrumentos termina en una tonalidad distinta.

Si la Broma musical estuviera firmada por Darius Milhaud estaríamos alabando el atrevido uso de la politonalidad, pero a finales del siglo xviii cualquier aficionado a la música saldría de un concierto así partiéndose la caja. Los entendidos más todavía, claro. Lo cierto es que se trata de una pieza de una complejidad increíble que requiere de un virtuosismo poco común para ser mal ejecutada. Para la mayoría de los músicos es más fácil equivocarse y dar las notas correctas. Aquí la tenéis, con partitura y todo:

Las repeticiones interminables, los ritmos irregulares, las notas desafinadas… ¡El estornino! Mozart comenzó a componer su Broma poco después de comprar a su mascota. Hay indicios de que el minueto del segundo movimiento (a partir del minuto 4:39 en la grabación) está directamente inspirado en el canto del pajarillo. Y ese final, cómico y a la vez vanguardista… Mozart, el genio, nunca deja de sorprendernos.


Podéis ampliar vuestros conocimientos en lo que respecta al canto de los estorninos y su relación con Mozart en Mozart’s Starling, de M.J.West y A.P.King, publicado originalmente en American Scientist, marzo-abril de 1990. Pero quitadle el volumen al ordenador antes. Os haréis un favor.

Publicado por

Iván Rivera

Another instance of Homo sapiens.

7 comentarios sobre “El estornino de Mozart”

  1. ¡Un añadido! He encontrado una traducción completa del poema que dedicó Mozart a su estornino. ¡Y con rima consonante! El autor solo se identifica como “Marco” en esta página de Foro Clásico. Que lo disfrutéis.

    Descansa aquí un libertino
    Estornino.
    Que en lo mejor de su Vida
    Sin salida
    Un día encontró la Muerte.
    Late fuerte
    Mi Corazón al pensarlo.
    Y llorarlo
    Puedes también, ¡oh lector!
    Qué dolor;
    Sólo era un poco travieso,
    Y por eso un alegre Pajarito,
    No un Chorlito.
    Seguro que está en el Cielo.
    Qué consuelo
    Este Tributo de amigo,
    Sin Testigo.
    Porque al morir desangrado,
    Desgraciado,
    No pensó en este Poeta
    De Alma inquieta.

    4 de Junio de 1787. Mozart

  2. Tengo una amistad que se dedica a esto de la música y, en cuanto se lo he enviado me ha hecho llegar la primera “errata”: aunque los conciertos se llamen “para piano”, realmente los compuso para un instrumento diferente a varios niveles respecto a lo que nosotros conocemos actualmente: el piano forte (y el clave). Sé que no resta valor al artículo, pero seguro que algún otro “entendido” puede acabar haciendo el comentario.

    En cualquier caso, enhorabuena por tu blog!!

    1. ¡Gracias por tu comentario! Lo que apuntas es totalmente correcto, aunque te pido que lo consideres como una pequeña licencia del autor para no alejar el texto —más— de sus lectores. ¡El pianoforte era el colmo de la tecnología del siglo XVIII! De hecho, prácticamente ningún instrumento musical de la orquesta moderna existía en su forma actual por entonces. Por ejemplo —y viene al hilo del artículo— las trompas que usó Mozart en su Broma musical no se parecen a las modernas de pistones. Tenían una afinación fija y solo podían tocar la serie armónica de la nota fundamental para la que estuvieran afinadas, a menos que el instrumentista metiera la mano en el pabellón (ahora se sigue haciendo para conseguir determinados efectos) o cambiara unas piezas de tubo intermedias por otras de longitud distinta, llamadas “tonillos”. En plena ejecución. ¡Los “errores forzados” de las trompas en la Broma musical simulan que el trompista usara tonillos incorrectos en algunos momentos!

      La música me apasiona, y llevo muchos años en pleno aprendizaje. Una vez más, gracias por pararte a leer por aquí, y un saludo.

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